La convivencia vecinal suele ser una fuente habitual de conflictos y, a veces, un gesto aparentemente simple puede acabar generando problemas. Es lo que ocurre cuando un vecino, o incluso la propia comunidad, instala una luz que te resulta molesta en determinadas situaciones. ¿Se puede hacer algo?
Según quién sea el responsable, la situación puede ser más o menos fácil de resolver, sobre todo gracias a la protección que ofrece la Ley de Propiedad Horizontal. Ya se trate de una mejora comunitaria o de una instalación privada realizada por un vecino, esto es lo que puedes hacer si, como propietario, te has visto perjudicado.
La luz de un vecino
Es bastante habitual que en una comunidad de vecinos se acometan instalaciones nuevas o mejoras para revalorizar el edificio, del mismo modo que también es normal que un propietario haga cambios para mejorar su vivienda. El problema aparece cuando, tras una actuación de este tipo, algún vecino sale perjudicado.
En este sentido, la Ley de Propiedad Horizontal (LPH) incluye un artículo que ayuda a aclarar la situación. Como ya hemos visto en otras ocasiones, la clave está en el artículo 7, cuyo apartado 2 establece lo siguiente:
“Al propietario y al ocupante del piso o local no les está permitido desarrollar en él o en el resto del inmueble actividades prohibidas en los estatutos, que resulten dañosas para la finca o que contravengan las disposiciones generales sobre actividades molestas, insalubres, nocivas, peligrosas o ilícitas”.
A esto hay que añadir, además, lo que establece el apartado 1 del mismo artículo, que deja claro que cada propietario puede hacer cambios en su piso o local, incluidas obras o modificaciones en instalaciones y servicios, siempre que no afecten a la seguridad del edificio, a su estructura, a su aspecto exterior y, aquí está otra de las claves, que no perjudiquen a otros vecinos.
La responsable es la comunidad de vecinos
Está claro que, si un vecino instala una luz que nos molesta, podemos recurrir a este artículo para defender nuestros derechos. Pero, tal y como cuentan en Idealista, la situación cambia cuando es la propia comunidad la que ha llevado a cabo una modificación o una mejora en las instalaciones comunes.
En ese caso, la clave está en determinar si la instalación de esa luminaria se considera una mejora que beneficia al conjunto de la comunidad y que, además, sirve para revalorizar o mejorar el estado del edificio.
Lo más útil en estos casos es acudir al artículo 10 de la Ley de Propiedad Horizontal, que establece que tendrán carácter obligatorio, y no requerirán acuerdo previo de la junta de propietarios, los trabajos y obras necesarios para el adecuado mantenimiento y conservación del inmueble y de sus servicios e instalaciones comunes, incluyendo también los que sean necesarios para garantizar la seguridad, la habitabilidad y la accesibilidad universal.
Ahora bien, si la nueva iluminación de la comunidad te molesta, puedes pedir que se corrija. Aunque la instalación beneficie al edificio, no significa que tengas que soportar un perjuicio. Si consideras que esa luz te afecta de forma negativa, puedes solicitar a la comunidad que la retire o la adapte. Y si la comunidad no atiende tu petición, siempre te quedará la posibilidad de acudir a la vía judicial para impugnar la actuación.
Tener claro cuando se considera molesta
El problema aquí está en determinar con claridad cuándo una luz puede considerarse realmente molesta o incluso ilegal. Por regla general, la situación empieza a dejar de ser normal cuando el haz de luz entra de forma directa en el interior de la vivienda, especialmente si ilumina estancias destinadas al descanso.
Imagina, por ejemplo, una luz demasiado potente o mal orientada, que en lugar de apuntar hacia el suelo se dirige hacia las viviendas o directamente hacia las ventanas. Otro aspecto importante es el horario en el que permanece encendida, como ocurre cuando está activa durante toda la noche sin que exista una justificación real para ello.
Si te ves afectado por alguna de estas situaciones, lo primero, y también lo más aconsejable, es intentar una solución amistosa. Puede ocurrir que, durante la instalación, la comunidad ni siquiera se haya dado cuenta de que esa mejora te está perjudicando.
Por eso, el primer paso debería ser hablar con el presidente o con el administrador para explicarles lo que ocurre y plantear medidas sencillas que ayuden a evitar la molestia. Por ejemplo, se puede proponer la instalación de un programador o de un sensor de movimiento para que la luz solo se encienda en determinados momentos y no permanezca funcionando durante la madrugada, evitando así molestias innecesarias para el descanso.
Si aun así no atienden a razones, lo mejor es presentar una queja formal acompañada de fotos o vídeos como prueba. Puedes hacer imágenes en las que se vea claramente el efecto de la luz y cómo afecta al interior de tu vivienda, y entregarlas al administrador para que la comunidad estudie el caso.
Y si el problema continúa y afecta de forma seria a tu descanso, el último paso sería acudir a la vía judicial con un informe pericial que demuestre el exceso de iluminación. Lo más habitual y efectivo en estos casos es contratar a un perito profesional que acuda a la vivienda por la noche y mida con precisión los niveles de luz que entran en los dormitorios. De este modo, podrás acreditar con datos objetivos que esa iluminación supera los límites permitidos y que afecta directamente a tu salud y a tu intimidad.
Y si la luz es del ayuntamiento
Si la luz de una farola te molesta, ya es otra cosa: aquí ya entra a tener un papel protagonista el Ayuntamiento de tu municipio. En este caso tendrás que con la temida burocracia y demostrar que salud te molesta: es lo que se conoce como luz intrusa o contaminación lumínica.
Ante una situación así, lo más importante es dejar constancia del problema. Conviene hacer fotos o vídeos desde el interior de la vivienda, sobre todo por la noche, para que se vea con claridad cómo entra la luz en las habitaciones. También es útil identificar bien la farola, anotando la calle y, si lo tiene, su número o referencia.
Con esas pruebas, el siguiente paso es presentar una reclamación ante el ayuntamiento, normalmente a través del área que se encargue de gestionar el alumbrado de tu municipio. Según el Ayuntamiento, esto puede depender de una concejalía distinta (obras, urbanismo, medio ambiente...)
En ese escrito puedes explicar cómo te afecta la luz y pedir que adopten alguna medida correctora. Entre las soluciones más habituales están colocar una visera o pantallas, cambiar la orientación o la ubicación de la farola o directamente eliminarla
Mientras se resuelve la reclamación, también puedes recurrir a soluciones provisionales en casa para reducir el impacto. Por ejemplo, instalar persianas opacas o cortinas gruesas que bloqueen por completo la entrada de luz puede ayudarte a descansar mejor.
Qué una luz te moleste en casa no es una simple incomodidad: este tipo de situaciones puede acabar afectando al descanso y provocar problemas como insomnio, estrés, fatiga e incluso dolores de cabeza.
Foto de | Athena Sandrini
En Xataka SmartHome | Que un vecino abra ventanas en la fachada sin permiso no es un problema: para eso está el artículo 10 de la LPH
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