Cada vez es más habitual que tengamos la casa llena de todo tipo de dispositivos con los que dar forma al hogar conectado. Basta con pensar un poco y calcular cuántas bombillas, enchufes, regletas, interruptores, sensores, altavoces o electrodomésticos conectados completan una lista cada vez más amplia.
Muchos de estos dispositivos hacen uso de la conexión WiFi en la banda de 2,4 GHz, pero también hay otros muchos que utilizan, de forma simultánea o exclusiva, la conexión Bluetooth. Y, del mismo modo que la frecuencia “lenta” del WiFi termina saturándose, el Bluetooth también está empezando a verse afectado. Tanto, que sus responsables ya estudian el uso de nuevas frecuencias para aliviar la congestión.
El WiFi 6E amenazado
La utilización masiva del Bluetooth en casa para conectar todo tipo de dispositivos inalámbricos está provocando problemas de congestión. Por eso, los creadores del estándar Bluetooth se plantean dar el salto a la banda de los 6 GHz, una frecuencia que hasta hace poco asociábamos sobre todo al WiFi 6E y que ahora también forma parte del terreno natural del WiFi 7.
Hasta ahora, la conexión Bluetooth se ha basado en el uso de las mismas frecuencias que emplea la banda de los 2,4 GHz del WiFi. Durante años esto no había supuesto un gran problema, ya que los hogares no estaban tan cargados de dispositivos conectados como ahora.
Recordemos que la banda de los 2,4 GHz fue la primera utilizada por el WiFi cuando comenzó a popularizarse a finales de los años noventa. Sigue siendo, además, la más habitual en muchos dispositivos del hogar inteligente, ya que ofrece más alcance que la banda de 5 GHz y es suficiente para aparatos que no necesitan grandes velocidades.
Hasta ahora, tanto el Bluetooth como el WiFi en la banda de 2,4 GHz han mantenido una convivencia relativamente pacífica. Ambos pueden funcionar al mismo tiempo y disponen de mecanismos para evitar interferencias, aunque comparten un espacio limitado de 83,5 MHz de ancho. Cuando muchos dispositivos coinciden en esa misma zona del espectro, pueden aparecer problemas.
Esa mezcla de conexiones puede generar distintos problemas; por ejemplo, intermitencias en la señal WiFi, pérdida de intensidad, bajadas de velocidad, cortes en el audio Bluetooth, retrasos en la reproducción o pequeños problemas de latencia.
Hasta cierto punto, estos conflictos se han podido evitar gracias a la forma en la que trabajan ambas tecnologías. El WiFi escucha el canal configurado antes de emitir, mientras que el Bluetooth divide la banda en distintos canales y va saltando entre ellos, evitando en la medida de lo posible los que están más ocupados.
En caso de interferencias, algunos problemas pueden reducirse apagando el Bluetooth cuando no se esté utilizando o descargando la red de 2,4 GHz, conectando algunos dispositivos a 5 GHz o 6 GHz cuando sea posible. El problema es que, con la cantidad de aparatos conectados que tenemos hoy en casa, esta solución cada vez resulta menos práctica.
Esta situación llevó al Bluetooth Special Interest Group, el organismo encargado de gestionar el estándar Bluetooth, a buscar soluciones para evitar la congestión. Una de ellas pasó por el grupo de trabajo Bluetooth LE in Higher Frequency Bands, que estudió la posibilidad de que Bluetooth Low Energy use bandas de frecuencia más altas, incluida la de 6 GHz.
La banda de 6 GHz llegó al WiFi doméstico con WiFi 6E, una evolución de WiFi 6 que añadió este nuevo espectro para ofrecer más canales, más ancho de banda y menos saturación. En la práctica, WiFi 6E permitió abrir una especie de “autopista nueva” para los dispositivos compatibles, con canales más amplios y menos interferencias que en 2,4 GHz o 5 GHz.
Pero en 2026 el escenario ya no gira solo alrededor de WiFi 6E. WiFi 7 ya es una realidad comercial y también utiliza la banda de 6 GHz en los dispositivos compatibles. Además, introduce mejoras importantes como canales de hasta 320 MHz, menor latencia, más eficiencia y tecnologías como Multi-Link Operation, que permite usar varias bandas de forma simultánea para mejorar la estabilidad y el rendimiento.
Por eso, el salto del Bluetooth a la banda de 6 GHz tiene sentido como forma de aliviar la saturación de los 2,4 GHz, pero no llega a un terreno vacío. Esa frecuencia ya está siendo ocupada por routers, móviles, portátiles y otros equipos compatibles con WiFi 6E y, sobre todo, con WiFi 7.
La ventaja es que todavía hay margen. Aunque WiFi 7 ya está presente en el mercado, la mayoría de dispositivos del hogar conectado siguen funcionando en 2,4 GHz. Eso deja espacio para que Bluetooth explore nuevas bandas y mejore su rendimiento en escenarios con muchos dispositivos conectados.
Aun así, no se trata de una solución mágica ni definitiva. Si Bluetooth LE acaba utilizando los 6 GHz, tendrá que convivir con WiFi 6E, WiFi 7 y futuros estándares inalámbricos. La clave estará en cómo se gestione esa convivencia para evitar que el problema de saturación simplemente cambie de banda.
En cualquier caso, el movimiento deja claro hacia dónde va el hogar conectado: cada vez tendremos más dispositivos, más conexiones simultáneas y una necesidad mayor de repartir mejor el tráfico inalámbrico. El Bluetooth nació como una tecnología de corto alcance y bajo consumo, pero el crecimiento del hogar inteligente le está obligando a buscar nuevos caminos para no quedarse atrapado en una banda de 2,4 GHz cada vez más saturada.
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