El frigorífico es uno de los guardianes de la salud de nuestro hogar ya que se encarga de mantener en buen estado nuestros alimentos y bebidas. Pero cada año, cuando llega el verano, no basta con dejarlo tal cual, sino que es recomendable realizar varias tareas de mantenimiento y "configuración" del aparato para que pueda trabajar bien estos meses de intenso calor.
Además también conviene tener especial cuidado con la colocación, manejo y los tiempos de la comida que queremos conservar, ya que el calor hará que las bacterias se multipliquen con mayor facilidad acelerando la descomposición de la comida. ¿Qué tenemos que tener en cuenta?
Ajuste de temperatura
Lo recomendable según los expertos en frigoríficos es bajar un par de grados la temperatura para que logremos tener todo un poco más frío y que al entrar aire caliente no se note tanto su impacto.
Por ejemplo desde Grundig explican que la temperatura ambiente puede tener un impacto significativo en el rendimiento del frigorífico y durante los meses de verano, cuando las temperaturas son más altas, es posible que el frigorífico tenga que trabajar más para mantener una temperatura interna constante:
Si la temperatura ambiente es especialmente elevada, el frigorífico podría tener dificultades para enfriar adecuadamente los alimentos. Por lo tanto, ajustar la temperatura del frigorífico en verano puede ser necesario para compensar este aumento de temperatura exterior. La temperatura ideal del frigorífico en verano suele estar entre 3°C y 5°C.
En la misma línea van otros fabricantes y expertos como Bosch, Repsol, Siemens o Candy, que explica en su web lo siguiente:
Durante el verano, es normal que el ambiente de la cocina será más cálido, y esto puede provocar cambios en la temperatura interior del frigorífico. Por esta razón, recomendamos bajar la temperatura un grado.
También conviene descongelar un par de veces en verano si nuestro modelo no es No Frost, ya que según en estudio de la OCU, tener tres milímetros de escarcha en las paredes del congelador pueden aumentar el consumo eléctrico un 30%.
Cuidar el orden y los tiempos de conservación
Un buen orden de colocación es clave para mantener la frescura y prolongar la vida útil de los alimentos, además de ayudar a que el frigo funcione de manera más eficiente. Organismos como la Agencia Catalana para la Seguridad Alimentaria o la AESAN (Agencia Española para la Seguridad Alimentaria) ofrecen recomendaciones específicas para organizar correctamente el frigorífico y aprovechar al máximo su capacidad.
Aunque puede haber diferencias según el diseño de cada frigorífico en concreto, el número de puertas y tamaño, en general esta es la distribución recomendada para la mayoría de frigos:
- Baldas superiores: son las más adecuadas para conservar postres, yogures, repostería, embutidos, quesos, alimentos cocinados y semiconservas.
- Zona central: ofrece una temperatura estable, ideal para lácteos, quesos, cremas, mermeladas, salsas suaves y yogures. Es una de las zonas más versátiles del frigorífico.
- Balda inferior: es la zona más fría y debe destinarse a carne, pescado y marisco crudos, siempre almacenados en recipientes con rejilla o bandejas que eviten el contacto con los líquidos que puedan desprender, para mejorar la higiene y evitar malos olores.
- Cajones inferiores: son el espacio reservado para frutas y verduras frescas. Estos cajones ofrecen condiciones óptimas de humedad y temperatura (entre 8 y 10 °C) que ayudan a prolongar la frescura. Además, protegen los alimentos del contacto directo con el aire frío, lo que evita su deterioro prematuro.
- Puerta del frigorífico: es la zona más expuesta a cambios de temperatura, sobre todo en verano que la abrimos y cerramos más, por lo que debe reservarse para alimentos menos sensibles como mantequilla, levaduras frescas, salsas, mostaza, ketchup, mayonesa y otros condimentos, botellas y bebidas como leche, zumos, agua, vino, cerveza o refrescos.
En cuanto a los tiempos de manipulación y conservación, como explica el Dr. José Wálter Huamán, jefe del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitari General de Catalunya en una entrevista para QuirónSalud: "el calor reduce los márgenes de seguridad, especialmente en productos frescos, platos preparados o alimentos que permanecen demasiado tiempo fuera de la nevera".
Y es que, en esta época veraniega dejar fuera de la nevera comida que luego vamos a consumir horas después es un peligro para la salud. Por ejemplo el gesto habitual de poner a descongelar cosas en la encimera o el fregadero o tener salsas y aperitivos fuera del frigo mientras vienen los invitados no es lo más recomendable.
Los expertos coinciden en que, como regla general, los alimentos perecederos no deberían estar sin refrigeración más de dos horas en un ambiente templado, pero si hace calor ese tiempo se reduce a menos de una hora.
Y aquí hay que tener además en cuenta el tiempo que tardamos en llevar los alimentos a casa desde la tienda, ya que en muchos casos pasan minutos y minutos sin refrigeración en el carrito de la compra y luego además mucho más tiempo en el maletero del coche, bolsas o el carro hasta que llegan a casa.
Por eso no está de más tomar precauciones extra como llevar nuestra propia refrigeración (por ejemplo en forma de botellas de agua congeladas previamente en casa) o simplemente bolsas isotérmicas si el trayecto es corto. Y por supuesto colocar los alimentos perecederos que acabemos de comprar en cuanto lleguemos a casa.
Imagen portada | Kevin Malik
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