Parece que fue ayer, pero hace años que las bombillas incandescentes ya no están entre nosotros. El cambio a la iluminación LED en el hogar ha dejado de ser una “opción de futuro” para convertirse en el estándar actual, pero para aprovechar todo su potencial no conviene pasar por alto algunos aspectos.
En su momento, cuando hicimos la reforma del piso, nos dejamos asesorar por expertos (decoradores y electricistas) para aprovechar mejor el gasto que íbamos a realizar instalando distintos tipos de iluminación LED. Si en tu caso estás pensando en cambiar esa vieja bombilla que tienes en casa por una más moderna y económica, no está de más tener en cuenta estos consejos que me dieron.
Imagen | Álvaro García con Midjourney
Aunque al principio el coste de cambiar a este tipo de iluminación era más alto, con el paso del tiempo se ha ido democratizando. Ahora optar por bombillas y luminarias LED es una alternativa mucho más interesante: vamos a lograr un importante ahorro en la factura de la luz (consumen hasta un 85 % menos que las incandescentes) y, además, en teoría tienen una vida útil más larga y una menor emisión de calor.
Sin embargo, dar el salto no siempre es tan sencillo como desenroscar la bombilla vieja y poner la nueva. En mi caso, estos son algunos de los consejos que me dieron para acertar con el cambio a LED y no tirar el dinero.
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Olvida los vatios: pasa a lúmenes
Este es el error más común y el primer chip que debemos cambiar. Desde siempre hemos crecido fijándonos en los vatios de las bombillas a la hora de comprarlas (60 W, 100 W, etc.). Los vatios miden el consumo de energía, no la cantidad de luz.
En las bombillas antiguas, el consumo estaba directamente relacionado con el brillo, pero ahora, con las LED, esto ya no sirve. Una bombilla LED de 10 W puede iluminar tanto como una antigua de 75 W.
Imagen: Leroy Merlin
Por eso, y para tener claro si esa bombilla que vamos a instalar es la que nos interesa, hay que mirar los lúmenes (lm) que aparecen marcados en la caja. Ten en cuenta que, por ejemplo, para pasar de una bombilla clásica de 60 W tendrás que optar por una LED de unos 800 lúmenes. Si necesitas la potencia de una antigua de 100 W, busca una LED de más de 1.500 lúmenes.
La temperatura de color
Las luces en cuestión... de los colores ya ni rastro
Es una de mis grandes obsesiones: soy enemigo de la luz fría (me recuerda a un hospital). Por eso, en mi casa aposté por una iluminación neutra o cálida. Sin embargo, esto es algo que puede variar en cada caso y depende mucho del gusto y de las necesidades.
A diferencia de las bombillas incandescentes, las nuevas luces LED permiten elegir distintos tonos de blanco (algunas incluso cuentan con sistemas que permiten seleccionar el más adecuado). Optar por uno u otro tono de blanco puede cambiar radicalmente el aspecto y la decoración de una habitación.
Aquí te dejo los distintos valores que vas a encontrar (se mide en grados Kelvin, K) y lo que a mí me recomendaron al elegir el tipo de color (la cocina es el único espacio en el que opté por un blanco neutro).
- Luz Cálida (2.200K - 3.000K): Es una luz amarillenta, similar a las bombillas incandescentes o halógenas tradicionales. Es ideal para salones, dormitorios y zonas de descanso, ya que crea un ambiente acogedor y relajante.
- Luz Neutra o Blanca Día (3.500K - 4.500K): Es la luz más parecida a la luz natural de la mañana. Es perfecta para cocinas, baños, oficinas o zonas de estudio, donde necesitas ver los colores con claridad y mantener la concentración sin que resulte agresiva.
- Luz Fría (más de 5.000K): Una luz blanca con un tono azulado. Es muy intensa y personalmente la encuentro molesta para la vista. Seguramente has visto como es la que se usa en garajes, trasteros o zonas de trabajo..
Para finalizar un consejo que me dieron fue el de no mezclar temperaturas en una misma habitación. Tener una lámpara con luz cálida y otra con luz fría en el mismo salón crea un efecto visual muy desagradable.
Apuesta por la iluminación ambiental
Este consejo no me lo dieron de entrada, pero lo he aprendido con el paso del tiempo. En su momento coloqué distintos empotrables en el techo que dan mucha luz, demasiada, y por eso las uso en raras ocasiones. Por contra, poco a poco, he ido apostando por la iluminación ambiental.
Colocando lamparitas, focos que apuntan a la pared y también tiras LED, he conseguido no tener que usar los focos del techo. Es más: en una futura modificación pienso apostar por el foseado en el techo para ocultar una tira LED que rodee toda la habitación y, de esta forma, crear una iluminación ambiental total.
El casquillo y la forma siguen importando
Ya no son bombillas incandescentes pero hace falta fijarse en lo mismo, en la rosca. Y es que la mecánica sigue siendo la misma: antes de ir a la tienda, asegúrate de saber qué tipo de casquillo necesitas. Los más comunes en España siguen siendo estos:
- E27: El casquillo "gordo" de rosca de toda la vida.
- E14: El casquillo "fino" de rosca, típico de lámparas de mesita o arañas.
- GU10: El conector típico de los focos empotrados en el techo (con dos patillas cortas que se giran).
Si las luces que vas a poner son nuevas, este paso no será importante, pero si quieres cambiar las bombillas clásicas por otras LED, fíjate en el tipo de rosca que tienen antes de comprarlas.
Este tipo de bombillas lo llevo al aire
Además, fíjate en la forma de la bombilla y diseño si vas a poner una bombilla en una lámpara de techo o de mesa donde la bombilla queda visible. Por ejemplo, para estos casos yo he optado por formas de globo (eso sí, son muy delicadas) y otras que imitan a los filamentos para que resulten estéticas.
Cuidado con los interruptores antiguos
Aunque en mi caso esto no me ha pasado, sí conozco familiares que tienen este tipo de dispositivos y han tenido problemas con el cambio. Si, como ellos, tienes un regulador de intensidad (un dimmer) en la pared que usabas con bombillas antiguas, es muy probable que no funcione correctamente con una bombilla LED estándar. Puede provocar parpadeos molestos, zumbidos o, simplemente, no regular nada.
En este caso, si quieres poder subir y bajar la intensidad, debes comprar bombillas LED que especifiquen claramente en su envase que son “regulables” o “dimmables”. Además, en algunos casos, es posible que también tengas que cambiar el propio interruptor de la pared por uno compatible con tecnología LED.
Apuesta por luces “smart”
No está ni en la App Store para iOS ni en Play Store para Android
En casa, poco a poco, he cambiado muchas de las bombillas LED que inicialmente compré (sobre todo las empotrables) por modelos que se conectan al WiFi y que me permiten establecer programaciones y rutinas.
Con el paso del tiempo, las luces conectadas a Internet han pasado a tener un precio mucho más asequible y ya no son un lujo. De hecho, si quieres mejorar la decoración en casa, adaptando la luminosidad, por ejemplo, al momento del día, este tipo de luminarias son ideales. El consejo que te doy es que apuestes por marcas de garantía, que no te vayan a dejar tirado a la primera de cambio.
Foto de portada | Malcolm Lightbody en Unsplash
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