Ayer mismo conté cómo me he visto afectado en varias ocasiones por problemas con las bombillas conectadas que tenía instaladas en casa. Tanto es así que me he cansado y he decidido cortar por lo sano: volver a las clásicas bombillas LED que usaba antes, pero sin renunciar a que sigan siendo smart.
Durante mucho tiempo pensé que las bombillas conectadas eran la opción más interesante, pero con el paso del tiempo me he dado cuenta de que, al menos en mi caso, duran menos de lo que esperaba y, en el peor de los escenarios, la marca te deja tirado. Por eso he optado por una solución mucho más práctica, más económica y también más fiable.
Además, como cuando di el salto a las bombillas modernas con WiFi guardé las anteriores, no he tenido que comprar nada nuevo. Simplemente las he sacado del cajón donde las tenía guardadas y me he puesto manos a la obra. Así he hecho una especie de downgrade en las luces del pasillo y de dos habitaciones. En todos los casos se trataba de bombillas empotrables con casquillo GU10.
La vieja costumbre de apagar
Con el paso del tiempo me he ido topando con problemas con las bombillas WiFi que terminaban sacándome de quicio. Uno de ellos es bastante básico: para que funcionen bien, necesitan que el interruptor de la pared esté siempre encendido. Y eso choca de lleno con un gesto de lo más normal en cualquier casa, como es apagar el interruptor al salir de una habitación.
Y aunque al final puedes intentar acostumbrarte (llegue a poner un post-it de aviso en el pulsador), lo peor viene cuando empiezan los fallos. En mi caso, las bombillas de Tapo comenzaban a dar problemas cada vez que se les cortaba la corriente. Así que no solo era cambiar una costumbre de toda la vida, sino además aguantar errores y tener que volver a configurarlas o reiniciarlas. Y todavía hay otro problema más.
Cortes de luz
Desde hace un tiempo me he tenido que acostumbrar a algo bastante molesto en la zona en la que vivo: pequeños cortes en el suministro eléctrico que, aunque solo duran unos minutos, son suficientes para que las bombillas dejen de funcionar correctamente y me toque, en muchos casos, resetearlas. Y claro, hacerlo con una no supone ningún drama, pero cuando tienes 12 repartidas por casa, la cosa cambia bastante.
Es uno de esos problemas que sobre el papel parecen menores, pero que en el día a día terminan desesperando. Porque no se trata solo del corte de luz en sí, sino de todo lo que viene después: comprobar qué bombillas han fallado, volver a emparejarlas y perder tiempo con algo que, en teoría, debería ser mucho más cómodo.
Dependencia tecnológica
Además, el coste tampoco ayuda. Al final estás pagando un precio más alto y el día que esa bombilla se funde, toca volver a rascarse el bolsillo para sustituirla, con un gasto bastante mayor que el de una LED convencional.
Un relé con muchas ventajas
La solución definitiva, más económica y 100 % fiable, pasa por combinar bombillas LED estándar de buena calidad con relés inteligentes de los que van ocultos tras el interruptor o dentro de la caja de registro. También puedes optar por pulsadores de pared conectados, aunque en mi caso se iban bastante de precio.
En este caso es cierto que, para que funcionen, el interruptor debe estar activado, pero me di cuenta de que, ante un corte de luz, las bombillas no fallaban ni se encendían en el momento más inoportuno. Y, sobre todo, si se iba la corriente por una pulsación accidental o por un corte en el suministro, no tenía que reiniciar nada.
Las bombillas inteligentes son, en el fondo, luces a control remoto (ya sea por voz o por el móvil). Un buen relé, te ofrece verdadera automatización: un solo aparato controla varias bombillas y las hace conectadas a la vez. Tu casa trabaja para ti sin que tengas que pensar en ello ni dar órdenes en voz alta.
Eso por no hablar del ahorro. Iluminar un salón con seis focos inteligentes te puede costar una pequeña fortuna. Con este método alternativo, solo pagas una vez por un relé; el resto son bombillas estándar muy baratas. Y lo mejor: si una se funde en el futuro, reemplazarla te costará solo un par de euros o dólares.
Tu red WiFi te lo agradecerá. Cada bombilla inteligente que conectas es un dispositivo más consumiendo ancho de banda de tu router. Si tienes veinte bombillas, tu red de 2,4 GHz puede colapsar. Un relé solo cuentan como dos dispositivos, liberando tu red para lo que de verdad importa, como ordenadores, videoconsolas o cámaras de seguridad.
El bonus extra final
Además, en una de las habitaciones estoy probando un sensor para evitar encendidos accidentales. Es cierto que todavía estoy ajustándolo para que no se active al detectar presencia en habitaciones cercanas, pero cuando dé con la configuración adecuada podré evitar esos encendidos no deseados. Y eso es algo que una bombilla, por sí sola, simplemente no puede hacer.
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