Hace unos días comentamos en un artículo cómo las mesas de comedor tradicionales están viendo cómo una alternativa les come terreno. El problema es que ocupan mucho espacio y se usan muy poco, y esta interiorista viene a respaldar esa idea.
Se llama Laura Martínez y, en una entrevista realizada en La Vanguardia, plantea cómo reemplazar este elemento clásico del mobiliario del hogar para ganar metros cuadrados porque, según dice, no tiene sentido ocupar tanto espacio con un mueble que no se usa más de tres veces al año.
Una duplicidad innecesaria
Según Martínez, “el problema no es tener comedor, sino mantener un espacio infrautilizado que ocupa metros valiosos solo por costumbre”. Se trata de una herencia que viene del pasado, cuando las casas y la forma de vida eran totalmente distintas. Ahora se trata de una parte del mobiliario que ocupa demasiado espacio y que, quizás, en función del uso, ya no resulta interesante. De hecho, afirma que no tiene sentido tener una mesa de este tipo en casa cuando se va a usar “tres veces al año: en Navidad o en alguna celebración puntual”.
La mesa buena. De hecho, es algo que quizás te suene de haberlo escuchado y que esta interiorista menciona: “Hay personas que casi no usan la mesa buena por miedo a que se estropee o se manchen las sillas, y creo que ahí estamos perdiendo el sentido real de la casa”. Si está en perfecto estado es porque no se usa y si es así, ya sabemos que está sobrando.
Para Laura Martínez, la casa debe adaptarse a la forma de vida y al día a día, no a una distribución heredada. Si se come en la cocina, se cena en una barra o se teletrabaja desde el salón, quizá ya no tiene sentido mantener el comedor de toda la vida con una mesa grande en el centro: “Estamos condenando espacios enteros por mantener el típico rincón de comedor que no aporta una funcionalidad real al día a día”
Sobre todo, porque los pisos cada vez son más pequeños. Por eso, esta interiorista defiende que, en un piso donde no sobran los metros cuadrados, conservar una mesa grande puede restar amplitud, almacenaje o una zona de trabajo más útil.
Se trata de viviendas pequeñas en las que cada metro cuadrado puede resultar muy valioso. Por eso, si el comedor casi no se usa y se hace vida en otra estancia, los metros que ocupa la mesa pueden aprovecharse mejor para ampliar la cocina, ganar espacio de circulación o crear una zona más práctica para el día a día. En casas grandes no es un problema, pero en una vivienda moderna y actual, quizás con una sola mesa bien pensada, que realmente sirva para cubrir las necesidades, tenemos de sobra.
Una alternativa que gana peso es la mesa en la cocina o las barras multifunción. La barra resulta ligera y práctica para comidas rápidas, mientras que la mesa o la isla aportan superficie de trabajo y también un punto social dentro de la cocina. Y la existencia de una mesa en el comedor lo único que hace es duplicar funciones. La distribución de la vivienda no debería responder a la imagen ideal de una casa perfecta, sino a lo que ocurre cada día dentro de ella.
Dicho todo esto, también afirma que es lógico que la gente tenga este tipo de mesas: “entiendo perfectamente que cueste renunciar a ello, porque somos una cultura muy ligada a las tradiciones”.
Charlas, comidas ligeras, cafés de última hora o pequeñas broncas familiares por saber a quién le tocaba bajar la basura. Los muebles que se usan de verdad y forman parte del día a día dan mucho más sentido a una casa que una perfección estática.
Imagen portada | Laura Martínez Interiorista
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