Echar vinagre en el inodoro una vez a la semana: para qué sirve, por qué es bueno y cuándo no conviene utilizarlo

Con un ingrediente que ya está en la cocina, el margen entre un inodoro impecable y otro con cerco amarillento se reduce a un solo gesto semanal

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Manuel Naranjo

Editor

Hay baños que parecen limpios a simple vista y, sin embargo, esconden un problema que solo se nota al pasar la mano por dentro de la taza. La cal se va depositando poco a poco, sobre todo en las casas con agua dura, y cuando por fin se hace visible en forma de cerco blanquecino o amarillo, ya cuesta más trabajo quitarlo del que hubiera costado prevenirla.

Ahí es donde entra un producto que la mayoría tiene a mano sin pensar en él como artículo de limpieza: el vinagre blanco. No hace falta comprar nada específico ni memorizar una fórmula complicada, aunque conviene entender bien qué hace y, sobre todo, qué no debería mezclarse nunca con él.

Por qué funciona contra la cal

El motivo tiene que ver con la química, aunque no haga falta profundizar demasiado para entenderlo: el vinagre contiene ácido acético, capaz de reblandecer los depósitos minerales que forman la cal.

Es el mismo principio que ya se ha explicado en otros remedios caseros para acabar con la cal y el sarro del baño, y es lo que explica que este truco funcione mejor cuanto más dura sea el agua de la zona. En una casa con agua blanda, en cambio, el efecto se nota mucho menos y la frecuencia semanal deja de tener sentido.

Conviene no hacerse ilusiones: verter vinagre en el inodoro no elimina la necesidad de frotar. Su función es ablandar lo que ya está pegado a la porcelana, no disolverlo por arte de magia, así que el cepillo sigue siendo imprescindible después de dejarlo actuar.

Tampoco es un desinfectante equiparable a los productos formulados para esa función, por mucho que sea ácido y ayude con determinados residuos.

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Cómo aplicarlo sin liarla

El proceso es sencillo. Se vierte alrededor de una taza de vinagre blanco en la parte interior del inodoro, se reparte con el cepillo por las paredes y se deja actuar entre quince y treinta minutos antes de frotar las zonas con más depósito y tirar de la cadena.

Si la cal ya está muy asentada, puede hacer falta repetir el proceso, algo que también aparece en el remedio con vinagre y limón que ya se había planteado como solución para eliminar la cal del váter.

Hacerlo una vez por semana tiene sentido si la cal es un problema recurrente en casa, pero no hay ninguna obligación de seguir ese ritmo si el agua no es especialmente dura o si el baño ya se limpia con frecuencia.

Lo que nunca debe pasar con la lejía

Aquí es donde hay que prestar más atención que en cualquier otro paso: el vinagre no debe mezclarse jamás con lejía. Al acidificar una solución de hipoclorito se puede liberar cloro gaseoso, un gas peligroso por inhalación que puede provocar irritación y problemas respiratorios.

Si el inodoro se ha limpiado antes con lejía o con cualquier otro producto de composición desconocida, lo prudente es esperar y no añadir vinagre encima, sin improvisar combinaciones por probar suerte.

El vinagre tampoco resuelve todo. Una incrustación muy asentada puede necesitar un producto específico, y un mal olor que reaparece una y otra vez suele apuntar a algo que no tiene que ver con la taza, sino con el desagüe o con el sellado del sanitario. Como remedio puntual para frenar la cal antes de que se acumule, funciona bien; como sustituto de una limpieza en condiciones, no.

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