Si hay una zona de la casa especialmente poco compatible con las reformas, esa es la cocina. Al contar normalmente con muebles a medida y con instalaciones fijas de electricidad y agua, cualquier cambio suele implicar una obra casi obligatoria. Por eso, siempre se agradecen las ideas que permiten renovar su aspecto con poco trabajo.
Y eso es precisamente lo que han conseguido en este piso, donde una cocina clásica con aire ochentero —seguro que has visto más de una vez esos muebles marrones— ha dado paso a un espacio mucho más actual, funcional, amplio y agradable a la vista.
Colores y mobiliario al día
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En este caso, Kevin e Ian han sido los encargados de darle un aire completamente nuevo a su cocina. Un rediseño en el que han sabido aprovechar el espacio disponible hasta el punto de poder colocar incluso una mesa.
Y eso que de entrada se encontraron con un problema importante: el frigorífico simplemente no cabía en la cocina. Por eso optaron por la solución más rápida, pero también por la que mejores resultados les iba a dar: colocarlo junto a la lavadora en la estancia contigua.
Aunque quizá no sea la distribución ideal para una vivienda de uso diario, sí resulta una alternativa fantástica para una casa de vacaciones, ya que permite aprovechar al máximo la superficie principal de la cocina.
Y claro, sacar el frigorífico de la cocina —siendo además el electrodoméstico más voluminoso— supuso ganar muchísimo espacio. De esta forma lograron liberar la zona necesaria para crear un rincón de comedor en el que ahora caben seis personas sin agobios.
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Para ello apostaron por un banco corrido que no solo ofrece asiento, sino que además esconde unos prácticos cajones de almacenaje en la base. La mesa, por su parte, está hecha con madera de fresno obtenida directamente del jardín de Joy Shields, la arquitecta del proyecto, en Door County. Para darle un toque más rústico y auténtico, escuadraron tres de sus lados y dejaron el cuarto al natural, con el canto vivo. El resultado es una pieza exclusiva e irrepetible que aporta muchísima personalidad al conjunto.
Además, para no disparar el coste de la obra, los propietarios tuvieron la acertada idea de mantener el fregadero y los fogones en su ubicación original, lo que les evitó tener que modificar tuberías e instalaciones.
Jugar con el color para tener más amplitud
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Para reforzar la sensación visual de amplitud, optaron por pintar los muebles bajos y la estructura del banco en un tono rojo intenso, Cottage Red, que contrasta con las paredes revestidas con lamas de madera verticales y acabadas en un blanco roto muy suave, cercano al crema o al marfil.
Además, para que el espacio respirara y pareciera mucho más amplio, decidieron prescindir por completo de los armarios altos.
En cuanto al suelo, el antiguo pavimento de linóleo pasó a mejor vida. En su lugar instalaron un bonito suelo de piedra natural que consiguieron comprar con un gran descuento en un almacén de la zona. El contratista aprovechó la obra para nivelar el pavimento, una mejora que la casa necesitaba desde hacía tiempo. Como remate final y para aportar un aire más acogedor, decoraron las paredes con unas encantadoras pinturas de manzanas, pequeñas piezas antiguas rescatadas de distintos lugares.
Imágenes | @walkerspointitalianate
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