El hombre que lleva años gastando millones en no morir descubrió que vivía encima de un foco de toxinas: su césped artificial

Según Johnson, en Estados Unidos hay unos 13.000 campos de césped artificial dónde juegan los niños

Portada
Sin comentarios Facebook Twitter Flipboard E-mail
jose-antonio-carmona

Jose Antonio Carmona

Editor Senior

En distintas ocasiones hemos hablado de los contaminantes presentes en los materiales que nos rodean en el día a día. Pero incluso en aquellos que parecen más inocuos puede esconderse un peligro, y así se encargó de demostrarlo hace unos días el biohacker Bryan Johnson.

En abril de 2026, Johnson difundió en sus cuentas de TikTok e Instagram cómo había descubierto un enemigo invisible presente en el césped artificial que tenía instalado en su jardín. Por eso se propuso retirarlo, con el objetivo de eliminar un posible riesgo para su salud.

El enemigo invisible

Hace unos días Johnson anunció que iba a retirar el césped artificial de su jardín tras descubrir que contenía altos niveles de compuestos perfluorados (PFAS) —los llamados “químicos eternos”—, metales pesados y HAP, siglas de hidrocarburos aromáticos policíclicos. De estos químicos ya hemos hablado, elementos pesados que la comunidad científica identifica como disruptores endocrinos: sustancias capaces de alterar el sistema hormonal humano. Su presencia en el entorno doméstico debe ser nula.

Johnson explicó que el relleno de caucho granulado y la base de su césped artificial estaban liberando compuestos tóxicos. De hecho, llegó a calificarlo como un “monumento a la idiotez” dentro de su propia búsqueda de una vida más saludable.

Como medida, decidió arrancar el césped artificial para crear un espacio no tóxico y se comprometió a documentar todo el proceso de descontaminación. Además, señaló que estas sustancias químicas se han relacionado con inflamación sistémica, alteraciones hormonales y un mayor riesgo de cáncer.

Su intención era convertir el caso en una especie de experimento personal: analizar su cuerpo para detectar la presencia de estas toxinas, retirar el césped y volver a realizar pruebas después para comprobar si el cambio ambiental tenía algún impacto medible.

Johnson también quiso poner el foco en el alcance del problema. Según destacó, no se trataría de un caso aislado, ya que en Estados Unidos hay unos 13.000 campos de césped artificial en los que los niños practican deporte y que podrían presentar riesgos similares.

Entre los principales peligros del césped artificial, Johnson señaló el caucho granulado, fabricado a partir de neumáticos reciclados, que puede liberar PFAS y metales pesados. También mencionó la presencia de una capa adicional de arena de sílice, que citó igualmente como una sustancia problemática.

Por último, advirtió sobre las posibles vías de exposición. Según explicó, el contacto físico directo con el césped, especialmente en casos de quemaduras por roce, podría facilitar la entrada de estas sustancias químicas en el torrente sanguíneo.

Inicio