Hace poco vimos cómo un catedrático de la Universidad de Granada alertaba sobre el peligro de algunos papeles que se usan en el horno: la culpa la tienen los PFAS. Pero lo que no todo el mundo sabe es que hay un aperitivo muy tentador que, por culpa de estas sustancias, puede convertirse en un riesgo.
Las palomitas, también conocidas como rosetas, son un clásico: ¿quién no se ha preparado un buen bol cuando va a ver su película favorita? El problema es que nos hemos acostumbrado a hacerlas en el microondas, y esa comodidad tiene una contrapartida para la salud.
El peligro está en los perfluorados
En este caso, Nicolás Olea se refiere a una costumbre muy extendida, tal y como comenta en su cuenta de Instagram: meter una bolsa de palomitas en el microondas y tenerlas listas en muy poco tiempo. El problema no está tanto en las palomitas en sí ni en el microondas, sino en la bolsa en la que vienen preparadas.
Y es que, al igual que ocurre con el papel de horno, el que envuelve hamburguesas o el que cubre algunos platos en bares y restaurantes, las bolsas de palomitas también pueden utilizar PFAS (compuestos perfluorados).
Este compuesto se emplea en las bolsas de palomitas para microondas como recubrimiento antiadherente e impermeabilizante, para evitar que la grasa y el aceite traspasen el papel durante el calentamiento.
Cómo nos afectan los PFAS
El problema es que nos estamos acostumbrando demasiado a la presencia de los PFAS: se han usado durante décadas como aditivos en materiales en contacto con alimentos y, con el tiempo, ese uso continuado ha acabado exponiendo a las personas a través de la vía digestiva.
De hecho la comunidad científica identifica estos químicos como disruptores endocrinos es muy probable que haya sido tratado con compuestos perfluorados (PFAS). Y ojo, porque la comunidad científica identifica estos químicos como disruptores endocrinos. Hay estudios que identifican que estas sustancias son capaces de alterar el sistema hormonal humano.
Según Publichealthmdc, estos compuestos son conocidos como "químicos eternos" que se acumulan en el cuerpo y el medio ambiente. La exposición, principalmente por agua potable y alimentos, se asocia con altos niveles de colesterol, problemas inmunitarios, enfermedades de la tiroides, alteraciones hepáticas, bajo peso al nacer y ciertos cánceres (riñón/testículo).
Pero, llegado a este punto, ¿significa que no hay que comer palomitas? Para Olea, el problema como tal no es comerlas, pero para evitar riesgos conviene recurrir a lo clásico: “la alternativa para hacer palomitas [...] aún está en el mercado: Una buena sartén, una tapadera ajustada y un poco de aceite”.
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