En verano, en casa me pasa algo y puede que a ti también te ocurra lo mismo: casi me da miedo cocinar con el horno e incluso con los fogones. Pese a lo sano que puede resultar un buen guiso, usar el horno me hace pasar un calor que roza lo infernal y, lo que es peor, encima calienta un poco más la casa.
Cuando en la calle se rozan los 40 °C y en el interior de la vivienda los 27 o 28 °C se convierten en una temperatura habitual, el horno ayuda a que la temperatura suba un poco más, como si lo que ya había no fuera suficiente. No obstante, el calor no impide que use el horno. La única diferencia es que aplico todos los trucos que se me pasan por la cabeza para que, ya que tengo que usarlo, al menos pueda aprovecharlo al máximo.
Puede que haya gente que decida no usar el horno durante los meses de calor, porque preparar un simple plato puede incrementar la temperatura de la cocina y, por lo tanto, de la casa. Esto se traduce en un mayor esfuerzo del aire acondicionado para recuperar la temperatura adecuada. Sin embargo, eso no quiere decir que tengas que declararle la guerra al horno hasta septiembre. Puedes aprovechar una buena cantidad de trucos (cómo estos que dan desde Teka) para seguir usándolo, aunque solo le sacarás más partido si sabes hacerlo y lo combinas, al mismo tiempo, con una buena estrategia de ventilación.
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Planifica con antelación
Imagen | Samsung con edición
Planificando un poco el menú de cada día, podemos ganarle la partida al calor: es quizás el punto de partida y también el más importante. Si tienes claro con antelación lo que vas a preparar, puedes adelantar parte del trabajo y dejarlo cocinando la noche anterior o a primera hora de la mañana, cuando la temperatura todavía da un respiro.
Cocina por lotes
El primer truco es bastante obvio, pero no por eso deja de ser interesante. Además, funciona: si vas a encender el horno, aprovéchalo al máximo. No lo uses solo para preparar un plato sencillo y, ya que va a generar calor, aprovéchalo para cocinar varias cosas a la vez.
Por ejemplo, puedes hornear unas verduras, una bandeja de pollo, patatas, una quiche o incluso algo dulce en la misma tanda. No todo tiene que ir exactamente al mismo tiempo, pero sí puedes organizarte para usar el calor del horno durante una sola sesión y no tener que encenderlo tres veces en la misma semana.
Aprovecha el calor residual
Otro truco muy útil, y que en parte está relacionado con el anterior, consiste en apagar el horno unos minutos antes de que termine la cocción: es el calor residual. El interior sigue muy caliente y, en muchas recetas, ese calor residual basta para rematar el plato sin seguir consumiendo energía ni soltando tanto calor de forma activa.
Funciona especialmente bien con verduras, gratinados, pescados, bizcochos que ya están casi hechos o platos que no necesitan una precisión extrema. Eso sí, no conviene jugar con carnes o elaboraciones delicadas si no controlamos bien los tiempos. En casa lo usamos, por ejemplo, para preparar unas deliciosas verduras asadas.
Enciende la campana antes
Imagen | Balay
De la campana extractora como aire acondicionado low cost ya hemos hablado, pero además, si usas el horno, puede ser tu mejor aliada para intentar no morir de calor mientras cocinas. Aquí la cuestión es encender la campana y, además, hacerlo en el momento adecuado.
Porque hay mucha gente que enciende la campana cuando la cocina ya está funcionando a pleno rendimiento y toda la habitación se ha convertido en un pequeño horno de calor, vapor y olor. Para que la campana sea realmente efectiva, lo mejor que puedes hacer es encenderla unos minutos antes de empezar a cocinar, para que el aire ya esté en movimiento.
Y apagarla en el momento justo es igual de importante. Nunca apagues la campana extractora justo al sacar la bandeja del horno. Para que te ayude a combatir el calor, debes dejarla funcionando unos minutos después de apagar el horno.
Usada de esta forma, la campana ayuda a mejorar la calidad del aire interior y también contribuye a la ventilación de la cocina. Dicho esto, no hay que pasar por alto una observación importante: este truco funciona mejor si la campana expulsa el aire al exterior. Si es de recirculación, ayuda con los olores y la grasa, pero no saca el calor de la vivienda igual que una salida real al exterior.
Ventilación cruzada
De la importancia de ventilar la casa hemos hablado en infinidad de ocasiones, y la mejor forma de hacerlo es aprovechar la ventilación cruzada: el clásico truco de abrir ventanas en puntos opuestos de la casa para generar corriente.
Si vas a cocinar, usar la ventilación cruzada es una forma económica y sencilla de ayudar a que el aire viciado y caliente que se ha generado en la cocina salga de la casa y se renueve el ambiente. Pero para que funcione hay que hacerlo de forma planificada y ordenada.
No hay que abrir puertas y ventanas a lo loco. Lo mejor que puedes hacer es abrir una ventana en la cocina o cerca de ella, y otra puerta o ventana en el extremo opuesto de la casa para que el aire circule de forma dinámica.
Por eso, además de planificar qué puertas y ventanas vamos a abrir para establecer una corriente cruzada, hay que tener en cuenta también la hora del día. Si son las cuatro de la tarde, fuera hay 42 grados y el aire parece salir de un secador, abrir todas las ventanas puede ser peor. En ese caso, mejor extracción con campana, persianas bajadas y ventilación fuerte cuando baje la temperatura exterior.
Ventila justo después de cocinar
Después de usar el horno, la cocina queda cargada de calor residual. Ahí interesa actuar rápido: abrir, crear corriente y sacar ese aire antes de que se reparta por toda la vivienda.
Pero, de nuevo, manda la lógica de la temperatura exterior. Si fuera hace más calor que dentro, ventilar a lo loco puede meter más calor del que sacas. En pleno verano, suele ser mejor ventilar fuerte a primera hora, por la noche o cuando baja el sol. Tras cocinar al mediodía, quizá convenga limitarse a la campana, cerrar la puerta de la cocina si es posible y esperar a que la temperatura exterior dé tregua.
Un ventilador en la ventana puede ayudar
Otro truco interesante es colocar un ventilador cerca de una ventana abierta, y aquí la clave está en saber orientarlo de forma adecuada. Lo mejor, para sacar el aire caliente de la casa y no meter aire del exterior, es apuntar con el ventilador hacia la calle. De esta forma, lo que estamos haciendo es expulsar el aire caliente hacia fuera, al mismo tiempo que creamos una ligera depresión que facilita que entre aire por otra ventana que hayamos abierto en la casa. El ventilador puede ser el mejor aliado de las corrientes cruzadas.
Y aquí, igual que en el caso anterior, tiene una gran importancia la hora del día. Un ventilador orientado correctamente en una ventana tiene sentido sobre todo en las horas en las que la temperatura en la calle no es demasiado alta. Por eso es conveniente hacerlo por la tarde, cuando la temperatura empieza a bajar, por la noche o a primera hora de la mañana.
Y si estás pensando en mejorar el funcionamiento del ventilador colocando cerca algo frío —un recipiente con hielo, una botella congelada o acumuladores—, ya te aviso de que no hace milagros. Puede dar una sensación puntual de aire más fresco, pero no va a enfriar la casa como si fuera un aire acondicionado.
Elige bien qué recetas merecen horno
Por último, buscar alternativas a lo que vas a preparar y si usar el horno es realmente necesario. Puede que exista otra alternativa que genere menos calor.
Quizá estés pensando en algún sabroso asado, pero si el horno tiene que funcionar a máxima temperatura durante varias horas, puede que no sea la mejor opción para un día de verano. Una alternativa, si quieres seguir usando el horno, pasa por preparar platos más rápidos o recetas que luego se puedan comer frías: verduras asadas, empanadas, tartas saladas, pollo para ensaladas, pimientos asados o bases para varios días.
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