Estos días de calor, en los que el aire acondicionado nos acompaña prácticamente a diario, hay un elemento al que debemos prestar especial atención para que el equipo funcione correctamente: los filtros. Debemos realizar un mantenimiento periódico, pero los fabricantes advierten de que existe un tipo de filtro que, bajo ninguna circunstancia, debemos mojar.
Ya hemos hablado en distintas ocasiones de la importancia de mantener los filtros limpios, no solo para conservar una buena calidad del aire, sino también porque unos filtros sucios pueden hacer que el aire acondicionado consuma hasta un 10 % más de electricidad. Sin embargo, no todos los filtros pueden colocarse debajo del grifo.
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Identifica los filtros
Imagen | LG
No hay más que darse una vuelta por las páginas web de fabricantes como Mitsubishi, LG, Daikin o Samsung y leer sus indicaciones para comprobar que, aunque todos recomiendan realizar un mantenimiento del aire acondicionado y limpiar los filtros, no siempre hay que actuar de la misma forma.
Las distintas marcas incluyen en sus catálogos algunos modelos de aire acondicionado que cuentan con filtros de purificación más avanzados que jamás deben entrar en contacto con el agua. Si los mojas, puedes destruir su delicada estructura interna, anular sus propiedades de filtrado y dejarlos inservibles.
Lo normal y aconsejable es leer el manual de instrucciones del aire acondicionado que tenemos en casa para comprobar qué tipo de filtro utiliza nuestro aparato y si se puede lavar o no. Por norma general, nunca se lavan:
- Los filtros de alta eficiencia, como los PM2,5.
- Los filtros antivirus o enzimáticos, como el Total Virus Filter (TVF).
- Los filtros desodorizantes de carbón.
Cómo distinguirlos del filtro normal
Filtro lavable normal
El problema aparece cuando no tenemos las instrucciones a mano y desconocemos qué tipo de filtro utiliza nuestro aire acondicionado. Afortunadamente, existen algunos indicios que pueden ayudarnos a distinguir un filtro específico de uno normal.
Por regla general, el primer aspecto en el que podemos fijarnos es el material con el que está fabricado. Los filtros lavables suelen estar compuestos por una malla plástica, similar a un hilo de pescar fino. Por su parte, los que no se pueden lavar suelen parecer de papel plisado, con forma de acordeón, de tela prensada o de una especie de esponja rígida.
El lugar en el que está colocado el filtro también puede indicar de qué tipo se trata. El lavable suele ser grande y cubre toda la superficie de entrada de aire de la máquina, mientras que el no lavable suele ser un cartucho o un rectángulo mucho más pequeño que va encajado en unas pestañas, justo detrás o encima de la gran malla plástica principal.
Lo habitual es que los filtros que no son lavables tengan que reemplazarse después de un determinado número de horas de uso. El periodo recomendado aparecerá en las instrucciones del aparato o en la página web del fabricante, buscando el modelo concreto.
Los filtros lavables, por su parte, pueden limpiarse tantas veces como sea necesario, pero siempre con agua tibia. Prácticamente todos los fabricantes coinciden en este punto: nunca debemos utilizar agua a más de 40 °C.
Cómo lavar los filtros de forma segura
Ahora que tenemos clara la diferencia entre los filtros lavables y los de un solo uso, vamos a repasar de forma práctica las recomendaciones de los fabricantes para dejar los filtros como nuevos.
Corta la corriente eléctrica
Antes de empezar, apaga la máquina y desenchúfala de la pared o baja el interruptor correspondiente del cuadro eléctrico. Aunque parezca un paso evidente, es fundamental por precaución: evitarás posibles descargas eléctricas o que el motor arranque de forma imprevista mientras manipulas el aparato.
Localiza los filtros
Levanta con cuidado la carcasa frontal de la unidad interior. En la mayoría de los aparatos de pared habituales, como los de Mitsubishi y otras marcas similares, los encontrarás de frente nada más abrirla, aunque en algunos modelos están situados en la parte superior del split.
Si tienes un sistema de conductos, un modelo de casete o la unidad está instalada en un techo muy alto (algunos modelos bajan la rejilla de forma motorizada), la forma de acceder a ellos puede variar. No obstante, el diseño suele estar pensado para que puedas alcanzarlos con facilidad.
Sácalos con suavidad
Quitarlos es muy fácil; normalmente solo necesitarás las manos. Tira de los filtros con suavidad y sin forzar los plásticos. Fíjate en las pestañas que los mantienen encajados y recuerda bien cómo estaban colocados para no tener dudas cuando tengas que realizar el proceso inverso.
Aspira o enjuaga
En función del nivel de suciedad del filtro, puede bastar con pasarle el aspirador para retirar el polvo si no está demasiado sucio. En caso de que tenga más suciedad o esta se encuentre incrustada, puedes llevarlo al fregadero o a la bañera y limpiarlo con agua ligeramente tibia.
Es muy importante que el agua no esté demasiado caliente: no debe superar los 40 °C.
Déjalos secar al natural
Ponlos a secar al aire libre, siempre en un lugar a la sombra. Olvídate de utilizar el secador de pelo o de dejarlos directamente al sol, ya que el exceso de calor puede deformar la malla plástica.
Es fundamental esperar hasta que estén completamente secos. Colocar un filtro con restos de humedad puede favorecer la aparición de moho, olores desagradables e incluso posibles averías internas.
Vuelve a colocarlos en su sitio
Introduce los filtros en sus ranuras y comprueba que encajan correctamente. Presta especial atención para no colocarlos del revés, ya que se trata de un despiste bastante común. Si están mal colocados, el aire no podrá circular con libertad y el equipo tendrá que consumir más energía para enfriar o calentar menos.
Enciende el equipo y renueva el aire
Cuando hayas cerrado correctamente la tapa frontal, pon en marcha el aire acondicionado y déjalo funcionando durante unos diez minutos.
Lo ideal es que durante este breve periodo de prueba no haya nadie en la habitación, incluidas las mascotas, y que después ventiles la estancia para renovar el aire tras haber movido el polvo acumulado en los filtros.
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