El calor convierte el dormitorio en una trampa para el sueño: por qué la temperatura nocturna importa tanto

El cuerpo necesita bajar su temperatura central para iniciar el sueño profundo. Cuando el dormitorio está demasiado caliente, ese proceso no ocurre bien

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Manuel Naranjo

Editor


Hay noches de verano en las que el problema no es que no tengas sueño. El problema es que el cuerpo está haciendo algo que no puede hacer cuando hay demasiado calor: bajarse la temperatura interna.

El sueño profundo requiere que la temperatura corporal central descienda entre uno y dos grados. Si el entorno no ayuda a ese proceso, el cuerpo se queda atascado en fases de sueño más ligeras, se despierta con más frecuencia y la calidad del descanso cae de forma significativa, aunque las horas en la cama sean las mismas.

Los especialistas en medicina del sueño sitúan la temperatura ideal del dormitorio para adultos entre los 16 y los 19 grados. Por encima de los 24, el sueño profundo se ve notablemente afectado. En gran parte de España, en julio y agosto, los dormitorios pueden llegar a los 27 o 28 grados a medianoche incluso con las ventanas abiertas. Lo que se hace durante las horas previas y durante la noche para gestionar esa temperatura tiene impacto real en cómo se duerme.

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Las persianas: la medida más efectiva que no cuesta nada

El calor que acumula el dormitorio durante el día es el principal problema de las noches de verano, y la persiana o el estor es la herramienta más barata para combatirlo. Bajar las persianas antes de que el sol dé directamente en la ventana, generalmente antes de las diez de la mañana en orientaciones sur y oeste, puede reducir la temperatura interior del dormitorio varios grados a lo largo del día.

El error más frecuente es bajarlas cuando el sol ya está incidiendo directamente sobre el cristal, momento en que gran parte del calor radiante ya ha entrado. Hacerlo preventivamente, antes de que llegue la exposición directa, es lo que marca la diferencia. Por la noche, cuando la temperatura exterior baja por debajo de la interior, conviene abrir completamente para ventilar.

Durmiendo Con Calor

La ventilación cruzada: lo más eficaz para refrescar de noche

Cuando la temperatura exterior cae por debajo de la del dormitorio, abrir ventanas en lados opuestos de la casa genera una corriente de ventilación cruzada que puede bajar varios grados la temperatura interior en cuestión de minutos. Es un método eficaz y gratuito disponible, y sin embargo muchas personas lo aplican mal: abrir solo las ventanas del dormitorio sin crear un circuito de entrada y salida de aire tiene un efecto muy limitado.

La ventilación cruzada requiere una entrada de aire en un lado de la vivienda y una salida en el lado opuesto. Cuanto más diferente sea la orientación de las dos aperturas, más fuerte es la corriente. En pisos con ventanas solo en una orientación, abrir la puerta del dormitorio y la puerta de entrada del piso puede crear ese circuito, aunque de forma menos eficaz.

El colchón y la ropa de cama: lo que está debajo importa

El colchón y la ropa de cama son variables que muchas personas no asocian al calor nocturno, pero que tienen un impacto notable. Los colchones de viscoelástica y espuma de memoria retienen el calor corporal significativamente más que los de látex o los de muelles. En verano, ese calor se acumula bajo el cuerpo y sube la temperatura percibida aunque el ambiente esté razonablemente fresco.

La ropa de cama de fibras sintéticas hace lo mismo: retiene el calor y la humedad. El algodón, el lino y el bambú transpiran mucho mejor y ayudan al cuerpo a regular su temperatura durante la noche. Cambiar la funda nórdica de invierno por una sábana de algodón ligero puede hacer más diferencia que encender el ventilador.

Dormitorio

Ventilador o aire acondicionado: no son equivalentes

El ventilador no baja la temperatura del dormitorio: mueve el aire y genera sensación de frescor por evaporación del sudor. Es eficaz cuando la temperatura está en el rango de los 22 a 26 grados, pero por encima de eso el aire que mueve es caliente y el efecto de refrigeración percibida desaparece. Además, un ventilador apuntando directamente al cuerpo durante toda la noche puede provocar sequedad de mucosas y contracturas musculares.

El aire acondicionado tiene una función específica para la noche que cambia bastante la experiencia: el modo sueño o night mode ajusta la temperatura gradualmente a lo largo de la noche, subiendo uno o dos grados conforme avanza el descanso, porque el cuerpo en sueño profundo necesita menos frío que al inicio. Con temperatura fija durante toda la noche, muchas personas se despiertan con frío a las cuatro de la mañana aunque hayan puesto 24 grados al acostarse.

La temperatura recomendada para el aire en el dormitorio no es la que más frío hace, sino la que más ayuda al sueño: entre 22 y 24 grados, con el ventilador en velocidad baja y orientado hacia el techo o la pared para que no haya corriente directa sobre el cuerpo.

La orientación del dormitorio: el factor que no se puede cambiar, pero sí gestionar

Los dormitorios orientados al este se calientan por la mañana, pero están relativamente frescos por la tarde y la noche. Los orientados al oeste reciben el sol de tarde, que es el más intenso, y pueden acumular mucho calor que no se disipa hasta bien entrada la noche. Los orientados al sur tienen exposición prolongada durante todo el día.

Para quien tiene el dormitorio en orientación desfavorable, el trabajo de las persianas tiene que ser más riguroso, y puede merecer la pena valorar la instalación de estores térmicos o cortinas oscurecedoras con mayor capacidad de aislamiento. El coste de tener el ventilador encendido toda la noche frente al aire acondicionado es muy diferente, y para orientaciones muy desfavorables en julio y agosto, la diferencia de temperatura que consigue el aire puede justificar el gasto en términos de calidad del sueño, aunque el consumo sea mayor.

Imágenes | Dall-E con edición

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