Es habitual notar los pies helados con el aire acondicionado puesto mientras el resto del cuerpo está perfectamente cómodo, o incluso con algo de calor. No es una cuestión de circulación ni de calcetines finos, aunque ambas cosas puedan influir.
Hay una explicación puramente física que ocurre en cualquier habitación con el aire encendido, y que tiene que ver con cómo se comporta el aire frío una vez sale del equipo.
He comprobado que basta con poner un termómetro a la altura del suelo y otro a la altura de la cara con el aire acondicionado funcionando para confirmarlo: la diferencia es real y medible, no solo percibida.
El aire frío pesa más y se queda abajo
El aire frío es más denso que el caliente, así que tiende a descender y acumularse en las zonas bajas de una habitación, mientras el aire algo más templado sube hacia el techo.
Se produce algo parecido a una pequeña inversión térmica doméstica: el suelo y los pies quedan en la capa más fría, y la cara y el torso, algo más arriba, en una capa ligeramente más cálida. Es el mismo fenómeno que explica por qué en los valles hace más frío que en las laderas en una noche despejada, solo que aquí lo provoca el propio aparato.
Por qué el aire acondicionado lo acentúa
Este problema se agrava con muchos equipos convencionales, ya que el termostato suele estar integrado en el propio aparato, normalmente instalado en lo alto de una pared.
Cuando el aire frío sale, desciende casi de inmediato, así que el sensor mide una temperatura distinta de la que realmente se nota a la altura del sofá o de los pies. Es uno de los errores más comunes al ajustar la temperatura del aire acondicionado en casa: se programa el equipo a 25 grados pensando que esa será la sensación general, y mientras la cara está a gusto, los pies siguen recibiendo aire mucho más frío de lo esperado.
Cómo se intenta corregir esa diferencia
Algunos fabricantes han trabajado específicamente en repartir el aire de forma más uniforme para evitar esas bolsas de frío cerca del suelo. Samsung lo plantea con sistemas como Motion Wind, que utiliza tres aspas independientes que ajustan la dirección del flujo con más precisión que un mecanismo de lama única.
Esta tecnología forma parte del WindFree Première que, según explica la marca, permite duplicar el ángulo de ajuste vertical y horizontal respecto a generaciones anteriores, lo que en la práctica se traduce en menos diferencia entre la temperatura del suelo y la del resto de la estancia.
No hace falta cambiar de aire acondicionado para notar el efecto: simplemente reorientar las aspas hacia abajo y hacia los lados, en lugar de dejarlas fijas, ya rompe parte de esa capa de aire frío estancada cerca del suelo. A veces el problema no está en la temperatura que marca el mando, sino en hacia dónde apunta el aire que sale de él.
Imágenes | Dall-E con edición, Samsung
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