Arqueología del salón: un paseo por el Samsung Innovation Museum para entender por qué tu casa es como es

El Samsung Innovation Museum en Suwon ocupa unos 10.950 metros cuadrados, tiene cinco plantas y se organiza en tres salas de exposición

Samsung Innovation Museum
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Manuel Naranjo

Editor

En la mayoría de museos, nos muestran el pasado pero hay otros que nos muestra nuestra propia casa tu propia casa. El Samsung Innovation Museum, dentro de Samsung Digital City en Suwon, es un poco así: entras pensando en historia de la electrónica y sales mirando tu salón con ojos nuevos. De repente, el mando, la tele, el altavoz, la nevera y hasta la regleta de enchufes parecen piezas de una misma excavación "arqueológica".

No es sólo nostalgia. Este museo ayuda a de entender por qué hoy damos por normales cosas que hace no tanto sonaban a ciencia ficción, y por qué el salón moderno gira en torno a una gran pantalla entre otras cosas.

En ese salto, Samsung es un buen hilo conductor, no tanto por marca, sino porque su ecosistema actual resume bien la idea de hogar como plataforma: seguridad, servicios, actualizaciones y funciones que antes no existían.

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De la chispa al enchufe: cuando la electricidad empezó a mandar en casa

El museo arranca donde tiene sentido: en la era de los inventores y la electricidad como promesa. Allí se repasa cómo pasamos de entender la electricidad a domesticarla, y ese cambio explica una parte enorme del salón actual. La electricidad no solo encendió bombillas. Cambió la forma de organizar el espacio: muebles alrededor de puntos de luz, paredes importantes por donde pasan cables, rincones que existen porque hay un enchufe a mano.

Ese primer tramo es la base de todo lo demás. La casa moderna se diseñó alrededor de una infraestructura invisible, y por eso hoy nos obsesiona tanto que el WiFi llegue bien o que el cableado no se vea. Es arqueología doméstica en estado puro: cuando algo se vuelve normal, deja de notarse.

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La tele diseñó el salón moderno y no fue solo por tamaño

Si hay un objeto que ha definido el salón durante décadas es la tele. El museo recorre esa evolución como quien enseña fósiles con orgullo: la tele como mueble, como ventana, como centro de reunión. Y lo interesante es que los grandes saltos no fueron solo más pulgadas, sino cambios de comportamiento.

El mando a distancia, por ejemplo, transformó la relación con la pantalla: ya no te levantabas, ya no aguantabas un canal, empezaste a elegir. Luego llegó la era del menú, la guía, el zapeo como hábito.

Hoy eso está en otra fase: la tele no es solo panel, es sistema operativo, apps y actualizaciones. Samsung lo ha llevado al extremo con One UI en Smart TVs, haciendo que la tele se parezca más a un móvil en lógica de interfaz y ciclo de mejoras.

En el museo, todo eso se entiende como una cadena: primero fue “ver”, luego “elegir”, después “interactuar” y ahora “convivir”. La tele pasó de ser un aparato a ser un lugar.

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Del transistor al cine en casa: el audio como forma de estar

La arqueología del salón no es solo visual. También es sonora. Radios, equipos estéreo, la fiebre del Hi-Fi, el home cinema, las barras de sonido. Cada época dejó su marca: el volumen como estatus, los altavoces como parte del mobiliario, el cableado como peaje.

En la ruta del museo se nota que el sonido siempre ha ido por detrás de la imagen en atención popular, pero no en impacto. Cambia cómo consumes. Un buen equipo hace que pongas música porque sí. Un audio pobre convierte el salón en un sitio donde todo se oye de fondo. Y eso explica por qué hoy el envolvente y la calibración importan tanto en teles y barras.

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Electrodomésticos y rutinas: cuando el hogar empezó a tomar decisiones pequeñas

El museo también coloca el foco en algo menos glamuroso pero más determinante: los electrodomésticos. No solo por el invento en sí, sino por la rutina que crean. La nevera te obliga a comprar de una forma, el lavavajillas te cambia el ritmo de la cocina, la lavadora decide cuándo se cierra el día.

En esa parte se entiende muy bien por qué hoy hablamos de No Frost, de eficiencia, de sensores y de modos automáticos. El salto real no fue lava mejor, fue que te pide menos atención. Y ahí conectas con lo que pasa ahora en casa: aparatos que no solo funcionan, también gestionan.

Cuando ese enfoque se convierte en interfaz, aparecen funciones de búsqueda y contextualización dentro del propio sistema, como esa opción de Tizen (Click To Search) que es una de esas ideas que, cuando la pruebas, parece que siempre debió estar ahí.

Esta es la parte donde la arqueología doméstica se vuelve personal: te das cuenta de que tu casa suena y se organiza porque esos aparatos llevan décadas marcando el ritmo.

El salón de 2026: pantallas que no reflejan, sistemas que se actualizan, casa que se coordina

La última capa del paseo es la que más se parece a tu salón actual. Pantallas cada vez más brillantes, más grandes y más cuidadas con la luz ambiente. Aquí encaja muy bien el tema del antirreflejos: no es un capricho, es una respuesta directa a cómo usamos el salón de verdad, con lámparas, ventanas, móviles y reflejos traicioneros. Samsung lo está empujando con Glare Free.

Y luego está lo que no se ve: el museo insiste en la idea de innovación como cadena, y esa cadena hoy se llama software, seguridad y ecosistema. Actualizaciones más largas, servicios integrados, capas de protección, dispositivos que hablan entre sí. No es un futuro abstracto, es el presente del salón moderno.

Al final, el Samsung Innovation Museum funciona como un espejo raro: no te enseña cosas antiguas, te enseña por qué tu casa es como es. Sales con la sensación de que el salón no se diseñó solo por estilo, sino por oleadas tecnológicas que fueron cambiando hábitos.

Imágenes | Samsung

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