Por mucho suavizante que uses, tu lavadora podría seguir oliendo mal: el truco está detrás de esta tapita

Funciona drenando el agua residual de la lavadora después de que se haya completado un ciclo de lavado

Lavadora
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Jose Antonio Carmona

Editor Senior

Quizás en alguna ocasión te has percatado del mal olor que puede desprender tu lavadora. Ya hemos visto la importancia de mantener una correcta higiene en el tambor y en las gomas, pero si, después de fijarte en estos sitios, tu lavadora sigue oliendo mal, toca buscar al culpable en un lugar mucho más escondido.

Aunque parezca que una lavadora de carga frontal no tiene secretos, hay un elemento que puede pasar desapercibido y que es fundamental para el buen funcionamiento de este electrodoméstico de uso diario: el filtro de drenaje. De hecho, es el lugar que tienes que vigilar si tu lavadora desprende un olor poco agradable, y te vamos a contar dónde está y cómo puedes limpiarlo.

Dónde está y para qué sirve el filtro

Filtro

Si tu lavadora (especialmente las de carga frontal) empieza a oler mal, el culpable, más allá de las gomas o de la falta de limpieza del tambor, es un pequeño olvidado: el filtro de drenaje.

Puede parecer que no tiene importancia, pero esta zona de la lavadora, escondida detrás de una pequeña tapadera (normalmente situada en la parte frontal inferior), es fundamental para que la lavadora funcione correctamente.

En esta parte de la lavadora se puede mezclar cal, restos de detergente, pelusas y, en general, suciedad que se genera cuando se lava la ropa. El problema es que, al ser una zona cerrada y con mucha humedad, se convierte con el paso del tiempo en el sitio ideal para que se genere moho y malos olores.

Para localizar esta pieza, busca en la parte frontal una pequeña tapadera. Detrás se esconde el filtro encargado de atrapar todo lo que no debería ir al desagüe (monedas, clips, pelos de mascota). Cuando estos objetos se quedan atrapados junto con restos orgánicos, generan ese característico olor a humedad o “podrido”.

Cómo acabar con el mal olor

Filtro Imagen de Bosch

El filtro funciona drenando el agua residual de la lavadora después de que se haya completado un ciclo de lavado. Para un correcto funcionamiento de la lavadora, ya sea de carga frontal o carga superior, es importante la limpieza de filtro, un hábito que es recomendable repetir cada tres o cuatro meses, aunque dependerá de cuántas coladas suelas hacer en casa. Y te explico cómo hacerlo de forma rápida y sin complicaciones:

Lavadoras de carga frontal

Lo primero que tienes que hacer, antes de tocar nada, es desenchufar la lavadora de la corriente eléctrica. Con este paso dado, busca la pequeña compuerta que da acceso al filtro: suele estar en una de las esquinas inferiores del frontal.

Ten una toalla o un trapo viejo a mano y colócalo debajo, justo donde se abre la puerta del filtro, ya que es normal que caiga el agua que queda retenida. Busca algo que sea absorbente por si sale una mayor cantidad.

Ahora desenrosca y extrae el tapón del filtro. Al fondo del hueco verás unas pequeñas aspas que pertenecen a la bomba de agua. Comprueba que giran libremente y que no se ha colado ningún objeto (monedas, horquillas, botones) ni hay acumulación de pelusas. Si hay suciedad, retírala con cuidado usando un paño o un cepillo.

Con el filtro que acabas de sacar en la mano, llévatelo al fregadero, a la ducha o al lavabo y límpialo a fondo con agua caliente. Puedes ayudarte de un cepillo de dientes viejo o de cerdas para quitar los restos de suciedad que no salgan solo con agua.

Con el filtro ya limpio, puedes volver a montarlo en su sitio, asegurándote de que queda bien cerrado para evitar posibles fugas de agua.

Lavadoras de carga superior

En los modelos de carga superior, el proceso es muy similar, pero la ubicación del filtro puede cambiar. A veces se encuentra en el mismo lugar (en el bajo frontal), pero en otros modelos está escondido dentro del propio tambor.

Si es tu caso, busca una pequeña tapa o compartimento en las paredes interiores del tambor. Ábrela, saca la pieza y límpiala igual que en el caso anterior (con agua caliente y un cepillo, o incluso con agua a presión). Una vez esté seca, solo tienes que volver a encajarla en su hueco y cerrar la compuerta.

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