Por qué los televisores 8K son el nuevo 3D: querían comerse el mundo y han acabado estrellándose

Por qué los televisores 8K son el nuevo 3D: querían comerse el mundo y han acabado estrellándose

  • Una tecnología que sobre el papel pintaba muy bien pero que ha chocado con la falta de contenido y regulaciones legales

  • Muchas personas prefieren invertir una gran cantidad de dinero en un modelo 4K con mejores prestaciones

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8K
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Jose Antonio Carmona

Editor Senior

Puede que, si te pasas por una tienda de electrónica, lo buscas en alguna web o incluso te cae un catálogo en el buzón, veas algún televisor 8K a la venta. Pero la realidad es que da la sensación de que la industria quiere pasar página y esta puede ser otra tecnología que queda por el camino.

Hace no tanto, el 8K se vendía como la panacea: una nitidez nunca vista, píxeles “invisibles” y una inmersión total. Sin embargo, si hoy miras los últimos lanzamientos, hay un detalle que canta: cada vez se ven menos modelos 8K y más marcas que parecen haber tirado la toalla.

A mí, sinceramente, esto me recuerda a lo que pasó con los televisores 3D (todavía guardo por casa las gafas de uno que tuve). Más allá del efecto “wow”, fue una tecnología que no terminó de cuajar en el día a día, quizá por ser demasiado disruptiva… y al 8K puede que le esté pasando algo parecido.

Entonces, ¿qué ha ocurrido? ¿Cómo es posible que una tecnología “superior” esté perdiendo la batalla? Por eso voy a intentar explicar cuales son las claves para entender por qué el 8K se ha quedado, de momento, en un “quiero y no puedo”.

Índice de Contenidos (6)

Primero ¿qué es el 8K?

8K Imagen | Wikipedia

El 8K (Ultra UHD) es una resolución de 7680 × 4320 píxeles, frente al 4K/UHD: 3840 x 2160 píxeles para televisores y monitores a 16:9 o 4096 x 2160 píxeles (para cine digital DCI). Una tecnología que aunque parezca reciente, lleva tiempo en el mercado: el primer televisor 8K se mostró en el CES 2012 de la mano de Sharp, el mismo año en que los 4K empezaron a producirse en masa para consumidores.

El eterno problema: no hay nada que ver

4K El BluRay se quedó en el 4K

Lo hemos comentado muchas veces, pero en este caso hay un factor que pesa muchísimo: la falta de contenido disponible y, sobre todo, adecuado. Para aprovechar de verdad un televisor 8K, ese es probablemente el primer motivo que explica su rápido declive. Y se entiende muy bien con una analogía.

Imagina que te compras un coche de Fórmula 1, pero cuando llega el momento de conducirlo solo tienes carreteras llenas de curvas y mal asfaltadas. Eso es, en la práctica, lo que pasa con el 8K. A día de hoy, el contenido nativo en 8K es casi inexistente.

Las plataformas de streaming (Netflix, Disney+, HBO Max, etc.) todavía están terminando de llenar sus catálogos con contenido en 4K, y si rebuscas un poco verás que aún hay muchísimas producciones en 1080p… así que del 8K, ni rastro. Y lo mismo ocurre con el formato físico: el Blu-ray se quedó en el 4K.

Y si en streaming y en discos el panorama no acompaña, en la TDT ya es directamente desolador. Al menos en España, cuando todavía estamos peleando por una calidad HD decente y el 4K empieza apenas a asomar, el 8K suena más a “sueño de una noche de verano” que a una realidad cercana.

¿Resultado? Te compras un televisor 8K para acabar viendo contenido 4K reescalado (en el mejor de los casos, con ayuda de la IA) y, si lo que más consumes es la TDT, te vas a encontrar con una calidad de imagen bastante floja.

Europa y el frenazo energético

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Uno de los golpes más duros para el 8K llegó con las regulaciones ambientales. A partir de 2023, la Unión Europea endureció los límites de consumo energético para los televisores. Y claro: iluminar un panel con cuatro veces más píxeles que uno 4K suele exigir más energía.

Para cumplir la normativa y poder venderse en Europa, muchos fabricantes se vieron obligados a recortar el brillo en algunos modelos 8K, lo que, de forma irónica, podía hacer que se vieran peor que un buen televisor 4K. Esto le quitó incentivo a muchas marcas para seguir invirtiendo fuerte en la tecnología.

Samsung se queda "sola ante el peligro"

Samsung

Si echamos un vistazo al mercado actual, la retirada es bastante evidente. Gigantes como Sony (que suspendió sus últimos televisores 8K) o LG han frenado de forma drástica su apuesta por el 8K y están centrando casi todos sus esfuerzos en mejorar el OLED, el QD-OLED o apostar por mejores tecnologías en 4K (hola mini LED), que es lo que la mayoría de la gente realmente compra.

Ya lo comentamos en verano: Samsung es prácticamente la única que sigue manteniendo el 8K como estandarte de su gama alta. Mientras tanto, su gran rival coreana apunta —aunque no hay confirmación oficial— a que dejaría de fabricar paneles LCD y OLED en 8K.

Ahora bien, que Samsung sea la única que resiste (quizá más como una forma de demostrar músculo tecnológico y diferenciarse) no significa que el 8K tenga un futuro claro en televisores. El mercado parece estar dándoles la espalda, con unas ventas que habrían caído con fuerza en los dos últimos años.

El tamaño (sí) importa

Tv Imagen | thinkinvirtual

Para que el 8K tenga sentido, necesitas una pantalla gigantesca (de 75 u 85 pulgadas hacia arriba) y sentarte bastante cerca. En un salón medio español, donde lo habitual es una tele de 55 o 65 pulgadas, los beneficios del 8K prácticamente desaparecen. Y meter una tele de 75 pulgadas en casa no siempre es fácil (en la mía, pasar de 55 sería casi pedir el divorcio).

A todo esto se suma otro detalle: a una distancia normal de sofá, el ojo humano apenas percibe la diferencia. Un estudio en Nature Communications (Cambridge + Meta) indica que el ojo humano puede resolver más detalle del que se asumía (hasta 94 PPD en blanco y negro), pero eso no implica que el 8K aporte una mejora real en casa: concluyen que a más de 1,3 veces la altura de la pantalla apenas se nota el beneficio del 8K a distancias normales de sofá.

Por eso, mucha gente prefiere gastarse ese dinero en una pantalla con mejores negros, más contraste o colores más precisos (como un buen OLED) antes que en más píxeles que, en la práctica, no va a notar.

Qué pasará

8K Imagen | Xataka

Lo siento, pero no tengo una bola de cristal para predecir qué va a pasar en el futuro. Aun así, ahora mismo el diagnóstico no es precisamente bueno para esta tecnología. Según un estudio que cita una encuesta de la CTA (2024), solo el 2% de los hogares de EE. UU. tiene un televisor 8K, frente al 44% que ya cuenta con 4K. La gran diferencia de precio y la falta de contenido en 8K están frenando su adopción.

Las cifras y los hechos son un baño de realidad: el 8K ha pasado de ser “el siguiente paso lógico” a convertirse en un producto de nicho, pensado para entusiastas con presupuestos muy altos.

Mientras no haya cámaras 8K asequibles, conexiones a Internet capaces de mover esos datos sin despeinarse y, sobre todo, una necesidad real por parte del consumidor, los fabricantes seguirán apostando por lo que sí funciona: hacer que el 4K se vea cada día mejor.

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