La escarcha suele ser un aviso claro de que algo no está yendo como debería en nuestro frigorífico o congelador. No siempre aparece como una capa uniforme por todo el interior. A veces insiste justo en una esquina, en el borde superior, en un lateral del congelador o cerca del cierre.
Y cuando eso ocurre siempre en el mismo punto, lo normal es que la pista no esté en la potencia del frío, sino en cómo está cerrando la puerta.
Por qué la escarcha se concentra siempre en el mismo sitio
El mecanismo es bastante simple. Dentro del frigorífico o del congelador hay aire frío. Fuera, aire más templado y con humedad. Si la puerta no sella bien en un punto concreto, ese aire húmedo entra una y otra vez por la misma zona. Al tocar superficies frías, la humedad se condensa y acaba formando escarcha.
Es decir, si la puerta no cierra correctamente, el interior se calienta, empieza a formarse agua y la junta deja de hacer su trabajo como debería.
Antes de bajar la temperatura, toca revisar la junta
Lo primero que suele venir a la cabeza es bajar más el frío. Pero si la escarcha aparece siempre en la misma zona, ese gesto no suele atacar la causa real. Muchas veces lo que falla es la junta de goma, que puede estar sucia, deformada, endurecida o simplemente sin apoyar bien en todo el perímetro.
También puede pasar que haya un táper, una botella o una balda mal colocada empujando la puerta desde dentro, o que el cierre se haya desalineado ligeramente con el tiempo. Y en ese punto ya no hablamos solo de hielo: también puede subir el consumo. De hecho, en estos errores frecuentes que disparan el consumo del frigorífico Samsung, ya te hemos contado que una mala conservación del frío obliga al aparato a trabajar más.
El test casero que mejor delata una fuga
Hay una comprobación muy sencilla que suele servir para salir de dudas. Coloca una hoja de papel entre la puerta y el marco, cierra y tira con suavidad. Si en una zona sale demasiado fácil y en otra ofrece más resistencia, lo más probable es que el sellado no esté siendo uniforme. La lógica del test es simple: comparar dónde agarra bien la puerta y dónde no.
Samsung también propone una revisión casera parecida: tras cerrar la puerta, recomienda pasar los dedos por las gomas y comprobar si se nota aire entrando. Si ocurre, la junta puede no estar sellando bien y la marca aconseja sustituirla mediante servicio técnico.
Si el problema se confirma, el primer paso es revisar que no haya nada impidiendo el cierre completo. Después conviene limpiar bien la junta con un paño suave, secarla y comprobar si recupera adherencia. Es recomendable hacerlo con regularidad para mantener el sellado y evitar que se forme agua o escarcha por entrada de aire.
Si la goma está dañada, torcida o endurecida, bajar más el frío no lo va a solucionar. Ahí lo que toca es corregir el cierre o sustituir la junta. Y si después de limpiar, recolocar y hacer la prueba del papel la escarcha sigue volviendo exactamente al mismo punto, la señal ya es bastante clara: el problema no está en que el frigorífico enfríe demasiado, sino en que por esa zona está entrando humedad.
Imágenes | Samsung
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