Hace poco conocimos cómo en China estaban haciendo caer lluvia desde los tejados de los edificios como sistema aislante. La imagen era espectacular. El objetivo era impedir que parte de la radiación solar impactara directamente sobre las viviendas. Frente a la espectacularidad de la propuesta china, el ingeniero británico Tom Greenhill propone algo mucho más extraño: usar yogur natural.
Greenhill, creador del proyecto Heatwave Toolkit, ha lanzado una idea que, de entrada, resulta bastante curiosa: aplicar yogur natural en las ventanas para evitar que las viviendas se calienten. ¿Pero tiene base científica? ¿Funciona? Eso es lo que vamos a ver.
Con base científica
Según publican en Dezeen, la idea de Greenhill consiste en cubrir el exterior de las ventanas con una fina capa de yogur natural. Una medida pensada para aplicar durante las olas de calor y que busca reducir la temperatura en el interior de la vivienda.
Según Greenhill, al secarse, el yogur deja una película blanquecina que actúa de forma parecida a un cristal serigrafiado, reflejando parte de la radiación solar antes de que atraviese el vidrio. La capa puede retirarse después simplemente con agua.
Greenhill afirma que ha “instalado techos verdes y todo tipo de elementos paisajísticos, así como sistemas de sombreado exterior, marcos de ventanas profundos y persianas exteriores móviles”. Para este ingeniero, es una alternativa pensada para quienes viven de alquiler, para las personas que residen en edificios protegidos donde no está permitido modificar la fachada o las ventanas y para quienes, sencillamente, no pueden asumir el coste de soluciones específicas diseñadas para reducir el calor. Y ahora llega la duda.
¿Tiene base científica?
La respuesta corta es sí, pero con muchos matices. La base física no está en el yogur en sí, sino en un principio muy conocido en arquitectura y que ya hemos tratado en distintas soluciones que buscan lo mismo: minimizar la radiación solar que impacta en el edificio.
Hay que tener en cuenta que cuanta más radiación solar atraviesa las ventanas, más calor entra en la vivienda. Del mismo modo, cualquier recubrimiento de color claro —el blanco es el que mejor refleja la radiación solar— ayuda a reducir la ganancia térmica. De ahí que existan soluciones como pinturas reflectantes o láminas solares diseñadas específicamente para lograr este efecto.
¿Y dónde entra el yogur? Al aplicar yogur natural en la parte exterior del cristal de las ventanas y dejar que se seque, se forma una película blanquecina relativamente opaca que aumenta la reflexión de la luz procedente del sol.
De hecho, esta propuesta de Greenhill terminó siendo probada en un experimento por investigadores de la Loughborough University. Los investigadores probaron a cubrir con yogur griego las ventanas de una de dos viviendas idénticas, mientras que en la otra las ventanas no tenían ningún tipo de tratamiento.
Y, a decir verdad, los resultados fueron interesantes. En la casa que tenía las ventanas cubiertas con yogur griego, la temperatura media interior fue 0,6 ºC inferior frente a la vivienda sin tratar. En momentos de máxima insolación, llegaron a registrarse diferencias de hasta 3,5 ºC.
Para el Doctor Ben Roberts, profesor titular de edificios saludables en la Universidad de Loughborough, “aplicar yogur en el exterior de las ventanas puede reducir la temperatura hasta en 3,5 °C”.
Según demostraron, funciona porque la capa de yogur, una vez seca, reduce la carga térmica en el interior de la vivienda al impedir que una parte de la radiación atraviese el vidrio y que esa energía sea absorbida por los elementos que hay dentro de la casa.
Básicamente, usa el mismo principio de bloqueo de la radiación solar que podemos encontrar en un toldo, una persiana, una cortina exterior o un cristal reflectante.
Y aunque funciona, no creo que mucha gente opte por usar este sistema. Porque, aunque el yogur sea una solución barata para usar como aislante improvisado, también tiene una buena cantidad de inconvenientes.
En primer lugar, supone utilizar un alimento para un uso no alimentario. Además, este sistema puede dejar residuos, resulta poco práctico en ventanas grandes e incluso algunos expertos advierten de que la acidez y la grasa podrían afectar a las juntas o a ciertos tratamientos superficiales del vidrio moderno.
Si el objetivo es reducir el calor que entra por la ventana, lo más interesante sigue siendo emplear alguna de las soluciones que ya hemos mencionado en otros artículos: toldos, persianas o estores exteriores. Incluso, como método de bajo coste, se puede usar papel de aluminio colocado por el exterior, que aunque es muy eficaz, resulta poco estético.
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