Tener la casa a la temperatura adecuada y mantenerla no tiene por qué ser necesariamente caro: no siempre hace falta tirar de estufas u otros sistemas de calefacción, ni meterse en cambiar las ventanas con obras costosas. Además de los trucos de siempre, hay un tipo de cortina que ayuda a aislar la vivienda; solo hay que saber identificarlas.
Hablamos de las cortinas térmicas, también conocidas como cortinas aislantes. Y, aunque pueda parecer lo contrario, no necesitan enchufes ni instalaciones complejas. Se colocan como una cortina normal, pero, a diferencia de las convencionales, aportan una capa extra de aislamiento. Por eso, vamos a ver qué son, qué ventajas tienen y cómo sacarles el máximo partido.
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Cómo funcionan
Pueden parecer cortinas normales y corrientes, pero las cortinas térmicas guardan un “secreto”: ayudan a mantener la casa más cálida en invierno. Lo consiguen gracias a una estructura con varias capas de tejido que actúan como aislante y reducen el intercambio de calor entre la ventana y el interior de la vivienda.
Se instalan igual que cualquier otra cortina, pero, a diferencia de las convencionales, suelen combinar una cara decorativa con un forro aislante (hecho con materiales más densos, como poliéster o fieltro) y, en algunos modelos, una capa reflectante que ayuda a devolver parte del calor o a frenar la radiación solar.
Además, por su composición, crean una barrera aislante entre el cristal y la habitación que funciona como un colchón térmico: en invierno dificulta que el calor de la calefacción se escape por la ventana. Y en verano también tienen sentido, porque reducen la entrada de calor y del sol directo, ayudando a mantener un ambiente más fresco.
Sus capas y forros atrapan aire y frenan las corrientes junto a la ventana, reduciendo pérdidas térmicas. Así la temperatura interior se mantiene más estable y la calefacción o el aire acondicionado necesitan funcionar menos tiempo para lograr el mismo confort.
Qué tipos de modelos hay
A la hora de elegir el modelo adecuado para casa, conviene tener en cuenta que existen distintos tipos de cortinas térmicas y, por supuesto, muchos diseños. Más allá de lo estético, estos son los modelos más habituales que encontrarás en las tiendas.
Las más comunes son las cortinas térmicas multicapa, que combinan un tejido exterior decorativo con una capa aislante interna. También están las cortinas blackout térmicas, pensadas para dormitorios o estancias donde interesa oscurecer casi por completo y, de paso, reforzar aún más el aislamiento.
Tal y como cuentan en Emniza, a la hora de elegir la más adecuada, conviene fijarse en tres aspectos: el peso, el material y el tamaño:
- El peso (o gramaje) es clave ya que cuanto más pesado y grueso sea el tejido, mejor suele aislar. Como referencia, para un aislamiento alto conviene elegir cortinas de 200 g/m² o más, mientras que en zonas menos expuestas pueden bastar 150 g/m².
- La material también influye. El poliéster es el más común por su resistencia y fácil mantenimiento, pero si buscas más aislamiento, mejor con forro de vellón o lana. El terciopelo es otra alternativa que, además de quedar elegante, suele aislar bien.
- Por último, el tamaño importa: para que funcionen de verdad deben cubrir toda la ventana y llegar al suelo, evitando que se cuele aire. En estancias muy frías, puede ayudar que sobresalgan unos centímetros o queden especialmente ajustadas para reforzar la barrera.
Cómo colocarlas
Cómo cuentan en Cortinarte, para aprovechar al máximo su efecto, lo ideal es colgarlas lo más cerca posible del marco, cubrir por completo el vidrio, llegar hasta el suelo o el alféizar y, si son de dos hojas, que se solapen en el centro.
En invierno conviene cerrarlas al anochecer para retener el calor, y en verano mantenerlas cerradas durante las horas de más sol. Con un mantenimiento sencillo, como aspirarlas de vez en cuando, conservarán mejor sus propiedades.
¿Realmente sirven?
Hay que tener en cuenta que su eficacia depende en gran medida del tipo de ventanas que tengamos en casa. Con un buen cierre y un sellado correcto, estas cortinas pueden potenciar el rendimiento de la ventana, pero también influyen otros factores como el clima, la orientación, el sistema de climatización y los hábitos de uso.
Además de mejorar el confort térmico, también pueden aportar un extra de aislamiento acústico gracias al grosor del tejido y a sus capas intermedias. Eso sí, conviene ser realistas: su efecto es limitado. No sustituyen un buen aislamiento estructural ni solucionan puentes térmicos o filtraciones. Frente a cambiar ventanas o aislar paredes y techos, la inversión es menor, pero el resultado también tiene un techo.
La parte positiva es que hay muchos estilos y acabados, por lo que se integran bien en la decoración sin que parezcan una solución técnica. Y funcionan especialmente bien como complemento: además de contar con ventanas eficientes (por ejemplo, con rotura de puente térmico), conviene combinarlas con burletes, que ayudan a reducir infiltraciones y mejoran el conjunto.
Imagen portada | Eminza
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