Dormir con aire acondicionado sí, pero sin convertir el dormitorio en una nevera: los fallos que conviene evitar en las noches de más calor

  • Conviene evitar que la diferencia entre el exterior y el interior sea demasiado acusada

  • No se trata, por tanto, de poner el termostato del aire acondicionado a 20 ºC

  • Si cerramos la puerta, estamos respirando el mismo volumen de aire una y otra vez

Aire Acondicionado
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Jose Antonio Carmona

Editor Senior

España afronta estos días una intensa ola de calor, con temperaturas que superan los 35 ºC en muchas zonas del país y noches tropicales en las que dormir bien se convierte en todo un desafío. En ese contexto, muchos miramos al aire acondicionado con ojos golosos. El problema es que, si no lo usamos de forma adecuada, puede provocar más de un dolor corporal, y no solo en sentido literal.

Que el aire acondicionado puede ser un aliado ideal para combatir las noches de calor está fuera de toda duda, pero para usarlo correctamente conviene tener en cuenta una serie de pautas. Se trata de evitar algunos errores habituales cuando lo usamos para dormir. Corregirlos es muy fácil y puede ahorrarnos bastantes problemas.

Índice de Contenidos (5)

Convertir la habitación en una nevera

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El primer error, aunque no el único, tiene que ver con la temperatura. Se trata de combatir las noches tropicales, aquellas en las que la temperatura mínima no baja de los 20 ºC y que cada vez son más frecuentes en España. Muchas personas piensan que cuanto más fría esté la habitación, mejor dormirán, pero eso es un gran error.

De hecho, es algo que ya hemos explicado: los cambios bruscos de temperatura pueden convertirse en un problema. El cuerpo necesita reducir de forma progresiva su temperatura interna para facilitar el sueño y mantener cierta estabilidad mientras descansa.

No se trata, por tanto, de poner el termostato del aire acondicionado a 20 ºC o incluso menos. Por salud, pero también para evitar que el consumo energético dispare la factura de la luz, lo más recomendable al dormir con el aire acondicionado funcionando es mantener la habitación en un rango moderado, alrededor de los 22 ºC o 24 ºC.

Ya lo hemos visto: una temperatura demasiado baja puede provocar despertares durante la madrugada, sensación de frío cuando el cuerpo reduce de forma natural su temperatura, sequedad en la garganta, la nariz y los ojos, e incluso molestias musculares o cervicales al levantarse.

Además, cuanto más baja sea la temperatura seleccionada, más esfuerzo tendrá que hacer el equipo para mantenerla. Esto aumenta el consumo energético sin que necesariamente mejore el confort.

A todo esto hay que sumar que el cuerpo no necesita mantener la misma temperatura durante toda la noche. No requiere el mismo nivel de refrigeración al acostarse que de madrugada. A medida que avanza la noche, la temperatura corporal cambia y el ambiente también puede enfriarse ligeramente.

Por eso, utilizar el modo noche, el modo Sleep o una programación horaria puede ser una buena opción. Estos ajustes permiten elevar la temperatura de forma gradual durante la madrugada, normalmente uno o dos grados, para acompañar el ciclo natural del sueño y reducir el gasto energético.

Crear demasiado contraste entre la calle y el dormitorio

LG Imagen | LG

Otro problema asociado al uso excesivo del aire acondicionado tiene que ver con la diferencia de temperatura que, en ocasiones, generamos entre el exterior y el interior de la vivienda. Si enfriamos demasiado la habitación, al salir al exterior el contraste con una temperatura mucho más alta puede afectar al cuerpo y provocar una sensación desagradable.

Por ejemplo, si en la calle aún hay 32 ºC por la noche, programar el aire acondicionado a 20 ºC puede provocar un salto térmico brusco, aumentar la sensación de sequedad y disparar el consumo eléctrico.

Encender el aire acondicionado justo antes de acostarse

Aire Acondicionado

Otro error frecuente es esperar hasta el último momento para encender el aire acondicionado, cuando el dormitorio ya ha acumulado calor durante todo el día. En esos casos, paredes, muebles, textiles y colchón conservan parte de esa temperatura, por lo que el equipo necesita trabajar con más intensidad.

Lo más eficaz es activar el aire acondicionado un rato antes de irnos a la cama. Con media hora puede bastar para que la habitación alcance una temperatura agradable y, de esta forma, podamos apagarlo justo cuando nos vamos a dormir. Y si notamos que la temperatura vuelve a subir demasiado pronto, siempre podemos recurrir a un programador o al modo Sleep del aire acondicionado.

Dormir con la habitación completamente cerrada

aire Imagen | Paco Rodríguez

Otro de los errores clásicos es dormir con la habitación completamente cerrada. Aunque puede parecer lo más lógico para conservar el frío, no siempre es lo más recomendable para la salud ni para la calidad del descanso.

Existe la falsa creencia de que el aire acondicionado aporta aire fresco procedente de la calle. En realidad, los equipos que solemos tener en casa, como los splits de pared, no ventilan. Su funcionamiento se basa en la termodinámica: toman el aire caliente de la habitación, lo hacen pasar por una batería frigorífica y lo devuelven más frío.

Si cerramos la puerta, estamos respirando el mismo volumen de aire una y otra vez durante toda la noche. Al no haber renovación, el aire frío simplemente recircula y el ambiente puede cargarse con mayor facilidad.

Y a eso hay que sumar el CO₂. Cada vez que exhalamos, lliberamos dióxido de carbono. En una habitación cerrada, los niveles de este gas pueden aumentar de forma notable. Un dormitorio bien ventilado suele moverse en valores cercanos a los 400 o 500 ppm de CO₂, pero con la puerta cerrada y el aire recirculando esos niveles pueden subir con rapidez, especialmente si dormimos acompañados, ya sea por otra persona o por una mascota.

La solución más sencilla para mantener el confort térmico sin renunciar a cierta renovación del aire es dejar la puerta de la habitación ligeramente entornada, unos 10 o 15 centímetros. De esta forma, se favorece la circulación natural del aire de la vivienda y se ayuda a dispersar el dióxido de carbono hacia el pasillo.

Cómo dormir mejor durante una ola de calor

Durmiendo Con Calor

Lo mejor que puedes hacer para intentar dormir bien durante una ola de calor es, en primer lugar, aclimatar la casa. Para ello, conviene aplicar algunos de los consejos que ya hemos visto para evitar que la vivienda acumule calor y se convierta en un horno cuando llega la noche.

Puedes hacerlo bajando las persianas, cerrando las cortinas, usando toldos, ventilando en las horas en las que el ambiente es más fresco y cerrando a cal y canto la casa durante las horas centrales del día.

También ayuda empezar a climatizar la habitación antes de acostarse, en lugar de hacerlo cuando el calor ya se ha acumulado en paredes, muebles y textiles. De esta forma, el aire acondicionado trabaja de manera más progresiva y no es necesario seleccionar temperaturas excesivamente bajas.

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