Te compras una tele enorme, barra de sonido, kit de home cinema o altavoces más receptor AV con la intención de montar un cine en casa, y tras instalar los equipos y comprobar lo bien que suenan, luego tienes que reprimirte de utilizarlos... por no molestar.
No puedes ponerlos con el volumen que te gustaría a diario y en cualquier horario porque se escuchan demasiado fuerte en casa de los vecinos y acabas molestando en las viviendas contiguas, lo que al final te limita a un uso más esporádico o con niveles de volumen reducidos. ¿Qué puedes hacer?
Pues además de invitar a los vecinos a una sesión de cine contigo para que no se enfaden, o insonorizar profesionalmente la casa, un procedimiento caro y que no siempre podremos permitirnos, hay una serie de medidas que podemos tomar a la hora de instalar y configurar nuestros equipos con las que minimizar este problema y poder subir el volumen sin molestar tanto a nuestro alrededor.
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Reducir los graves retumbones
Las frecuencias de sonido medias y agudas suelen ser menos problemáticas a la hora de traspasar las fronteras de la vivienda. Son direccionales y su energía puede disiparse y atraparse rápidamente por los objetos de decoración cotidianos, muros, techos y suelos. Pero las graves son otra cosa.
Los bajos de la música y el cine pueden traspasar paredes fácilmente, no son direccionales y se extienden por todas las zonas de la vivienda pasando sin problemas hasta la casa de los vecinos. Por ello nuestro primer esfuerzo debería ser tratar de reducir estos graves y sobre todo los más retumbones.
Como ya vimos en su día, dependiendo de dónde coloquemos el subwoofer, los altavoces y la tele en sí podemos excitar o no ondas estacionarias en la sala produciendo incrementos en la potencia de ciertas frecuencias. Este problema suele aparecer principalmente entre los 40 y 100 Hz, frecuencias en las que además podemos tener resonancias con elementos de la decoración o de la estructura de construcción como muebles, paredes, techos, vigas y cimientos que se traspasarán a las viviendas vecinas.
Para evitarlo o reducir su intensidad podemos tener cuidado con dónde colocamos los altavoces y la tele. Por ejemplo, debemos evitar situarlos justo en las esquinas de la sala, ya que en este caso estaremos excitando todos los modos resonantes de la misma logrando más graves, sí, pero probablemente con un molesto efecto retumbón.
Lo ideal es situar los equipos emisores de sonido a unos 40-50 cm de las paredes laterales y separándolos un poco de la pared frontal, sobre todo si son de tipo bass-reflex y tienen la salida de aire hacia atrás. También conviene evitar empotrarlos en muebles de madera o plástico que vibrarán en consonancia incrementando el volumen de forma incontrolada. Y, si podemos, evitar colocarlos justo encima de las vigas del suelo, en caso de que las haya.
Otra medida interesante que podemos tomar es utilizar soportes antivibraciones en los altavoces, evitando que las vibraciones de estos se transfieran al suelo o mueble. Podemos colocar nuestras cajas acústicas sobre unos soportes o utilizar en su base unas puntas de desacoplo que minimicen la superficie de contacto con el suelo o el mueble donde las tengamos colocadas.
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Preparar la acústica de la sala
El siguiente paso consistiría en preparar la acústica de la sala para por un lado mejorar la comprensión de los diálogos y evitarnos tener que subir mucho el volumen, y por otro atrapar en la medida de lo posible toda la energía en frecuencias medio-graves que vaya a traspasar las paredes.
Para ello podemos optar por comprar placas de aislante acústico para colocar por la habitación, especialmente en la pared detrás de la tele y donde tengamos colocados los altavoces principales del sistema de cine en casa.
Aunque hay de todo tipo, tamaño, colores, formas y para múltiples presupuestos, no son elementos caros y por menos de 30 euros podemos hacernos con un buen surtido de este tipo de placas con las que amortiguar notablemente el sonido emitido fuera de la sala sobre todo a frecuencias medio-agudas.
Si no nos gusta cómo quedan con la decoración del salón también podemos ocultar estos aislantes detrás de láminas o cuadros, como ya vimos en su día, reduciendo su impacto visual.
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También es buena idea tener alfombras y cortinas gruesas instaladas en la habitación para reducir considerablemente el ruido que al final se traspasa a las viviendas contiguas. Es una medida que puede llegar a resultar de lo más conveniente, incluso para evitar que el sonido salga por las ventanas.
De hecho, en los últimos años han ido creciendo las propuestas de fabricantes de decoración en cuanto a este tipo de elementos con una segunda utilidad de aislante acústico, como es por ejemplo el caso de las cortinas de Ikea. Aquí, cuanto más gruesas sean las cortinas o alfombras mayor capacidad de absorción tendrán sobre todo en el rango de frecuencias medias y agudas, ya que en general en los graves no causará mucho efecto dadas sus longitudes de onda que requieren de materiales más densos.
También son de ayuda tener grandes sillones con gruesos cojines con cuya colocación en la sala puedes además jugar para cubrir las paredes más problemáticas que linden directamente con los vecinos sin tener que recurrir a comprar caros aislantes acústicos.
Las librerías y estanterías repletas de libros de diferentes tamaños y densidad son también nuestras aliadas. La capacidad de absorción de energía de un mueble grande lleno de libros puede ser muy importante, y si cubre por completo una pared que compartimos con los vecinos estaremos reduciendo notablemente el volumen del sonido que pasará a través de ella.
Usar la ecualización de los equipos
Imagen: Antonio Vallejo
Ecualizar nuestros equipos de sonido es una función que sirve habitualmente para lograr mayor fidelidad teniendo en cuenta las capacidades de los altavoces y la respuesta sonora de la sala en busca de una respuesta plana en todo el rango de frecuencias.
Pero esta tarea puede orientarse hacia la reducción de posibles sonidos molestos a costa de perder fidelidad en toda la banda de frecuencias. Por ejemplo, es posible eliminar o reducir las frecuencias que nos puedan dar más problemas, como las graves por debajo de 100 Hz que son las mejores candidatas a filtrarse por las paredes hasta las viviendas contiguas.
No hay que eliminar completamente esas frecuencias, pero podemos bajar su intensidad entre 6 y 9 dB o incluso dejar las "más importantes para cine" con un mayor nivel que otras, como por ejemplo subir entre 40-60 Hz para mantener la sensación de "pegada" en los efectos especiales como disparos y bajar el rango de 0-40 Hz al mínimo (las que suelen dar ese efecto "terremoto") y reducir también el rango de 60-100 Hz.
Esta ecualización podemos hacerla desde el correspondiente menú del televisor, barra de sonido, sistema de cine en casa, etc., aunque hemos de tener varias cosas claras: vamos a perder pegada y fidelidad sonora, un precio a pagar por poder subir los decibelios en el resto de frecuencias.
Modos de escucha "nocturnos" y "volumen inteligente"
Otra medida que podemos tomar es la utilización de los modos de "escucha nocturna" o similares, que básicamente aplican una compresión dinámica insertada en algunas pistas de audio o crean un modo de escucha específico con un efecto similar.
Esto permite que los sonidos con menor volumen, por ejemplo las voces y susurros, se incrementen de volumen mientras que los sonidos más fuertes como la música, explosiones y efectos reduzcan su intensidad. Es muy útil si queremos ver una película con sonidos fuertes de noche sin perdernos los diálogos para no molestar.
El "volumen inteligente", por su parte, tiene el objetivo de mantener un nivel de volumen constante para que no tengamos sobresaltos al cambiar de fuente o canal. Por ejemplo, seguro que os ha pasado que al cambiar de canal de la TDT, poner un DVD o un reproductor externo conectado por HDMI el volumen cambia mucho de nivel. Pues esta es una de las cosas que se intenta solucionar, reduciendo molestias en las viviendas contiguas.
Imagen portada | Klipsch
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