Comprar la tele más grande que quepa en el salón no siempre es la mejor opción: inconvenientes de tener un modelo demasiado grande
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Comprar la tele más grande que quepa en el salón no siempre es la mejor opción: inconvenientes de tener un modelo demasiado grande

Estamos pensando en comprar una nueva tele y tras ver las opciones que tenemos en el mercado y leer algunas guías con la información y recomendaciones más importantes ya hemos dado con nuestro modelo ideal. Ahora solo queda decidir qué tamaño concreto de ese modelo nos llevamos para casa.

En este punto, y como cada vez hay pantallas de mayor diagonal por precios más económicos, probablemente nos puede pasar por la mente la idea de comprar el televisor más grande que nos quepa en el mueble del salón o que podamos colgar en la pared, algo que sin duda resultará de lo más espectacular, pero que puede tener una serie de inconvenientes fisiológicos y económicos.

A la hora de pensar en el tamaño ideal de un televisor debemos considerar varios aspectos, como por ejemplo el tamaño de la habitación donde lo vamos a instalar, la distancia a la que nos sentaremos habitualmente y sobre todo el tipo de uso que le vamos a dar a la tele, ya que no es lo mismo una utilización esporádica para ver una película de vez en cuando que si queremos tenerla todo el día encendida para ver los programas de la TDT.

De ahí que no resulte una decisión inmediata y que además de leer las recomendaciones que nos da la ciencia, si podemos probemos en casa de familiares o amigos teles con el tamaño que estamos pensando comprar para ver si nos encaja en nuestra forma de uso. De lo contrario, si optamos por un modelo demasiado grande podemos tener alguno de los siguientes problemas o inconvenientes que degradarán la experiencia de uso del aparato.

Fatiga visual por no abarcar toda la pantalla

Es un problema muy común con pantallas de grandes dimensiones si el espectador se sienta en un lugar demasiado cercano con respecto al tamaño de la diagonal. Como ya vimos en su día, hay estudios que nos dicen cómo a partir de 60 grados empezamos a perder percepción cromática y a los 124 grados se deja de ver bien con los dos ojos por lo que hay asociaciones como la SMPTE que proponen considerar un ángulo de visionado óptimo de 30 grados, lo cual nos restringe el tamaño máximo del televisor que debemos instalar en casa.

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Esta recomendación trata de reducir el denominado como efecto o problema del "partido de tenis". Es decir, que tengamos que estar moviendo la cabeza continuamente de un lado a otro para ver todas las secciones de la imagen en pantalla.

Se trata de una molestia que sufriremos dependiendo del uso que le demos a la tele. Por ejemplo si la queremos solo para ver cine un par de horas seguidas la fatiga será mínima, pero si estamos todo el día frente a la pantalla puede llegar a ocasionar serias molestias.

¿Qué distancia sería la óptima? La regla general es que la distancia mínima de visionado sea tres veces la altura del televisor o 1,6 veces la diagonal de una pantalla 16:9.

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Así, para distancias de menos de 2 metros sería recomendable un tamaño de hasta 50 pulgadas, las 55 pulgadas quedan reservadas para distancias de 2,1 metros, las 65 pulgadas son recomendables para unos 2,5 metros y si queremos meter 75 o más pulgadas deberíamos tener por lo menos 2,9 metros de distancia entre la pantalla y nuestra posición real en la sala.

Fatiga visual por exceso de luminosidad

Está claro que cuanta más potencia luminosa tenga una pantalla mayor será la espectacularidad de sus imágenes. De ahí que el alto rango dinámico se haya convertido en un imprescindible para la mayoría de usuarios, incluso estando por encima de la resolución del panel.

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Una tele grande será en general más luminosa que una pequeña, ya que tiene una mayor superficie de emisión y además los fabricantes reservan las tecnologías más punteras capaces de emitir más nits para sus modelos de gamas más altas con mayores diagonales.

Es una característica ideal si queremos ver la tele de día en una sala con mucha luz ambiental, pero si somos de realizar visionados en una sala con poca iluminación y/o por la tarde-noche, tener una tele enorme frente a nosotros que alcance fácilmente los 800-1000 nits de potencia luminosa puede llegar a ser contraproducente.

Si vamos a ver la tele durante muchas horas al día, el tener una fuente de luz directa tan grande y potente (sí, siempre se puede bajar la intensidad de la luz hasta un cierto punto) y relativamente tan cerca, puede llegar a ocasionar molestias y fatiga visual.

Más diagonal implica más consumo eléctrico

Uno de los factores que normalmente no tenemos en consideración a la hora de elegir televisor es el consumo energético. Nos fijamos en la resolución, el brillo, las funcionalidades, la tecnología del panel, pero no en si gasta más o menos vatios.

Sin embargo, con los tiempos que corren es una característica determinante en el caso de que seamos de los que tienen la tele encendida muchas horas al día haciendo "ruido de fondo" y sobre todo una cuestión muy a tener en cuenta si compramos un modelo de gran diagonal.

En este punto no estar de más echar un vistazo a las especificaciones técnicas de los diferentes modelos para ver cuánto gastan e incluso pasarnos a una tecnología más eficiente como OLED, que como vimos en su día puede llegar a suponer un ahorro energético importante en el largo plazo.

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Si somos de los que encendemos la tele y la tenemos todo el día puesta en casa durante 8 o 10 horas, lo mejor es escoger un modelo con un tamaño moderado, ya que en dimensiones de más de 55 pulgadas el consumo eléctrico se dispara con respecto a las versiones más pequeñas.

Para comprobarlo solo tenemos que ir a las especificaciones de los fabricantes en sus páginas web para un modelo concreto y ver como los valores "estándar" (para un uso intermedio con los valores de brillo y luminosidad en el rango medio) y "nominales o máximos" crecen considerablemente con el tamaño de diagonal.

En las teles LCD más antiguas tenemos consumos que fácilmente superan los 200-250 vatios de media en tamaños de unas 50-55 pulgadas. Pero sin remontarnos mucho en el tiempo, con un televisor de gama media LCD-LED moderno (2019) de los más populares como el Sony XG95 tenemos un consumo estándar/máximo de 145/256 vatios en 55 pulgadas, cifra que asciende a 176/313 vatios en 65 pulgadas, 230/371 vatios en 75 pulgadas y que llega a los 282/438 vatios en el modelo de 85 pulgadas.

Si optamos por la tecnología OLED, el consumo desciende considerablemente con respecto a LCD. Por ejemplo, con un modelo del mismo fabricante, el Sony AG9 tenemos unos valores de 132/394 vatios en 55 pulgadas y de 169/490 vatios en 65 pulgadas. También podemos optar por un modelo más eficiente en la gama OLED como es el LG G16LA con panel EVO de última generación que nos ofrece un consumo de 107/165 vatios en la versión de 55 pulgadas o de 128/226 vatios en la versión de 65 pulgadas.

Es decir, dependiendo del modelo que compremos, pasar de una diagonal de 55 pulgadas a una de 75-77 pulgadas puede suponer cerca de un 70-80% más de consumo eléctrico, algo que tendremos que considerar si vamos a tener la tele encendida muchas horas al día.

Más diagonal implica más calor en la sala

Este consumo eléctrico influye además en la climatización de la sala. El televisor se comporta como un pequeño calefactor que va a estar encendido una buena parte del día, calentando la sala durante su uso.

En invierno nos vendrá bien, ya que será como tener una estufa plana sobre el mueble del salón, pero en verano luchará contra el aire acondicionado subiendo la temperatura del hogar e incrementando una vez más el gasto en electricidad para rebajar esa temperatura.

Por ejemplo, una tele con un consumo medio de unos 250 vatios en verano fácilmente incrementa la temperatura de una sala de 15 metros cuadrados de 1 a 1,5 grados, con lo que el aire acondicionado necesitará más tiempo y energía para mantener la habitación fresquita.

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