Antes de que existiera el tubo de rayos catódicos, la televisión ya funcionaba, aunque de una forma que hoy resulta casi artesanal. Un disco giratorio con agujeros dispuestos en espiral bastaba para descomponer una imagen en líneas y reconstruirla al otro lado.
Ese principio, ideado hace poco más de cien años, es el que ha rescatado un aficionado que se ha propuesto algo bastante más exigente que montar una réplica con piezas modernas: construir su televisor mecánico usando únicamente componentes que habrían estado disponibles en los años veinte.
El chasis de madera ya está terminado, igual que la fuente de alimentación de época, el amplificador y el motor síncrono que hace girar el disco. La pieza central del sistema, cómo no, es el propio disco Nipkow, ese elemento que también aparece cuando se repasa la historia de la televisión desde sus orígenes más remotos.
Lo que todavía le falta es una lámpara de neón de placa plana, un componente que en su día se fabricaba específicamente para este uso y que ahora es complicado de encontrar.
Un motor que se sincroniza con la red eléctrica
Uno de los detalles más curiosos del proyecto tiene que ver con cómo se mantiene el disco girando al ritmo correcto. El motor síncrono se ajusta a la frecuencia de la red eléctrica, y en la práctica eso significa que hay que reiniciarlo varias veces hasta que el fotograma queda alineado en la posición adecuada. No hay microcontrolador ni ajuste digital de por medio, solo la propia frecuencia de la corriente marcando el compás, tal y como se hacía hace un siglo.
El montaje también ha dejado algún que otro dolor de cabeza. El amplificador arrastraba un zumbido a 120 hercios que costó identificar. La causa estaba en las válvulas antiguas, que usan cátodos calentados directamente por el propio filamento, con tan poca masa térmica que "parpadean" a esa frecuencia cuando se alimentan con corriente alterna.
La solución, de nuevo fiel al espíritu del proyecto, ha sido recurrir a rectificadores de óxido de cobre de la época, que convierten esa corriente en continua antes de que llegue a los filamentos.
Un formato que sigue teniendo público propio
El resultado, cuando esté terminado, no aspirará a competir con nada actual: será una pantalla pequeña, de pocas líneas y definición muy limitada, más cercana a la curiosidad que a un televisor funcional para el salón.
Pero ese es precisamente el atractivo para quienes siguen el proyecto, documentado paso a paso con vídeos del propio proceso de montaje. Hay algo parecido en la fascinación por otros inventos españoles que se adelantaron a su tiempo, como aquel ingeniero que patentó el mando a distancia en 1901, cuando ni siquiera existía la televisión.
Falta ver cómo termina la historia de este disco giratorio de madera y válvulas de época, pero el simple hecho de que alguien se plantee revivir una tecnología con las limitaciones exactas de su momento original ya dice bastante sobre lo que sigue enganchando a la gente de la electrónica retro: no tanto el resultado final como el propio proceso de entender, pieza a pieza, cómo pensaban los ingenieros que no tenían nada de lo que hoy damos por hecho.
Imágenes | YouTube
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