El sofá suele ser la pieza más grande del salón y, una vez colocado, condiciona la posición de la mesa, las butacas y la televisión. Elegir la pared que queda libre y empujarlo contra ella parece una solución lógica, pero ignora cómo se mueve la gente y cómo entra la luz.
Anna Raventós y Lea Viscasillas, de Scala Studio, concentran el problema en una recomendación: “Nunca deberíamos colocar el sofá en el salón de manera que interfiera los recorridos o bloquee innecesariamente la entrada de luz”. Son dos errores distintos y ambos pueden convertir un sofá bien elegido en un obstáculo.
Colocarlo en mitad de un recorrido que usamos todos los días
El primer fallo consiste en decidir la posición mirando solo dónde cabe el mueble. Si para ir desde la entrada hasta el comedor, la terraza o la cocina hay que bordear un brazo, pasar de lado o mover una mesa auxiliar, el recorrido está mal resuelto.
También ocurre cuando la parte trasera del sofá queda demasiado cerca de una puerta o cuando una chaise longue invade el paso principal. El problema puede no resultar evidente durante una visita breve a la tienda. Aparece después, al repetir el mismo rodeo varias veces al día o al intentar pasar con bolsas, una bandeja o el aspirador.
Antes de comprar, conviene dibujar en el suelo la huella completa del sofá con cinta de carrocero. Hay que incluir los brazos, el respaldo y la extensión de la chaise longue, no limitarse al ancho del asiento. Después se recorren los trayectos habituales con las puertas abiertas. Si el mueble obliga a cambiar constantemente de dirección, hace falta otro tamaño u otra posición.
El interiorista Pepe Leal también insiste en adaptar el sofá a la forma de la estancia. En un salón cuadrado puede funcionar junto a una pared y en uno irregular puede tener más sentido en el centro. La pared no es una regla; es una posibilidad que debe respetar el uso real del espacio.
Bloquear la ventana o cortar la luz que llega al resto del salón
El segundo error aparece al situar un respaldo alto delante de una ventana o atravesado en la trayectoria de la luz natural. El sofá puede no tapar por completo el hueco y aun así dejar una parte del salón más oscura, especialmente cuando está muy cerca del ventanal.
La orientación también influye. Un mueble perpendicular a la ventana puede proyectar una sombra y separar visualmente el salón en dos. Si se coloca paralelo, conviene comprobar que el respaldo no cubra la parte baja del cristal ni dificulte abrirlo, limpiar la ventana o llegar a una persiana.
En salones pequeños, llenar el perímetro de muebles y bloquear las ventanas reduce todavía más la sensación de amplitud. Separar unos centímetros el sofá de la pared puede ayudar en algunas estancias, pero solo cuando queda espacio suficiente para que esa franja tenga sentido y no estreche otro paso.
El tamaño correcto se decide después de estudiar el salón
La posición y las medidas deben resolverse juntas. La interiorista Haydee Naveiras aconseja que el sofá ocupe aproximadamente dos tercios de la pared sobre la que se apoya o, cuando esa referencia no sirve, dejar unos 30 centímetros a cada lado para evitar que parezca encajado. Son orientaciones, no medidas universales.
La profundidad cambia también según el uso. Un sofá pensado para sentarse no necesita las mismas dimensiones que uno para tumbarse. Una pieza demasiado profunda puede comerse el paso aunque su anchura sea correcta.
El orden útil es observar primero entradas, puertas, ventanas y trayectos; después decidir hacia dónde se orientará la zona de estar; y solo entonces escoger el sofá. Así deja de ser el mueble alrededor del cual hay que improvisar todo lo demás.
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