Estamos acostumbrados a escuchar todo tipo de trucos para acabar con la suciedad en la lavadora, pero no siempre conviene seguirlos al pie de la letra. En este sentido, un ingeniero químico advierte de que un truco muy extendido, como limpiar la lavadora con bicarbonato de sodio y vinagre, no es lo mejor que podemos hacer.
El problema no es tanto que puedan dañar la lavadora o sus componentes, sino que, al combinarlos, pierden eficacia. La mezcla hace espuma, burbujea y da la sensación de que está trabajando a fondo, pero nada más lejos de la realidad: ese truco tan popular no es tan buena idea como parece.
Este símbolo me avisa que ya es hora de limpiar la lavadora
Aunque parezca contradictorio, la lavadora también necesita limpieza. En su interior se acumulan restos de detergente, suavizante, pelusas, humedad, cal y suciedad procedente de la ropa, lo que puede provocar malos olores, manchas, pérdida de eficacia o pequeños atascos.
Por eso, y lo avisan desde Teka, muchos modelos incluyen un programa de limpieza del tambor, pensado para eliminar esos residuos con agua caliente y un ciclo más largo. Además, circulan por Internet muchos trucos caseros para acabar con la suciedad acumulada, como mezclar vinagre y bicarbonato de sodio, pero no siempre son recomendables.
Y de eso advierte Diego Fernández, ingeniero químico, que en su página de Instagram aclara que estos dos elementos combinados son como mezclar a Superman con la kryptonita: se anulan entre ellos. De hecho, este fenómeno tiene una base científica bastante sólida que conviene explicar antes de seguir.
El vinagre es ácido y el bicarbonato es básico. Cuando se mezclan, reaccionan entre sí. Esa efervescencia que vemos no es “suciedad desapareciendo”, sino dióxido de carbono saliendo en forma de burbujas. El problema es que, al reaccionar, uno neutraliza buena parte del efecto del otro.
Dicho de otra forma: el vinagre por separado puede ayudar frente a ciertos restos minerales, y el bicarbonato por separado puede resultar útil para combatir algunos olores o la suciedad ligera. Pero, juntos, pierden buena parte de su utilidad. Es el típico truco que parece espectacular, pero que en realidad hace menos de lo que promete.
Por qué no conviene abusar
El vinagre tiene fama de limpiador universal, pero en una lavadora conviene usar este remedio casero con cuidado, como advierten marcas como Siemens o Bosch. El motivo está en las piezas internas: juntas, gomas, retenes y otros componentes que pueden sufrir si se emplean ácidos de forma frecuente o en grandes cantidades.
Si usamos el vinagre para una limpieza puntual de la goma, no vamos a tener ningún problema: los daños pueden aparecer si lo convertimos en un producto habitual para eliminar la suciedad acumulada.
Además, para que el vinagre tuviese un efecto desincrustante realmente potente contra la cal, habría que usar bastante cantidad. Y ahí es donde deja de ser un truco inocente y empieza a convertirse en una práctica poco recomendable.
Una alternativa habitual para combatir la cal es el ácido cítrico. Se usa sobre todo para desincrustar, eliminar restos minerales y limpiar depósitos provocados por el agua dura. Además, suele ser más eficaz que el vinagre frente a ciertos depósitos minerales y se puede usar en polvo, normalmente en un ciclo vacío y con agua caliente, tal y como advierten desde Speed Queen.
Dicho esto, tampoco hay que convertirlo en un producto habitual para limpiar la lavadora. Lo mejor, si queremos acabar con la suciedad incrustada, es consultar antes las instrucciones de cada fabricante y, en muchos casos, aprovechar el programa de autolimpieza que incorporan muchos modelos.
Cómo limpiar bien la lavadora sin complicarse
Lo más práctico es mantener una rutina sencilla. Cada cierto tiempo, conviene poner un ciclo de limpieza del tambor o un programa largo en vacío, preferiblemente con agua caliente y con un producto adecuado para lavadoras.
También hay que limpiar el cajetín del detergente y del suavizante, porque ahí se acumulan restos pegajosos de jabón y suavizante. Basta con sacarlo, lavarlo con agua caliente y frotar las zonas más difíciles con un cepillo pequeño.
La goma de la puerta merece atención aparte. Después de lavar, es buena idea pasar un paño seco por el pliegue, retirar pelusas o pequeños objetos y dejar la puerta entreabierta para que se evapore la humedad. Este gesto tan simple ayuda muchísimo a evitar olor a cerrado y aparición de moho.
Y no hay que olvidarse del filtro de desagüe y de los filtros ubicados en las conexiones. Si la lavadora empieza a oler mal, desagua peor o deja la ropa con restos, el filtro puede estar parcialmente obstruido. Lo ideal es revisarlo siguiendo el manual, porque suele acumular pelusas, monedas, horquillas y otros pequeños objetos.
En cuanto a los filtros de entrada de agua, su cometido es atrapar las partículas e impurezas que pueda traer el suministro, para impedir que pasen al interior de la lavadora y contribuyan a conservar el aparato en buen estado durante más tiempo.
Fabricantes como Samsung recomiendan revisarlos y limpiarlos al menos una vez al año, mientras que marcas como Bosch o Siemens explican en sus manuales cómo realizar este mantenimiento correctamente.
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