Puede que, si te hablo de ciudades esponja, el concepto te suene algo ambiguo. Pero, más allá de lo que puedas pensar, se trata de un modelo urbanístico presente en los cinco continentes que busca evitar que el exceso de agua en nuestras calles se convierta en un problema.
Por tanto, ya estás viendo el motivo por el que reciben ese nombre. Y aquí termina la similitud con este material poroso, porque eso no quiere decir que estas ciudades estén fabricadas como esponjas. Por eso, y por si nunca habías oído hablar de ellas, voy a contarte cómo funcionan y a enseñarte algunos ejemplos de este concepto urbanístico.
Acabar con los problemas por inundaciones
Las llamadas ciudades esponja son, dicho de forma sencilla, ciudades diseñadas para que el agua de lluvia no se convierta en un problema, sino en un recurso. Lo hemos visto recientemente tras el tren de borrascas que ha azotado la península ibérica: el suelo de muchos municipios era incapaz de absorber más agua, que volvía a aflorar, causando importantes problemas a vecinos e infraestructuras.
Las ciudades esponja buscan dar solución a este problema del exceso de agua. En lugar de expulsarla lo más rápido posible a través del alcantarillado, este modelo urbanístico intenta que el suelo urbano la absorba, la retenga, la filtre y la reutilice de una forma más parecida a como lo haría la naturaleza.
El Banco Mundial explica que el objetivo de estas actuaciones es hacer que las áreas urbanas funcionen de forma más “esponjosa”, reduciendo inundaciones superficiales, amortiguando los picos de escorrentía, mejorando la depuración del agua y favoreciendo su conservación.
De hecho, se trata de un modelo muy respetuoso con el medio ambiente, ya que permite reaprovechar de forma limpia el agua que, de otro modo, acabaría en el alcantarillado. En muchos casos, eso implica que después tenga que volver a ser tratada, con el consiguiente gasto económico para que ese recurso vuelva a ser apto para el consumo humano. La idea está muy ligada a la infraestructura verde —la EPA y la Comisión Europea usan este concepto para referirse a soluciones basadas en la naturaleza—, a la infraestructura azul y también a la gris.
Elementos verdes
Son las zonas de vegetación natural o creada que ayudan a absorber y filtrar el agua de lluvia. Su función principal es la biofiltración y la reducción del efecto de "isla de calor".
- Parques e inundables: espacios diseñados para llenarse de agua temporalmente durante tormentas fuertes.
- Tejados y fachadas verdes: cubiertas vegetales que retienen el agua antes de que llegue al suelo.
- Jardines de lluvia: depresiones con plantas específicas que capturan la escorrentía de calles y aceras.
Elementos azules
Se refiere a todos los cuerpos de agua, tanto naturales como artificiales, que almacenan, transportan y gestionan el recurso hídrico.
- Humedales urbanos: actúan como riñones naturales, filtrando contaminantes.
- Canales y estanques de retención: embalses diseñados para controlar el flujo del agua y evitar el desbordamiento del alcantarillado.
- Ríos y arroyos restaurados: recuperación de cauces naturales que antes pudieron estar enterrados o canalizados en hormigón.
Elementos grises
Es la infraestructura construida tradicional (ingeniería civil) que, en una ciudad esponja, se rediseña para ser más eficiente o se combina con las anteriores.
- Pavimentos permeables: suelos (como asfalto u hormigón poroso) que permiten que el agua pase a través de ellos hacia el terreno en lugar de acumularse.
- Tanques de tormenta: grandes depósitos subterráneos de hormigón que recogen el exceso de agua.
- Sistemas de alcantarillado inteligente: tuberías y túneles que dirigen el agua hacia plantas de tratamiento o áreas de infiltración.
¿Y por qué se habla tanto de esto ahora?
Imagen | Chinadaily
Porque muchas ciudades se han construido durante décadas como si el agua estorbara: más asfalto, más hormigón y menos suelo capaz de infiltrarla. El resultado ya lo conocemos bien y lo hemos visto hace poco: calles anegadas cuando cae una tormenta fuerte, alcantarillas colapsadas, contaminación arrastrada por la lluvia y, al mismo tiempo, barrios cada vez más duros frente al calor.
Frente a eso, el urbanismo de ciudad esponja busca reducir inundaciones, mejorar la calidad del agua y hacer la ciudad más habitable. La propia EPA destaca que este tipo de soluciones ayuda a ralentizar y reducir la escorrentía y a mitigar el riesgo de inundación, algo cada vez más importante con lluvias más intensas.
Una planificación distinta
Imagen | National Geographic
La clave está en que no hablamos de una única y gigantesca obra, que se trate de regular el caudal de agua, sino de una forma distinta de planificar la ciudad.
Para ello, en este tipo de propuesta se combinan elementos verdes, azules y también grises que vimos antes: árboles, zanjas de infiltración, depósitos de retención, cubiertas vegetales, patios drenantes, riberas restauradas o plazas que pueden almacenar agua puntualmente sin convertirse en un desastre.
UN-Habitat resume esta filosofía como una respuesta al riesgo de inundaciones y sequías basada en soluciones naturales e integrada con las infraestructuras tradicionales. La Comisión Europea, por su parte, insiste en que estas soluciones ayudan a reforzar la resiliencia climática de pueblos y ciudades.
Aunque el concepto se ha hecho muy popular por el programa impulsado en China, en realidad su lógica sirve para cualquier ciudad que quiera adaptarse mejor al cambio climático.
Y no se queda en teoría: un artículo científico publicado en Scientific Reports en 2025 concluyó que la combinación de vegetación e infraestructuras de ciudad esponja redujo de forma muy notable las zonas inundadas en el área analizada, lo que respalda la eficacia de este enfoque frente a lluvias intensas.
Lo interesante es que sus beneficios van mucho más allá de evitar charcos. Cuando una ciudad deja espacio para que el agua se infiltre, también gana sombra, biodiversidad, confort térmico y calidad urbana. No solo se trata de “tragar” agua, sino de recuperar procesos naturales que el urbanismo duro había borrado casi por completo.
Entre los ejemplos de este tipo de ciudades destaca China con Shanghái (Parque Houtan), Wuhan o Shenzhen, pero también hay alternativas en Europa con Copenhague (Dinamarca) y el Parque de la Marjal en Alicante, España.
Imagen portada | Turenscape
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