Las siete cosas que miro siempre antes de comprar una barra de sonido y que no suelen contar los fabricantes

Más allá de las características típicas que suelen publicitarse hay toda una serie de aspectos que merece la pena valorar antes de comprar nuestro modelo ideal

Paco Rodríguez

Editor Senior

Si queremos mejorar el sonido de un televisor plano, además de utilizar unos altavoces estéreo, de ayudarnos de una minicadena o de un conjunto de cine en casa que muchas veces no sabemos dónde colocar, en los últimos años se han puesto de moda las barras de sonido, unos dispositivos muy versátiles que han crecido en prestaciones y funcionalidades rápidamente.

Esto ha hecho que elegir nuestro modelo ideal pueda resultar difícil, con un montón de características, siglas, funciones y especificaciones que muchas veces no sabemos para qué sirven ni si merece la pena tener. ¿Qué es lo básico y realmente importante al elegir una barra de sonido?

Índice de Contenidos (7)

Tipo de barra de sonido y cantidad de altavoces

Imagen: Klipsch

Podemos distinguir dos tipos de barras de sonido: las activas y las pasivas. Las primeras incorporan amplificación para los altavoces no necesitando de ningún equipo externo para comenzar a producir sonido, salvo el reproductor de contenidos. Son las más abundantes en el mercado y las que deberemos buscar si no queremos complicarnos.

Las pasivas no tienen amplificación, por lo que requieren de un equipo externo que les dote de la potencia necesaria para mover los transductores. Son únicamente un conjunto de altavoces pasivos metidos en la misma caja acústica que debemos conectar a un amplificador externo, como por ejemplo un receptor A/V.

El número canales de audio soportados física y virtualmente es un aspecto fundamental de cualquier barra de sonido. En el mercado nos encontramos con modelos básicos que cuentan con una configuración de 2 o 2.1 canales, y otros más avanzados que alcanzan los 5.1, 7.1 e incluso 9.1.

Los modelos más punteros en la actualidad son los compatibles con el formato de sonido envolvente basado en objetos Dolby Atmos, ofreciendo más drivers y una mejora notable en cuanto a prestaciones sonoras con respecto a las barras más simples, aunque como vimos en su día no siempre nos resultarán adecuadas, según el uso que queramos darles, y puede que estemos pagando de más por una función que nunca usaremos.

Imagen: Klipsch

En general podemos distinguirlas a simple vista porque estas barras con sonido envolvente incorporan varios altavoces orientados hacia diferentes direcciones para dirigir el sonido hacia las paredes y techos de nuestra sala, logrando por medio de las reflexiones un efecto envolvente que puede llegar a alcanzar cierto grado de efectividad.

También es habitual encontrarnos en las gamas altas modelos que incluyen altavoces surround externos con los que mejorar la calidad de los efectos envolventes y que deberemos colocar tras los asientos del espectador.

Sin embargo, en general para la mayoría de usuarios más allá de buscar un modelo con este tipo de altavoces de sonido envolvente que pueden ser muy efectistas, conviene fijarse en que la barra elegida cuenta con un altavoz específico dedicado al canal central. Esto permitirá que los diálogos se reproduzcan con mayor claridad, nitidez y potencia.

Tamaño de los drivers y respuesta en frecuencia específica de la barra

Imagen: Klipsch Flexus

El tamaño sí importa en sonido, y cuanto más grandes sean los drivers de la barra mejor será la calidad sonora en frecuencias medio-graves, y mayor el realismo ofrecido y la sensación de empaste con el subwoofer externo en el caso de que lo incorpore.

Lo habitual es que este dato sea desconocido, pero podemos hacernos una idea por las dimensiones de la barra, siendo los valores más habituales de entre 2,5 y 3,5 pulgadas para las gamas medias-bajas, con algunas que superan las 4,5-5 pulgadas en los modelos más grandes, cifra que ya comienza a ofrecer buenas prestaciones si se complementan con un subwoofer.

Tampoco suele ser habitual que se nos informe sobre la respuesta en frecuencia solo de la barra. Lo normal, si es que se incluye este dato en las especificaciones técnicas, es que se dé un valor total con el subwoofer incluido, algo que puede servir de referencia pero que no nos ayudará a saber cómo de lejos podremos instalar el altavoz de graves con respecto a la barra.

En su día ya vimos cómo algunas marcas suelen abusar de barras extremadamente pequeñas con un gran subwoofer externo, lo cuál puede ocasionarnos limitaciones a la hora de instalarlas. De ahí que resulte conveniente conocer si la barra por sí sola será capaz de bajar hasta unos 80-100 Hz, valor que nos permitirá poder colocar el subwoofer alejado de la misma sin sufrir esos problemas. Dato que en general será imposible de conseguir en las especificaciones.

¿Necesito un subwoofer externo?

Una duda que suele ser habitual es acerca de la necesidad de adquirir un modelo que venga con subwoofer externo aparte. En este artículo comentábamos sobre las ventajas e inconvenientes así como los casos de uso más recomendados, pero resumiremos a continuación algunos de los aspectos clave a valorar.

Contar con un buen subwoofer externo nos permitirá mejorar la respuesta en graves del conjunto, pero esto no siempre ofrecerá una ventaja real, ya que en el caso de las barras de sonido estaremos limitados por las posibilidades de colocación del subwoofer en la sala.

Podríamos pensar que el subwoofer se puede poner en casi cualquier punto de la habitación, y en el caso de un sistema de sonido con altavoces grandes capaces de bajar en frecuencia así sería. Sin embargo, cuando hablamos de barras de sonido, debido al pequeño tamaño de los altavoces integrados, el subwoofer debe encargarse de la reproducción de una banda de frecuencias mucho más amplia de lo habitual que puede llegar hasta los 150 Hz, 200 Hz o en ocasiones incluso más.

Esto implica que el sonido emitido por el subwoofer es direccional, lo que significa que vamos a poder distinguir perfectamente de dónde procede. Por este motivo, si podemos ubicar el subwoofer junto a la barra a una distancia corta alrededor de 1-1,5 metros, la integración será buena y percibiremos el sonido global (barra más subwoofer) como un todo coherente.

De lo contrario, si no tenemos sitio cerca notaremos un desfase y una pérdida de realismo, ya que los medios y agudos parecerán proceder de un sitio y los graves de otro, algo que no puede solucionarse con ecualización ni corrección acústica. En estos casos donde no podamos colocar el subwoofer cerca de la barra, quizá nos convenga más un modelo que venga sin él aparte o con él dentro.

Los fabricantes nos dirán que algunos de sus modelos cuentan con el "subwoofer integrado en la barra", una exageración comercial que solo indica que traen esta función dentro de la barra utilizando algunos drivers especiales que no nos darán el mismo resultado que uno externo de mayores dimensiones.

Estas barras con subwoofer integrado con suerte bajarán hasta los 80-100 Hz con soltura frente a los 20-40 Hz de los modelos dedicados, aunque pueden resultar en una opción aceptable cuando no hay más remedio.

Potencia de la barra de sonido

Imagen: Bose

Otro punto importante a tener en cuenta es el relacionado con la potencia que es capaz de proporcionar la barra. En su día hablamos sobre cómo valorar este aspecto en un amplificador, algo que podemos transportar directamente al mundo de las barras de sonido para no dejarnos abrumar por cifras sospechosamente altas de los fabricantes.

Al elegir una barra de sonido no es recomendable dejarnos llevar solo por el número de vatios promocionado en las especificaciones, ya que no será un indicador real de la calidad sonora que nos ofrecerá el modelo.

Además, suele darse la paradoja de que cuanto más baja es la gama de la barra, más altos y más publicidad se dan a estos valores con cifras de cientos de vatios para un modelo diminuto. Si queremos hacernos una idea de la potencia real que nos ofrecerá el equipo podemos recurrir al truco de fijarnos en el consumo eléctrico de la barra.

No es posible que un modelo con consumo eléctrico de 10 vatios nos proporcione 1.000 vatios "reales" de potencia sonora. Lo más habitual es que se estén dando valores de pico que no sirven para saber cómo de potente será una barra. Este dato lo encontraremos en los valores medios de potencia o RMS, factor que sí conviene tener en cuenta al comparar modelos.

Calidad de los materiales de construcción

Imagen: Xataka

Cómo esté construida la caja acústica de la barra es uno de los factores más importantes, junto con los drivers montados, a la hora de producir un sonido de calidad, como ya vimos en su día cuando comentamos los factores que influyen en la calidad sonora producida por los altavoces tradicionales.

Y hay algunas características que inmediatamente deberían echarnos para atrás a la hora de comprar un sistema de cine en casa, en este caso de una barra de sonido, si queremos un mínimo de calidad, empezando por que se abuse del plástico de mala calidad, con poca densidad y cajas acústicas diminutas.

En general la combinación de estos elementos suele ser indicativo de que el equipo no será capaz de soportar grandes volúmenes sonoros sin distorsión e incluso de que en el futuro podremos tener problemas estructurales si el grosor de las paredes de la caja acústica es demasiado escaso.

Lo ideal es que las barras, altavoces de efectos y sobre todo los subwoofers estén fabricados con madera de una buena densidad para evitar coloraciones indeseadas, y que cuente con partes metálicas o de plástico bien sujetas que no puedan vibrar. Si el modelo que estamos revisando tiene materiales plásticos por todas partes y rejillas de baja calidad por todos sitios, quizá tenga un aspecto más bonito, pero a la larga pueden sufrir dilataciones y desajustes que crearán vibraciones molestas. 

Esto es difícil de saber si nos limitamos a ver imágenes de la barra por Internet antes de comprarla. Por eso, lo ideal es poder acercarnos a un comercio donde esté expuesta y comprobar de primera mano cómo es su calidad de fabricación, si los materiales dan buena sensación de calidad, si los acabados son buenos, etc.

Conectividad de la barra

Imagen: Klipsch

La gran mayoría de barras a día de hoy incorpora puertos HDMI, por lo que la señal de sonido que se envía desde el televisor a nuestra barra puede ser transferida a través de este cable. Si tenemos un televisor que ofrezca entrada HDMI ARC o su sucesora eARC, la transferencia de la señal podrá suceder en ambas direcciones, eliminando la necesidad de conectar otro cable HDMI para una consola o reproductor externo y enviando la señal a la máxima calidad posible.

Otra posibilidad de conexión es clásico cable óptico. En este caso no contamos con las funciones CEC del HDMI que nos permiten controlar la barra con el mando de la tele, ni tampoco podemos optar a los formatos multicanal Dolby Atmos o DTS:X por limitación de ancho de banda, aunque gracias a la transmisión a través de fibra óptica, la señal es inmune a interferencias electromagnéticas.

También tenemos la opción de conectar la barra de sonido por cable coaxial (transmisión digital de la señal) o por cable jack de 3,5 mm (transmisión analógica de la señal). Todo depende del equipo adicional con el que contemos, aunque si lo que deseamos es ver contenido con audio a alta resolución y compatible con señales de audio multicanal, como vimos a fondo en su día lo mejor es apostar por HDMI.

Por último, hay barras de sonido que también son compatibles con conexiones inalámbricas Bluetooth, WiFi, e incluso cuentan con puerto Ethernet. Una barra de sonido con Bluetooth nos va a proporcionar una mayor versatilidad a la hora de conectar dispositivos en ella, aunque con menor calidad de sonido.

Formatos de sonido soportados

Imagen: Sharp

Las barras de sonido modernas pueden ser auténticos centros de procesamiento sonoro capaces de decodificar y reproducir multitud de formatos de sonido digital que le entreguemos por sus entradas ópticas y HDMI.

Los modelos más básicos no son capaces de decodificar casi ningún formato por ellas solas (salvo el sonido Dolby Digital básico) y tendremos que dárselos ya preparados desde la tele. A partir de ahí iremos subiendo en prestaciones con equipos que pueden trabajar con Dolby Digital Plus, DTS, sus versiones sin pérdidas, o incluso con los formatos basados en objetos Dolby Atmos y DTS:X.

Cada incremento en estas prestaciones supondrá una subida de precio que quizá nunca lleguemos a aprovechar. Por ejemplo, si no vamos a contratar un servicio de streaming compatible con Atmos o a conectar un reproductor Blu-ray a la barra, probablemente no necesitaremos un modelo compatible con este formato y podamos ahorrar unos euros.

Imagen portada | Klipsch

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