Comprar un cable de baja calidad puede convertir tu router en un embudo
Los cables están clasificados con unas letras que determinan su categoría y es importante conocer qué significan
Estamos más que acostumbrados a usar conexiones WiFi en casa para casi cualquier aparato, incluso en dispositivos que también permiten conectarse por cable Ethernet. La conectividad inalámbrica nos ha malacostumbrado por la comodidad que ofrece, pero a cambio perdemos estabilidad, velocidad real en algunos casos y, sobre todo, latimos más frente a una conexión física. Y eso sin contar que, dentro de los propios cables de red, también hay diferencias importantes y elegir el adecuado puede evitar muchos problemas.
Eso es precisamente lo que vamos a aclarar: qué tipos de cables de red existen, qué categorías hay y cómo influye cada una en el rendimiento que podemos obtener. Porque, aunque a simple vista todos parezcan iguales, elegir un buen cable es clave para exprimir la velocidad de tu red y sacar todo el partido al router y puede marcar la diferencia entre aprovechar al máximo nuestra conexión o crear un cuello de botella. Y lo mejor es que, en muchos casos, esa mejora apenas supone gastar unos pocos euros más.
La clave está en la categoría
El cable de red, también llamado cable Ethernet o cable RJ45, es el que permite sacar todo el partido a nuestra conexión a Internet y exprimir al máximo lo que puede ofrecer el router. Basta con hacer una prueba de velocidad para comprobar cómo cambian los resultados al pasar de una conexión WiFi a una conexión por cable.
Ahora bien, aquí conviene hacer una puntualización importante: no todos los cables Ethernet son iguales. Según la categoría a la que pertenezcan, ofrecerán unas prestaciones u otras. Es decir, podrán soportar más velocidad, trabajar a una frecuencia más alta y mantener mejor el rendimiento, especialmente en instalaciones exigentes.
Un cable de red proporciona, por norma general, una conexión más estable y con menor latencia que cualquier red WiFi. Por eso sigue siendo la mejor opción para dispositivos como ordenadores, consolas o televisores, especialmente si queremos evitar cortes, reducir el retardo y aprovechar al máximo una tarifa de fibra rápida.
Además, el cable importa en todos los tramos de la instalación: tanto en el que va desde el router hasta el dispositivo final como en el que conecta el router con otros equipos de red. Al final, el rendimiento global siempre estará limitado por el eslabón más débil. Si uno de los cables no da la talla, ahí aparecerá el cuello de botella.
Cómo saber qué cable tienes
Identificar la categoría es sencillo, porque normalmente aparece serigrafiada en el propio cable. Verás las letras “CAT” seguidas de un número, como CAT 5e, CAT 6 o CAT 8. Ese dato es el que indica el nivel de prestaciones que puede ofrecer. Estas son las categorías más habituales y sus prestaciones máximas teóricas:
|
categoría |
Velocidad |
frecuencia |
velocidad de descarga |
|---|---|---|---|
|
Ethernet Cat 5 |
100 Mbps |
100 MHz |
15,5 MB/s |
|
Ethernet CAT 5E |
1.000 Mbps |
100 MHz |
150,5 MB/s |
|
Ethernet CAT 6 |
1.000 Mbps |
250 MHz |
150,5 MB/s |
|
Ethernet CAT 6A |
10.000 Mbps |
500 MHz |
1.250 MB/s o 1,25 GB/s |
|
Ethernet CAT 7 |
10.000 Mbps |
600 MHz |
1,25 GB/s |
|
Ethernet CAT 7A |
10.000 Mbps |
1.000 MHz |
1,25 GB/s |
|
Ethernet CAT 8 |
40.000 Mbps |
2.000 MHz |
5 GB/s |
No sirve de nada tener un gran router si el cable limita
Como decía aquel famoso anuncio, “la potencia sin control no sirve de nada”, y aquí esa idea encaja perfectamente. Puedes tener un router de gama alta, compatible con WiFi 7, y una conexión de fibra de 10 Gbps. Pero si usas un cable Ethernet de categoría 5, no podrás pasar de 100 Mbps. Para aprovechar una conexión gigabit necesitas, como mínimo, un cable Cat 5e, aunque lo recomendable hoy en día es partir ya de Cat 6.
Por eso, al comprar un cable de red, conviene no fijarse solo en el precio. A veces, por muy poca diferencia, puedes llevarte un cable bastante mejor preparado para el presente y también para el futuro.
Merece la pena gastar un poco más
Además, optar por un cable de más categoría no implica un desembolso importante. En mi caso, por ejemplo, he optado por un cable Cat 8 para conectar el ordenador y la consola, y me ha costado poco más de seis euros. Es apenas unos euros más que un Cat 5e de la misma longitud, pero me asegura un mayor margen de rendimiento y me evita quedarme corto a la mínima que mejore el resto de la instalación.
En definitiva, si vas a cablear algún dispositivo en casa, merece la pena mirar bien la categoría del cable antes de comprar. Es un detalle pequeño, pero puede marcar una diferencia enorme en velocidad, estabilidad y latencia.
Imagen de portada | Günther en Pixabay
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