La ciencia explica cómo calentar la casa aunque los radiadores estén apagados: así funciona la inercia térmica

Aunque se apaguen los radiadores liberan el calor acumulado poco a poco hasta que se enfrían

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Jose Antonio Carmona

Editor Senior

Si hay un gasto del hogar que se dispara cuando llega el invierno, ese es el de la calefacción. Y no solo porque necesitemos estar a gusto en casa cuando bajan las temperaturas, sino también porque el precio de la energía obliga a mirar muy bien cómo la usamos. Por eso nunca viene mal conocer algunos trucos para ahorrar en calefacción y, sobre todo, aplicar el sentido común.

En este sentido, hay algo básico que muchas veces pasamos por alto: entender bien cómo es nuestra casa y cómo funciona la calefacción que tenemos. No es lo mismo vivir en una vivienda bien aislada que en otra por la que se escapa el calor con facilidad, ni tampoco responde igual un radiador tradicional que un suelo radiante o una bomba de calor. Y ojo, porque tener claro todo esto te puede ayudar a aplicar una medida muy sencilla con la que ahorrar en calefacción sin complicarte la vida.

Hay una pregunta que se repite todos los inviernos: ¿sale mejor dejar la calefacción siempre encendida a una temperatura fija o ponerla solo cuando de verdad hace falta? La respuesta correcta es la segunda, y en este artículo te contamos por qué. Si partimos de la base de que lo más eficiente es encender la calefacción cuando estás en casa y apagarla cuando no la necesitas, hoy toca hablar de un concepto clave para entenderlo todo mejor: la inercia térmica.

¿Qué es la inercia térmica?

Radiador Imagen e24 en Unsplash

Si alguna vez te has fijado en los radiadores justo después de apagar la calefacción, habrás visto que no se enfrían de golpe, como si alguien accionara un interruptor. Su temperatura va bajando poco a poco y, de hecho, suelen tardar un par de horas en quedarse completamente fríos.

Con la casa pasa algo muy parecido. Si, por ejemplo, tienes la calefacción ajustada a 21 grados (la temperatura aconsejable) y la apagas, la vivienda no pierde ese calor de forma inmediata. Tardará unas cuantas horas en ir enfriándose hasta alcanzar un equilibrio entre la temperatura interior y la del exterior. Por eso es tan importante que la casa esté bien aislada, ya que así se ralentiza ese intercambio de calor y se conserva durante más tiempo una temperatura agradable.

Precisamente ese tiempo en el que tanto los radiadores como la vivienda siguen manteniendo el calor, aunque la calefacción ya esté apagada, es lo que se conoce como inercia térmica. Y lo mejor es que puedes aprovecharla a tu favor.

Un buen momento para hacerlo es antes de irte a dormir o justo antes de salir de casa para trabajar. No hace falta apagar la calefacción en el último segundo, ni justo antes de meterte en la cama ni cuando ya estás con la mano en el picaporte. Puedes hacerlo una o incluso dos horas antes. Al acostarte estarás arropado y podrás estar cómodo con una temperatura algo más baja. Y si sales de casa y no se queda nadie dentro, no tiene sentido seguir gastando energía para mantener caliente una vivienda vacía.

La inercia térmica en arquitectura

Termo

La definición técnica aplicada en edificación la recoge el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía o IDAE , que hace referencia a la inercia térmica de los materiales “velocidad con la que variaciones de diferente naturaleza, condiciones ambientales, etc. producen cambios en las condiciones térmicas interiores de una zona en concreto afectando, por lo tanto, a su demanda energética”.

Fíjate que, en el caso del consejo sobre la calefacción, se aprovecha cómo funciona tu propio sistema para ahorrar energía. En cambio, en la arquitectura bioclimática este mismo principio se aplica a los materiales de construcción, con el objetivo de reducir al máximo la energía que hace falta para mantener la casa a una temperatura confortable.

Así, una casa con buena inercia térmica es capaz de ir acumulando calor a lo largo del día y liberarlo poco a poco durante la noche, incluso cuando ya no hay sol o la calefacción está apagada, lo que ayuda a mantener una temperatura más confortable. Seguro que te suena por el calor que se libera poco a poco en las paredes que están expuestas al sol.

En edificación, la inercia térmica se mide en Kcal/m³·°C o en J/m³·°K, y hay materiales que destacan especialmente por su capacidad para almacenar calor, como el granito, la tierra seca o el adobe. De ahí que, a lo largo de la historia y en distintas zonas del mundo, hayan existido construcciones semienterradas o enterradas que aprovechaban precisamente esta propiedad.

Ojo, porque la inercia térmica de los materiales no es un concepto útil solo en invierno y cuando hablamos de calefacción. También juega un papel clave en verano. La diferencia está en que resulta especialmente eficaz en lugares donde hay grandes contrastes de temperatura entre el día y la noche o entre estaciones.

Foto de portada | BOOM Photography

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