Yo también cometí estos tres errores de novato al usar el termo eléctrico en casa: me costaron dinero y despilfarrar energía

Es un electrodoméstico muy sencillo de manejar, pero conviene tomar ciertas precauciones al hacerlo

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Paco Rodríguez

Editor Senior

En anteriores artículos hemos comentado algunos consejos para utilizar y aprovechar al máximo las posibilidades de nuestro termo eléctrico sin que se dispare la factura de la luz, recomendaciones que surgen de  a experiencia de unos cuantos años de uso con este tipo de sistemas.

Sin embargo, no todos nacemos siendo expertos y al principio de empezar a usar este tipo de equipos en casa cometimos algunos errores importantes que nos costaron dinero y supusieron el desperdicio de unos recursos ahora más caros y escasos que nunca.

El problema básicamente fue que estábamos acostumbrados en casa a tener un calentador a gas durante décadas con el que podíamos tener agua caliente "ilimitada", entendiendo esta como que no había que hacer nada especial, tan solo encender el calentador y darle al grifo.

Ya está, el agua caliente instantánea no se acababa nunca (mientras hubiese suministro de gas, claro), algo que sí sucede con los modelos de termo eléctricos. Pero veamos algunos de los errores que cometimos y los problemas que nos encontramos

No escogimos bien el tamaño del termo

termo Imagen: Aqua Marin

Los termos son básicamente unos depósitos de agua que se calientan con una resistencia hasta la temperatura deseada, pero tardan un cierto tiempo que puede irse fácilmente a una hora y media o dos horas, dependiendo de la temperatura del agua entrante y de la que queramos obtener.

De ahí que cuando sustituimos nuestro calentador a gas por un termo pensáramos en que íbamos a necesitar un modelo gigante, de unos 120 litros, un armatoste que además de ocupar media cocina consumía mucha electricidad para calentar el líquido en su interior, aunque afortunadamente por aquél entonces (hace más de 10 años) el precio por kilovatio hora era mucho más económico.

Tener un depósito tan grande tiene la ventaja de que lógicamente tienes agua caliente de sobra para incluso llenar la bañera o para unas cuatro duchas seguidas cortas sin que falte agua caliente. Pero claro, tienes que calentar ese enorme volumen de agua cada vez que vas a usarla.

Si vais a realizar varias duchas seguidas cada día puede salir rentable, pero un día que estás solo o que simplemente quieres un poco de agua caliente para el lavabo o fregar los platos, tener que calentar toda esa cantidad de agua y sobre todo mantenerla caliente todo el día aunque sea a baja temperatura consume mucha energía.

De ahí que posteriormente tras estropearse el termo y tener que sustituirlo unos años más tarde optásemos por un modelo más pequeño, con 80 litros de capacidad, un volumen que en general nos es más que suficiente en el uso diario para varias duchas cortas seguidas y para mantener agua caliente sanitaria con un menor coste. Muy bien pero, ¿y si algún día necesitas más cantidad de agua caliente para por ejemplo llenar la bañera?

La importancia de saber elegir bien la temperatura de uso

Termo Imagen: Aqua Marin

En estos casos con un termo más pequeño podemos jugar con la temperatura a la que calentamos el agua, ya que esta nos dará un cierto margen de superar el volumen de agua caliente total del que disponemos.

En nuestro caso, los primeros años como el coste de la electricidad era mucho menor, teníamos el termostato a unos 60 grados (el termo puede regularse de 40 a 80 grados), esto permite que puedas abrir el agua fría y unirla con el agua más caliente de lo normal del termo multiplicando la cantidad de agua total disponible y teniendo para llenar una bañera o para añadir alguna ducha extra más, pero el desperdicio de energía es grande.

De hecho, este tema de elegir bien la temperatura es clave tanto para ahorrar como para tener un agua caliente agradable, ya que si te quedas corto seleccionando la temperatura saldrá siempre fría y si te pasas saldrá siempre quemando y tendrás que regular con la fría hasta encontrar el punto ideal.

No es que sea un problema si tienes el termo justo al lado del grifo, ya que la regulación es instantánea, pero si hay decenas de metros de tubería hasta por ejemplo llegar al cuarto de baño, el desperdicio de energía y agua puede ser importante cada vez que abres el grifo.

Por eso la recomendación más habitual es que al comprar el termo probemos a seleccionar varias temperaturas diferentes en el termostato y las dejemos un par de días funcionando cada una hasta ver cuál resulta más adecuada para nosotros de forma que ni nos quememos ni se que quede fría el agua.

Además, el tema de la temperatura también varía con la época del año, ya que el agua que llega por las tuberías tiene también variaciones térmicas importantes. En mi caso, antes dejábamos siempre la misma temperatura fija en el termostato. Ahora la cambiamos según la temporada.

Por ejemplo, en otoño e invierno cuando hace más frío lo tenemos puesto a 50 grados para uso normal y si algún día necesitamos más agua caliente lo subimos puntualmente a  60 grados. En primavera y verano lo bajamos al mínimo que permite que son 40 grados y si algún día puntual necesitamos más agua caliente subimos a 50 grados.

Tener el termo todo el día encendido

termo Imagen: José Antonio Carmona

Queríamos tener agua caliente sanitaria para los lavabos y el fregadero, así que en principio nos parecía lógico que tuviésemos que tener el termo todo el día encendido para que la mantuviese a la temperatura ideal.

Sin embargo, con el tiempo nos dimos cuenta de que realmente no es necesario,  suponiendo un gasto eléctrico importante, ya que cada vez que el agua se va enfriando la resistencia vuelve a encenderse una y otra vez, algo que puede repetirse con frecuencia si abrimos los grifos por ejemplo para lavarnos las manos.

En la mayoría de termos modernos con conectarlo un par de horas antes de usar el agua caliente para ducharnos puede ser suficiente, o dejarlo encendido un poco más después de la ducha si queremos tener un remanente de agua templada para usos sanitarios y fregar los platos.

Durante el resto del día el termo estará a pagado y efectivamente el agua se irá enfriando poco a poco, pero si el termo es medianamente bueno lo hará tan despacio que no lo notaremos.

Por ejemplo, en mi caso con los dos modelos que hemos tenido si seleccionábamos 40 grados de temperatura y apagamos el termo tras las duchas de la mañana, el agua se mantiene caliente durante todo ese día e incluso al día siguiente sigue templada a una temperatura agradable que rondará los 25-30 grados.

Aquí entran en juego dos factores: la temperatura ambiental que haga en la cocina o sala donde esté instalado y la capacidad del termo para mantener el calor dentro. En el primer caso si estamos en verano o vivimos en una región calurosa, fácilmente podremos tener agua caliente a unos 30 grados sin que el termo tenga que hacer mucho esfuerzo, sobre todo en verano.

En cuanto a la capacidad del termo para mantener el agua caliente sin aporte extra de energía, es precisamente para lo que están diseñados, por lo que no hay que extrañarse de que lo hagan tan bien en periodos que fácilmente superan las 12-24 horas, dependiendo del modelo, algo que puede ahorrarnos mucho gasto eléctrico sobre todo sin no necesitamos el agua muy caliente.

Imagen portada | Bosch en Amazon

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