Ya hemos visto en otras ocasiones cómo un elemento tan básico pero fundamental en nuestras cocinas como es la sal puede utilizarse para diferentes trucos caseros de lo más diverso, desde para evitar la formación de hielo, hasta para mejorar la limpieza del cuarto de baño.
Pero hay además otro truco procedente del saber popular que suele empezar a cobrar importancia pasado el verano, en cuanto empiezan las lluvias otoñales y la humedad del ambiente se dispara: colocar tarros a medio llenar de sal en diferentes partes de la casa. ¿para qué sirve? y sobre todo, ¿funciona o es un mito?
La sal como absorbente de la humedad
En el mercado venden diferentes sistemas para quitar la humedad dentro de las casas, como los geles especiales que la van captando poco a poco hinchándose en el proceso y que probamos en su día. Para ello se utilizan materiales higroscópicos, es decir, que tienen la propiedad de absorber la humedad del medio en el que se encuentran, ya sea aire o líquido.
Y la sal es un elemento que tiene justamente esta propiedad, aunque en menor medida que los absorbentes comerciales especialmente formulados para ello. No obstante, es capaz también de capturar parte de la humedad relativa del aire, por lo que hay quien pretende usarla para este fin.
Así, el truco de la sal consiste básicamente en poner un recipiente, como puede ser un tarro, un vaso o incluso un saquito de tela lleno de sal común, a ser posible de la gorda, y colocarlo por dentro de un armario, en la despensa o junto a las ventanas de la casa. También se pueden poner dentro del bote elementos que aporten olor, con hierbas como la lavanda o el romero.
¿Para qué se hace esto? Pues para tratar de absorber el exceso de humedad típico de las épocas de otoño e invierno, sobre todo cuando comienzan las primeras lluvias, evitando que la condensación se acumule en los cristales y acabe dejándolo todo mojado y empañado.
¿Funciona? Si, pero no tan bien como querríamos. De hecho si pruebas a hacerlo, lo más probable es que el efecto que notemos sea más bien bajo. El motivo es que, a pesar de ser un producto higroscópico, la sal solo comienza a absorber esa humedad ambiental de forma notable cuando se supera el 75% de humedad relativa en el aire, un porcentaje muy elevado para el interior de una vivienda, donde raro es que se superen los niveles del 60% de humedad salvo en casos extremos o cuando ha estado lloviendo mucho de forma persistente.
Entonces ¿no merece la pena usar este truco nunca? Pues si no tenemos otro producto a mano y la humedad relativa es muy elevada en un momento dado, rondando ese 75% sí puede ser de utilidad, sobre todo en espacios cerrados como por ejemplo dentro de un armario para que la ropa no huela a humedad, en una despensa o en un cuarto de baño donde al ducharnos se llena todo de vaho.
De lo contrario, colocar un tarro con sal junto a la ventana no impedirá que se empañen los cristales cuando llueve ni que el espejo del baño se llene de gotitas de agua mientras nos duchamos cada mañana. Para ello es una mejor opción (y más cara, claro) optar por un deshumidificador eléctrico o incluso usar el aire acondicionado con esta función.
Imagen portada | Ani Coloca
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