Cuando realizamos una reforma, el suelo es uno de los elementos que se suelen cambiar. Pero ¿es conveniente hacerlo siempre? Los expertos coinciden en que hay un caso en el que retirarlo puede ser un error: cuando se trata de un suelo hidráulico original.
Aunque no todo el mundo lo sabe, el suelo hidráulico puede aportar un enorme valor, tanto económico como artístico, a una vivienda. A continuación, explicaremos en qué consiste, por qué no debe confundirse con las opciones modernas y por qué se considera tan valioso.
Qué es el suelo hidráulico
En España es muy habitual encontrarlo en viviendas modernistas, pisos antiguos, casas señoriales y edificios históricos, sobre todo en ciudades como Barcelona, Valencia o Madrid. De hecho, fue muy popular entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX.
Como decía antes, no me refiero a los suelos modernos que imitan el suelo hidráulico y que se pueden encontrar en comercios especializados. El auténtico, el original que tienen muchas casas antiguas, es muy distinto: es un pavimento formado por baldosas decorativas (seguro que has visto alguna), normalmente de cemento pigmentado, que se fabrican mediante prensado en moldes y sin cocción en horno.
Pero ¿de dónde viene lo de hidráulico? Es algo que a mí me despistaba hasta que me puse a investigar. El término procede del proceso tradicional de fabricación: una vez prensadas, las piezas se endurecen gracias a la hidratación del cemento y se mantienen húmedas durante el curado.
Aunque hoy existen imitaciones cerámicas y porcelánicas, el hidráulico tradicional suele estar compuesto por varias capas. La superior es la decorativa, hecha con cemento blanco, polvo de mármol y pigmentos minerales; debajo hay capas de cemento y áridos que aportan resistencia y estabilidad.
Por qué es tan valorado
Que sea un elemento tan valioso se debe a varios aspectos, y así lo consideran los expertos. Desde Velló Monfort Arquitectes engloban los mosaicos hidráulicos entre los elementos originales que merece la pena estudiar antes de reformar un piso antiguo. Y, para comprobar que se trata de un elemento que conviene valorar, otra opinión a tener en cuenta es la del arquitecto Miguel Ángel Calvo, de BCN Arquitecto: “son fragmentos de identidad que aportan carácter y autenticidad a una construcción”.
En declaraciones a La Vanguardia, la arquitecta e interiorista Núria Selva, de NSV Studio, cuenta que durante una reforma, al levantar un pavimento instalado en una intervención realizada en los años setenta, se encontraron con el mosaico hidráulico original. Y aunque estaba bastante deteriorado y los propietarios llegaron a plantearse cubrirlo con parquet, esta experta se opuso: “Insistí mucho en que hacerlo significaba volver a ocultar precisamente uno de los elementos que daban sentido a la vivienda”.
Para ella, el hidráulico no es simplemente decoración. Junto con molduras, carpinterías, techos altos y otros elementos originales, permite “volver a leer la arquitectura que ya existía”. En este caso concreto, además, el pavimento tenía protección patrimonial.
Podríamos enumerar varias razones por los que este suelo tiene un gran valor para los expertos:
- No es solo un revestimiento sino parte de la arquitectura original y sirve para conservar la historia y la identidad de la vivienda.
- Es muy duradero: bien instalado y mantenido, puede durar muchas décadas. Por eso siguen apareciendo suelos originales perfectamente utilizables en edificios durante decenas de años.
- Fue elaborado mediante técnicas artesanales difíciles de reproducir exactamente.
- Sus dibujos pueden pertenecer a un fabricante o periodo concreto y hay de todo tipo: dibujos geométricos, florales y cenefas muy elaboradas
- Sus imperfecciones, desgaste y envejecimiento son características que una baldosa recién fabricada no puede reproducir de manera auténtica. Con el uso desarrolla una cierta pátina que le da un gran valor.
Un ejemplo del valor que se le da es el de Casa Salvador. Durante la reforma la empresa responsable, SIGLA Studio, decidió recuperar el suelo hidráulico original. Al buscar piezas para sustituir las que faltaban descubrieron que los mosaicos habían sido fabricados por Teotim Fortuny, fabricante catalán que fundó su empresa en 1895.
En una vivienda antigua, conservar el hidráulico original puede formar parte del carácter arquitectónico del inmueble. Sustituirlo implica perder un elemento difícil de reproducir exactamente.
Actualmente abundan las baldosas cerámicas o porcelánicas que simplemente reproducen su estética mediante impresión, pero que se fabrican de una manera completamente distinta.
Precisamente por eso, cuando aparece un suelo hidráulico original durante una reforma, arquitectos y restauradores suelen estudiar primero si merece la pena recuperarlo antes que sustituirlo: además del valor estético, puede ser una de las piezas que mejor conservan la identidad original de la vivienda.
Imagen portada | Antonio Bravo-Nieto, 2013
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