Manuel Amate, electricista: “No pongas el aire acondicionado a 19 grados porque no va a dar más frío”

Lo ideal para conseguir un ambiente agradable y un consumo adecuado está en una temperatura cercana a los 28°

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Jose Antonio Carmona

Editor Senior

Llegar a casa en pleno verano y notar que dentro hace casi tanto calor como en la calle es una sensación bastante desesperante. Sobre todo cuando venimos sudando, cansados y con ganas de encontrar un poco de alivio nada más cruzar la puerta.

En esos momentos, lo fácil es ir directo al mando del aire acondicionado y bajar la temperatura al mínimo. Pero no siempre es la mejor idea. De hecho, si queremos enfriar la casa sin que la factura de la luz se dispare, lo importante no es poner el equipo a trabajar al máximo, sino usarlo con un poco de cabeza.

Aire Acondicionado Sucio

Mantener una temperatura estable en casa ayuda a estar más cómodos, pero también evita esos cambios bruscos al pasar de una habitación a otra. Y de paso, permite que el sistema de climatización trabaje de forma más eficiente.

El error más habitual cuando llegamos de la calle es poner el aire acondicionado a 18 o 19 grados pensando que así la habitación se enfriará antes. Pero no funciona exactamente así y de hecho, así lo advierte Manuel Amate, electricista en una entrevista en el programa de televisión Espejo Público.

“Configurar la temperatura lo más cerca posible de los 28 grados es ideal para mantener el confort sin un consumo energético excesivo.”

El aparato no va a expulsar aire mucho más frío por bajar el termostato al mínimo. Lo que sí hará es trabajar durante más tiempo, consumir más electricidad y forzar más la máquina. Al final, el resultado puede ser una habitación demasiado fría, más gasto y un uso menos eficiente del equipo.

Para conseguir una sensación rápida de frescor, hay una función que suele pasar desapercibida y que puede ser mucho más útil: el modo turbo, potente o de impulsión rápida, según cómo lo llame cada fabricante.

Esta opción aumenta durante unos minutos la velocidad del ventilador interno y mueve más caudal de aire. Así se consigue repartir antes el aire frío por la estancia y generar una sensación de alivio casi inmediata, sin necesidad de bajar la temperatura a lo loco.

Ventilador y aire, para cosas distintas

Aire Acondicionado

También conviene tener claro ventilador y aire acondicionado no sirven para lo mismo. El aire acondicionado y el ventilador pueden parecer rivales, pero en realidad se complementan muy bien.

El aire acondicionado es la mejor opción para salones, zonas comunes o estancias en las que pasamos muchas horas durante el día. Su ventaja es clara: baja la temperatura real del aire y permite mantener un ambiente más estable.

Además, en un split bien colocado, no hace falta sentarse justo debajo del chorro de aire para notar el frescor. El equipo puede repartir la temperatura por la habitación de forma más homogénea, siempre que las lamas estén bien orientadas y no haya obstáculos delante.

El ventilador, en cambio, juega en otra liga. No enfría el aire ni baja los grados de la habitación, pero mueve el aire y genera una brisa que ayuda a que el cuerpo pierda calor. Y eso, cuando la temperatura no es extrema, puede ser suficiente para estar mucho más cómodos.

Su gran ventaja está en el consumo. Un ventilador gasta bastante menos que un aire acondicionado, por lo que puede ser una buena solución para muchas horas de uso, especialmente por la noche o en habitaciones donde no necesitamos bajar realmente la temperatura.

Por eso, en los dormitorios la estrategia puede ser distinta. Para dormir, muchas veces resulta más cómodo y saludable usar un ventilador, sobre todo si es de techo y funciona a baja velocidad.

Dormir toda la noche con el aire acondicionado encendido puede provocar sequedad en la garganta, molestias musculares si el chorro de aire nos da directamente o esa sensación de levantarnos “tocados” al día siguiente.

Un ventilador, bien colocado y a una velocidad suave, ayuda a mover el aire sin crear una corriente tan agresiva. No enfría la habitación, pero mejora la sensación térmica y puede hacer que dormir sea mucho más llevadero.

Eso no quiere decir que haya que renunciar al aire acondicionado por la noche. En plena ola de calor, o cuando la vivienda acumula demasiada temperatura, puede ser necesario usarlo. Pero en ese caso conviene hacerlo con moderación: preenfriar la habitación antes de acostarse, activar el modo noche o programar el temporizador.

La clave está en combinar ambos aparatos según el momento del día y la estancia. Aire acondicionado para bajar la temperatura cuando realmente hace falta, y ventilador para mantener el confort con un consumo mucho más bajo.

Usados así, no solo se consigue una casa más agradable en verano. También se evita forzar la máquina, se reduce el gasto eléctrico y se gana en comodidad sin convertir cada habitación en una nevera.

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