Llevo bastantes años usando una tira LED en la parte trasera de la tele. Es una tira sencilla: no la tengo configurada para que se adapte a los colores que se muestran en la pantalla y, aun así, pese a que he cambiado de modelo, me sigue resultando particularmente útil. Lo curioso es que casi siempre la uso en el mismo color y ahora me entero que es beneficioso para la salud.
Ojo, que no estoy diciendo que sirva como remedio para curar ninguna enfermedad. Pero cuando mi pareja me decía “cambia la tira y ponla en ese color”, yo me lo tomaba un poco como un capricho. Ahora sé que tiene una base científica.
Normalmente he usado la tira LED en la zona trasera de la tele en color rojo o, en su defecto, en un color anaranjado tirando bastante a un rojizo clásico. Pese a que de vez en cuando me gusta experimentar y probar con colores y efectos nuevos, siempre termino apostando por el rojo: ni azul, ni verde ni otro tono. Además de lo que me decía mi pareja, realmente me resulta más relajante. Lo que me ha sorprendido es que esto tiene una base científica.
Hasta ahora tenía claro lo que dicen la ciencia y los estudios científicos sobre llevarse el móvil a la cama o tener bombillas LED de luz blanca brillante en la mesita de noche: viene a ser algo así como sabotear tu propio descanso sin saberlo.
Llevamos años escuchando que la luz azul (la de las pantallas) es el enemigo. Pero la ciencia del sueño ha empezado a señalar a un aliado inesperado: la luz roja. No es magia ni tecnología; es pura biología evolutiva respaldada por estudios recientes.
Tu ojo es un interruptor
La luz regula el ritmo circadiano, el reloj interno que marca cuándo dormimos y cuándo estamos despiertos. De forma natural, se sincroniza con el sol: nos activamos con el amanecer y nos entra sueño al atardecer. Una ecuación en la que se mezclan los ojos y las luces.
Para entender por qué funciona la luz roja, primero hay que entender cómo funciona tu cuerpo. En los ojos contamos con unas células especiales llamadas ipRGCs, que no sirven para ver imágenes, sino para medir la luz ambiente. Son como un interruptor biológico.
Aquí es cuando entra en acción el mecanismo: funciona a base de luz. Si detectan luz azul o luz blanca (como puede ser la que proviene de la pantalla del móvil), le están diciendo a nuestro cerebro algo así como que encienda el interruptor: le están pidiendo a nuestro cuerpo que corte la melatonina.
Ese elemento (la melatonina) tan de moda hoy día —y del que quizá hayas escuchado en las noticias— es la hormona que te dice que es hora de dormir y repara tu cuerpo. Sin ella, el descanso es superficial. Y la luz roja está ahí para no interferir: estas células son prácticamente ciegas a la luz roja.
En casa estoy usando la luz roja antes de dormir en las habitaciones
Lo que dice la ciencia. No se trata solo de una teoría. Varios estudios han puesto esto a prueba con resultados fascinantes. Por ejemplo, el estudio de Zhao (2012) habla del efecto “Atleta de Élite”: un grupo de investigadores cogió a un equipo de jugadoras de baloncesto de alto rendimiento y las expuso a terapia de luz roja todas las noches durante dos semanas.
¿El resultado? No solo durmieron mejor, sino que sus análisis de sangre mostraron niveles mucho más altos de melatonina. Al dormir más profundo, su recuperación física mejoró.
Una conclusión parecida a la que llega el estudio de Figueiro, que habla de una especie de “modo zombi”. ¿Te ha pasado que te despiertas a medianoche para ir al baño, enciendes la luz y, de repente, estás desvelado? Eso es la luz blanca activando tu cerebro.
La investigadora Mariana Figueiro descubrió que la luz roja es perfecta para esos momentos. Te permite ver lo suficiente para no tropezar, pero no rompe el ciclo de sueño. Tu cerebro sigue pensando que está en modo nocturno, por lo que volver a dormirte es mucho más fácil.
La explicación científica
Uso también esos tonos con otras luces en casa
¿Por qué el rojo y no el verde o el amarillo? Es una cuestión evolutiva. Durante millones de años, la única luz que nuestros ancestros veían por la noche era el fuego de una hoguera o las brasas (tonos naranjas y rojos) y el atardecer.
Nuestro cerebro aprendió a asociar esos tonos cálidos con la seguridad y el descanso. La luz blanca/azul, por el contrario, siempre significó “sol” y “actividad”. Al poner luz roja en tu habitación, estás simulando ese entorno ancestral en pleno siglo XXI.
Según el Dr. Praveen Rudraraju, director médico del Centro de Medicina del Sueño de los hospitales Northern Westchester y Phelps de Northwell: “Por la mañana, la luz solar natural (especialmente la luz azul) llega a los ojos y le indica al cerebro que deje de producir la hormona del sueño”. Según este especialista, “esto aumenta el estado de alerta, mejora el estado de ánimo y ayuda a establecer el ritmo circadiano para que sientas sueño en el momento adecuado más tarde”. Por la noche, cuando oscurece, el cerebro comienza a prepararse para dormir. Y la luz azul de las pantallas o las luces blancas le dicen a nuestro cerebro todo lo contrario: despierta.
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