Limpiar los raíles de las ventanas correderas era un infierno. Con este truco es casi un juego de niños

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Jose Antonio Carmona

Editor Senior

Limpiar las ventanas de casa no suele ser demasiado complicado. Un limpiacristales, una bayeta y poco más son suficientes para dejarlas bastante bien. El problema aparece cuando toca enfrentarse a una de esas zonas en las que la suciedad parece esconderse a propósito: los rieles de las ventanas correderas.

Es un espacio estrecho, lleno de pequeños recovecos y en el que con el paso del tiempo se acumulan polvo, tierra, pelos, restos de insectos y todo tipo de suciedad. Además, pasar una bayeta no siempre sirve porque los dedos no llegan bien al fondo de los carriles.

Precisamente para evitar tener que recurrir al aspirador, a un cepillo pequeño o a desmontar parte de la ventana, se ha popularizado en redes sociales un truco muy sencillo. Solo hacen falta dos o tres tiras de papel higiénico y un poco de producto de limpieza.

El papel hace de bayeta

El funcionamiento es bastante ingenioso. Lo primero es cortar varias tiras de papel higiénico suficientemente largas como para cubrir la zona del riel que queremos limpiar. Lo ideal es utilizar dos o tres capas, ya que una sola puede romperse fácilmente cuando se humedece.

Hay que colocarlas longitudinalmente sobre el carril, procurando que el papel entre ligeramente en las ranuras y cubra especialmente las zonas en las que se ha acumulado más suciedad.

El siguiente paso consiste en humedecerlo. En muchos de los trucos que circulan por redes sociales se utiliza vinagre de limpieza, aunque también se puede recurrir a un limpiador adecuado para el material de la ventana. La idea no es inundar el riel, sino conseguir que el papel quede húmedo y permanezca en contacto con la suciedad. 

Aquí está precisamente una de las claves del método. El papel funciona como una especie de compresa: mantiene el líquido sobre la superficie durante varios minutos y ayuda a reblandecer la suciedad que se ha ido quedando pegada al fondo del carril. Algunas variantes recomiendan dejarlo actuar entre 10 y 15 minutos antes de continuar. 

La propia ventana hace el trabajo

Después llega la parte más curiosa. En lugar de retirar directamente el papel, hay que deslizar la hoja de la ventana sobre él.

Al cerrar y abrir la ventana, la parte inferior de la hoja va empujando el papel húmedo a través del riel. De esta forma, el papel se adapta a la forma del carril y arrastra buena parte del polvo y de la suciedad que se ha desprendido.

En cierto modo, estamos utilizando la propia ventana como herramienta de limpieza. La presión que ejerce sobre el papel hace que este llegue a zonas en las que resulta difícil introducir los dedos o una bayeta convencional. 

Una vez que el papel haya recorrido el carril, solo hay que retirarlo. Lo normal es que salga bastante oscuro si hacía tiempo que no limpiábamos esa zona.

Si todavía quedan restos en las esquinas o alrededor de los pequeños huecos del marco, se puede terminar el trabajo con un paño de microfibra, un bastoncillo o un cepillo pequeño. Por último, conviene dejar el riel seco antes de cerrar definitivamente la ventana. 

Mejor quitar primero la suciedad más gruesa

Eso sí, el truco tiene más sentido como método de limpieza que como sustituto absoluto del aspirador.

Si el riel está lleno de arena, hojas, piedrecitas o grandes cantidades de polvo, es preferible retirar primero esa suciedad en seco. Si mojamos directamente una gran cantidad de polvo podemos acabar formando una especie de barro que después será más difícil de sacar.

En esos casos basta con pasar previamente el aspirador o un pequeño cepillo y utilizar después el papel húmedo para llevarse la suciedad que permanece adherida. De hecho, uno de los problemas habituales al limpiar estos carriles es precisamente añadir demasiado líquido sobre el polvo acumulado. 

También conviene tener cuidado con el producto utilizado. El vinagre aparece en muchas versiones de este truco porque ayuda a desprender determinados restos de suciedad, pero no todos los materiales y acabados reaccionan igual a los limpiadores ácidos. Si hay dudas sobre el marco o el acabado de la ventana, una solución de agua con un poco de jabón neutro puede ser una alternativa más conservadora.

Al final, el truco funciona por algo bastante sencillo: humedad para ablandar la suciedad, papel para atraparla y el movimiento de la propia ventana para arrastrarla. Y todo utilizando algo que prácticamente todo el mundo tiene ya en casa.

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