La palabra desechable o la indicación de que una toallita puede tirarse por el inodoro transmite una tranquilidad que no siempre coincide con su comportamiento dentro de una tubería. El problema aparece después de accionar la cisterna, cuando el material debe deshacerse, atravesar la instalación doméstica y continuar por el alcantarillado.
Emma Seymour, especialista en fibras y directora asociada del laboratorio textil de Good Housekeeping Institute, comparó la disolución de estos productos con la del papel higiénico. Su conclusión fue clara: “En nuestras pruebas, ninguna toallita se disolvió tan rápido como el papel higiénico”.
Una toallita está fabricada para resistir
El papel higiénico se produce con pulpa prensada en hojas finas y pierde su estructura rápidamente al mojarse y agitarse. Una toallita es un tejido más grueso, elaborado con pulpa de madera y, en muchos casos, fibras sintéticas. Debe aguantar húmeda dentro del envase y no romperse durante la limpieza.
Esa resistencia continúa dentro del desagüe. Algunas toallitas etiquetadas como aptas para el inodoro se fragmentan más que las infantiles o cosméticas, pero lo hacen mucho más despacio que el papel. Pueden quedar atrapadas en codos, unirse a otros residuos y formar un tapón.
En España, la recomendación doméstica sigue siendo llevarlas a la papelera. Ya hemos visto que las toallitas utilizadas para limpiar el baño nunca deberían acabar en el desagüe, aunque el envase utilice expresiones que sugieran lo contrario.
El atasco puede aparecer lejos de nuestra casa
Eddie Linares, experto en fontanería de American Home Shield, advierte de que “pueden obstruir tuberías y equipos de las depuradoras”. Cuando se mezclan con grasas y aceites, forman masas compactas conocidas como fatbergs. Estas acumulaciones dificultan el tratamiento de aguas y elevan el riesgo de desbordamientos de aguas residuales.
Una toallita que supera las tuberías de una vivienda tampoco desaparece. Puede quedarse en la red municipal o liberar microfibras. Linares añade que los animales podrían confundir estos residuos con alimento y sufrir problemas de salud.
Los costes tampoco terminan en la factura del fontanero. Las empresas de saneamiento dedican recursos a retirar estas masas de bombas y conducciones. El problema de las toallitas en el alcantarillado español genera un sobrecoste estimado de unos 230 millones de euros anuales, según datos de la asociación sectorial DAQUAS.
La etiqueta no garantiza que sean seguras para nuestra instalación
Las condiciones de una prueba de laboratorio no reproducen necesariamente una tubería antigua, con poca pendiente, raíces, depósitos o un diámetro reducido. Tampoco contemplan que se tiren varias toallitas seguidas. Por eso un producto puede superar un criterio de dispersión y aun así dar problemas en una instalación concreta.
Linares asegura que muchos fabricantes de inodoros desaconsejan estos productos y que algunos pueden excluir de la garantía los daños relacionados con su uso. La avería dependerá de dónde esté el bloqueo y de si hay que abrir una pared o el suelo.
Quien quiera continuar usando toallitas puede colocar una papelera pequeña con tapa junto al inodoro. El bidé, una ducha higiénica o las espumas que se aplican sobre papel higiénico son alternativas que reducen la cantidad de tejido resistente enviada a la basura.
Por el váter deberían pasar únicamente los residuos fisiológicos y el papel higiénico en una cantidad razonable. Incluso el papel debe desecharse de acuerdo con el estado de la instalación. Una papelera evita que la promesa impresa en el paquete termine poniendo a prueba las tuberías.
Imágenes | LinkedIn y Dall-E con edición
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