Cómo quitar etiquetas de tarros de cristal sin esfuerzo: el truco definitivo (sin rascar ni jabón)

A usar agua caliente, esta se encarga de ablandar el pegamento transformándolo en una especie de pasta fácil de quitar

Tarros de cristal
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Jose Antonio Carmona

Editor Senior

Es muy habitual tener en casa conservas en botes de cristal. Puede que, cuando las hayas terminado, acabes llevando los botes al contenedor verde para reciclarlos. Pero también puedes darles un uso todavía mejor: reutilizarlos para almacenar alimentos (y otras cosas) en casa

Los tarros de cristal que solemos comprar en el supermercado son una idea fantástica para organizar la casa o incluso para decorar, si eres lo suficientemente manitas. El problema está en las etiquetas que vienen pegadas. Por suerte, con este truco será mucho más fácil quitarlas.

Bote Cristal Etiqueta

Porque, muchas veces, el cristal puede tener una forma y un diseño realmente llamativos, perfectos no solo para guardar alimentos —en casa, por ejemplo, los usamos para los frutos secos—, sino también para decorar. El inconveniente es la etiqueta del producto, que viene adherida y que a veces resulta casi imposible de despegar. A diferencia de los envases retornables, diseñados para limpiarse con facilidad, los frascos comerciales suelen llevar adhesivos de alta resistencia.

Sin embargo, quitar esas etiquetas no será un problema gracias a un par de trucos infalibles para lograrlo sin sufrir en el intento. Además, no tendrás que pasarte un buen rato rascando con agua y jabón ni dejarte las uñas en el proceso.

El truco del agua caliente

Tarro de cristal Imagen | Mche Lee en Unsplash

Así de sencillo y así de efectivo. El agua caliente es el mejor sistema para ablandar el pegamento de las pegatinas de los tarros de cristal. Lo único que tienes que hacer es lavar el bote a mano para quitar los restos de comida y, después, aprovechar que vas a usar el lavavajillas para introducirlo. Eso sí, siempre utilizando un ciclo de alta temperatura.

En la mayoría de los casos, el calor hará que el papel se desprenda solo o que puedas retirarlo con los dedos, sin el menor esfuerzo, al terminar el lavado.

Tarros de cristal

Otra opción que yo uso en casa es llenar un pequeño barreño con agua bastante caliente y, al mismo tiempo, llenar también el tarro de cristal con agua y cerrarlo. Luego lo dejo sumergido durante unas horas en el agua caliente y, cuando vuelvo, la pegatina se ha despegado sola.

Adiós a los restos de pegamento. Si la etiqueta ya no está, pero el tarro sigue pegajoso, no te preocupes. Tienes dos opciones caseras muy eficaces:

  • La primera opción es usar aceite, del que tienes en la cocina. Lo que debes hacer es cubrir con un poco de aceite la zona que ha quedado sin etiqueta, pero todavía pegajosa, y dejarlo actuar durante una hora. Pasado ese tiempo, frota con un paño empapado en agua templada; verás cómo la grasa ayuda a disolver el adhesivo por completo.
  • Luego hay otra opción aún más rápida: usar quitaesmalte. En este caso, lo que tienes que hacer es empapar un algodón —también puede servir una esponjita para desmaquillar— y pasarlo sobre la zona que aún queda pegajosa. Eliminará los restos fácilmente y, después, solo tendrás que limpiar la superficie con un paño húmedo.

Para el final queda la parte opcional, que no es otra que decorarlo. En casa los dejamos tal y como están para guardar frutos secos, pero, si te atreves, cuando el tarro esté completamente limpio y seco, puedes usar pinturas apropiadas o rotuladores permanentes para darle un toque personal y utilizarlo como elemento decorativo.

¿Por qué funciona?

La base de este truco tiene una explicación científica. El calor se encarga de ablandar el pegamento, ya que las altas temperaturas convierten el adhesivo de la etiqueta en una pasta viscosa que pierde su fuerza de agarre. Por otra parte, el agua atraviesa el papel y penetra hasta la capa de pegamento, rompiendo sus uniones químicas.

Y, al final, se produce una expansión térmica. El cristal, el adhesivo y el papel se expanden a distintas velocidades al calentarse. Esta diferencia de movimiento crea una tensión que ayuda a separar las capas.

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