John vive en una casa del Reino Unido cuya parte más antigua se construyó hacia 1760 con muros macizos de arenisca. El edificio creció después con una zona de ladrillo de 1917 y otra ampliación de 1975 con cámara aislada. Su calefacción dependía de gasóleo y de un depósito de acero de 2.000 litros que llevaba alrededor de 30 años en el garaje.
El propietario sustituyó aquel sistema por una bomba de calor y permitió que Heat Geek revisara los datos del primer año. Este cambio ha supuesto un rendimiento estacional cercano al 520 %. Para John, quitar el gasóleo ha sido “un cambio enorme” por las entregas, el olor y el riesgo de fugas que acompañaban al depósito.
Gastó 3.982 kWh en calefacción y agua caliente
La bomba consumió 3.982 kWh de electricidad durante doce meses para calentar la vivienda y producir agua caliente. A la tarifa contratada por John, esa energía costó unas 836 libras (unos 976 euros). Antes pagaba de 1.200 a 1.500 libras anuales (1.400-1.750 euros) por el gasóleo.
La diferencia se sitúa entre 364 y 664 libras al año, aproximadamente un 30 % menos frente al extremo inferior de su gasto anterior y un 44 % frente al superior. Esa comparación se refiere al coste de uso.
El 520 % se entiende mejor como un coeficiente de rendimiento estacional de alrededor de 5,2. Por cada kWh eléctrico consumido, el sistema entregó cerca de 5,2 kWh térmicos al circuito. La máquina no creó energía: tomó calor del aire exterior y utilizó electricidad para trasladarlo al interior. Con ese rendimiento, los 3.982 kWh eléctricos equivaldrían a unos 20.700 kWh de calor útil durante el año medido.
Esta relación es la que explica por qué una bomba puede dar varios kWh de calor por cada kWh comprado. El SCOP permite comparar ese rendimiento durante una temporada, aunque el resultado cambia con el clima, la temperatura del agua y el diseño de la instalación.
La parte antes fría dejó de tener condensación
La zona de ladrillo orientada al nordeste era fría y húmeda con el sistema anterior. Tras la reforma se mantuvo caliente y seca, según el propietario. También bajó la humedad relativa, mejoró la condensación y la temperatura quedó más igualada entre las distintas partes de la casa.
Ese resultado no prueba que cualquier edificio del siglo XVIII vaya a obtener un COP de 5,2. El dato corresponde a una vivienda, un año meteorológico, una tarifa y unos hábitos concretos. Tampoco permite separar en la factura qué parte se destinó a calefacción y cuál al agua caliente.
El caso sí ayuda a desmontar una simplificación habitual: la fecha de construcción no determina por sí sola si una bomba de calor funcionará. Pesan más la pérdida térmica real, el tamaño de los radiadores, la potencia del equipo y la temperatura de impulsión necesaria para mantener el confort.
Una casa antigua exige medir antes de instalar
Una bomba de calor trabaja mejor cuando puede enviar agua templada durante periodos largos. Si los radiadores solo calientan la casa con agua muy caliente, quizá haya que aumentar su tamaño, instalar modelos de baja temperatura o mejorar primero el aislamiento. La aerotermia puede funcionar sin suelo radiante, pero necesita emisores adecuados.
El cálculo de cargas térmicas debe hacerse habitación por habitación. También hay que comprobar el aislamiento, las ventanas, la instalación eléctrica, el espacio exterior y el ruido permitido. Elegir la potencia usando únicamente los metros cuadrados puede llevar a un equipo pequeño o a otro sobredimensionado que funcione con demasiados arranques.
La sustitución de una caldera de gasóleo por aerotermia también cambia la manera de usar la calefacción. La bomba suele rendir mejor manteniendo una temperatura estable que encendiéndose a máxima potencia unas pocas horas. Los números de John salieron bien porque el conjunto se diseñó para su casa. Copiar solo la máquina no garantiza repetirlos.
Vía | Heat Geek
Imágenes | YouTube, Dall-E con edición
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