La crisis de la vivienda genera noticias cada día. Ayer, por ejemplo, algunos informativos abrieron con la caída en la compraventa de viviendas, en parte por unos precios cada vez más altos. En este contexto, una posible solución son las cooperativas de vivienda en cesión de uso.
Quizás no hayas oído hablar de esta figura, pero ya hay comunidades que apuestan por esta opción para acceder a una vivienda a un precio razonable, sin tener que renunciar a metros cuadrados ni a prestaciones que, más que lujos o comodidades extra, son elementos básicos.
Tu tienes el uso, no la propiedad
Una forma rápida de definirlas sería decir que son algo intermedio entre comprar una casa y vivir de alquiler, pero con una idea clave: la vivienda no es tuya en propiedad individual, sino que pertenece a la cooperativa.
La persona que entra en la cooperativa no compra un piso como tal. Lo que adquiere es el derecho a usar una vivienda de forma estable y prolongada, normalmente durante muchos años o incluso de manera indefinida, a cambio de una aportación inicial y una cuota mensual.
La cooperativa asigna las viviendas y concede su uso a las personas socias. Para acceder, estas deben realizar una aportación inicial, que se devuelve si abandonan el proyecto, y abonar después una cuota mensual similar a un alquiler.
Puedes dejar de tener derecho al uso. En una cooperativa de este tipo, el socio mantiene el derecho a ocupar la vivienda mientras siga formando parte de la cooperativa y cumpla con las obligaciones establecidas, pero este derecho no es eterno. Puede acabarse por fallecimiento, por una baja de la cooperativa o según lo que prevean los estatutos (impago de las cuotas, incumplimientos graves de las normas internas...).
Estas mensualidades no se fijan en función de los precios del mercado inmobiliario, sino que responden a los gastos reales del proyecto: compra o construcción del inmueble, mantenimiento, gestión y funcionamiento de la cooperativa.
De hecho, existente cada vez más iniciativas de este tipo que buscan favorecer el acceso a la vivienda a personas con rentas bajas que pueden tener dificultades para encontrar piso/casa.
Hay que confundir esta figura con las cooperativas tradicionales de viviendas. Mientras que en estas, la cooperativa construye o promueve las viviendas y luego cada socio acaba siendo propietario de la suya, en la figura que tratamos la propiedad sigue siendo siempre de la cooperativa y los socios solo tienen derecho de uso.
Este tipo de vivienda lo que busca es evitar la especulación y el lucro individual. Para lograrlo, la sociedad cooperativa, que es a su vez la promotora de las viviendas, no se disuelve tras la construcción: sigue siendo la dueña de las viviendas y lo sigue siendo de forma indefinida con el objetivo de crear un parque de viviendas asequibles.
Foto de portada | Parth Savani en Unsplash
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