Lo empecé cuando el robot sabía dónde estaba el salón, pero de repente entraba y parecía otro sitio. Se pegaba a una pared sin venir a cuento, frenaba delante de una silla como si hubiese un obstáculo invisible y, lo mejor, daba media vuelta en una alfombra y se iba a limpiar otra habitación como si estuviera ofendido. Mi primera sospecha fue la de siempre: mapa roto, sensores sucios, una actualización que lo había dejado torpe…
El detalle que no estaba mirando era mucho más doméstico. El robot aspirador limpiaba casi siempre por la tarde-noche. Y mi casa, a esa hora, cambia de luz como cambia de humor: lámparas cálidas, sombras marcadas, alguna estancia en penumbra y, en invierno, poca luz natural. Ese era el ingrediente que faltaba.
Por qué la luz puede descolocar a un robot más de lo que imaginas
Muchos robots se orientan combinando sensores, pero los que llevan cámara o sensores ópticos para navegación y evitación de obstáculos dependen bastante de lo que “ven”. Y ver no es solo detectar un objeto. También es reconocer referencias, contrastes y bordes para colocarse en el mapa con precisión.
Cuando hay poca luz, la cámara pierde detalle. Suben el ruido y las sombras se vuelven engañosas. Un cable oscuro sobre suelo oscuro deja de ser obvio. Una pata de mesa proyecta una sombra rara y el robot lo puede interpretar como un borde. Y si encima hay reflejos, como un cristal o un suelo pulido, la escena se vuelve todavía más confusa.
El resultado suele ser muy parecido a lo que me pasaba: movimientos más lentos, rutas menos limpias, más recalculado y la sensación de que el robot “duda”.
Qué está activo de verdad cuando parece que el robot se ha vuelto torpe
Hay dos comportamientos muy comunes cuando la iluminación no acompaña. El primero es el modo prudente. El robot reduce velocidad, aumenta comprobaciones y gira más a menudo porque no tiene tanta seguridad en lo que detecta. El segundo es el modo evitación. Si el sistema de cámara no clasifica bien un objeto o cree que hay riesgo, prefiere rodearlo o directamente evitar esa zona.
Y eso explica escenas que parecen absurdas. Por ejemplo, limpiar perfecto una habitación por la mañana y fallar en el mismo punto por la noche. No es que el robot haya olvidado el mapa, es que está interpretando el entorno con menos información útil.
En algunos modelos con LiDAR, la navegación aguanta mejor en oscuridad porque el láser mide distancia sin depender de la luz ambiente. Aun así, muchos de esos robots también usan cámara para reconocer objetos en el suelo, y ahí la iluminación vuelve a importar.
Lo que cambié en casa para que dejara de hacer cosas raras
En mi caso, el arreglo ha sido menos tecnológico de lo que esperaba. Programo la limpieza en horas con luz natural cuando puedo. Si tiene que limpiar de noche, dejo encendida una luz general, no una lámpara con sombras duras. Con eso ya noto que traza rutas más rectas y que se mete con más seguridad debajo de mesas y sillas.
También ayuda evitar situaciones que confunden la visión: reflejos directos, suelos muy brillantes con luz puntual y zonas con contraste extremo. Si tu casa tiene un pasillo oscuro o una esquina donde siempre hay penumbra, una luz tenue constante puede ser suficiente para que el robot navegue mejor sin convertir el salón en un estadio.
Y si hay una zona que sigue dando guerra, es mejor marcarla como área restringida en el mapa antes que esperar que el robot “aprenda” solo. No es cabezonería, es que su percepción en esa zona está limitada.
A mí me bastó con aceptar que la casa no es el mismo lugar por la mañana que por la noche, al menos para una cámara. Desde entonces, el robot dejó de “volverme loco” y volvió a hacer lo suyo: limpiar sin llamar la atención.
Imágenes | Samsung
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