Hay una razón por la que el WiFi de tu casa funciona peor justo los días de más calor, y no tiene nada que ver con tu tarifa

No tiene nada que ver con tu tarifa ni con una avería puntual: el problema está dentro de la propia carcasa del router

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Manuel Naranjo

Editor

Quizás te haya pasado que una conexión WiFi que funciona bien en primavera comience a fallar justo cuando más calor hace en casa. Vídeos que se quedan cargando, videollamadas que se cortan, dispositivos que tardan en reconectar tras un pequeño corte. Es tentador culpar al operador, pero en muchos casos el verdadero responsable está mucho más cerca: el propio router, sufriendo un problema que tiene más de física que de avería.

Como cualquier aparato electrónico, un router genera calor mientras funciona, y en condiciones normales ese calor se disipa sin que nadie lo note. El problema llega cuando la temperatura de la habitación ya está alta de por sí: al equipo le cuesta mucho más deshacerse del calor que genera, y ese calor acumulado termina afectando a componentes sensibles como la tarjeta WiFi.

Por qué el calor frena tu router (y no es cosa de tu operador)

Los fabricantes suelen fijar un rango de temperatura de funcionamiento seguro que ronda los 35-40 grados. Por debajo de esa cifra, todo va como se espera.

Al superarla, el equipo no suele apagarse ni estropearse de forma permanente, pero sí empieza a reducir su rendimiento como mecanismo de protección: menos velocidad, más cortes intermitentes, reconexiones más lentas de lo habitual. Es básicamente el mismo principio por el que un portátil baja el rendimiento cuando se calienta demasiado, solo que en el router pasa más desapercibido porque nadie mira su temperatura con la misma atención.

El problema se agrava si el router convive con otros aparatos que también generan calor: televisores, consolas, decodificadores o simplemente un mueble cerrado sin ventilación. 

Ahí no solo sube la temperatura ambiente de la habitación, sino que se crea una pequeña burbuja de calor alrededor del equipo que le impide disipar lo que genera por sí mismo. Es fácil pensar que el problema está en la velocidad contratada o en una avería de la operadora, cuando en realidad el router lleva toda la tarde intentando enfriarse sin conseguirlo.

Router

Cómo vigilar la temperatura sin complicarse la vida

Aquí es donde el hogar conectado puede echar una mano de forma bastante sencilla. Un termómetro compatible con SmartThings colocado cerca del router, o simplemente en la zona donde se concentran los equipos conectados de casa, permite recibir un aviso en el móvil en cuanto la temperatura ambiente sube por encima de un límite razonable. No hace falta un sistema complejo: basta con un sensor de temperatura y humedad enlazado a la app, configurado para avisar cuando se superen, por ejemplo, los 30 grados en esa habitación.

A partir de ahí, las soluciones son bastante más sencillas que cambiar de operador: colocar el router en vertical y en un lugar ventilado, con al menos 15-20 centímetros libres a su alrededor, alejarlo de otros dispositivos que generen calor y evitar que le dé el sol directo por una ventana cercana.

Ninguna de estas medidas hace que gastes dinero ni te obliga a instalar nada complicado, pero sí exige darse cuenta de que el problema existe, algo que un simple sensor conectado resuelve mucho antes que una llamada de una hora al servicio técnico de la operadora.

Imágenes | Xataka con edición

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