Sacas los vasos del lavavajillas y ya sabes lo que te vas a encontrar antes de mirarlos a la luz: ese velo blanquecino que no se va por mucho que cambies de pastilla o actives el modo cristal.
Has revisado el filtro, has probado con abrillantador extra, incluso has cambiado de marca de detergente pensando que el problema estaba ahí. En mi caso he tardado más de lo que me gustaría en darme cuenta de que no era ni una cosa ni la otra.
La explicación casi nunca está en lo que echas al lavavajillas, sino en un ajuste que poca gente (entre los que me incluyo) toca al instalarlo: el nivel de dureza del agua.
En los lavavajillas Samsung, ese ajuste se representa con una escala que va de H1 a H6, y de fábrica trae un valor genérico (H3 o H4, según el modelo) que rara vez encaja con el agua de tu zona.
Qué es exactamente ese número de dureza
El agua nunca es solo agua: arrastra cantidades variables de calcio y magnesio disueltos, y cuanta más cantidad lleva, más "dura" se considera.
No tiene nada que ver con que sea potable o con su sabor; es una cuestión mineral que depende del terreno por el que ha pasado antes de llegar a tu grifo.
Por eso el agua de una ciudad puede ser mucho más dura que la de otra a pocos kilómetros, sobre todo si una procede de un acuífero calcáreo y la otra de un embalse en zona granítica. Cuanta más cal arrastra el agua, más residuo deja al secarse sobre el cristal, y más trabajo le toca hacer al descalcificador del lavavajillas para neutralizarla antes de cada lavado.
Cómo averiguar la dureza de tu zona sin complicarte
No hace falta ningún cálculo raro. La vía más rápida suele ser la factura del agua: muchas compañías suministradoras incluyen el dato de dureza en algún apartado, a veces en la propia factura y otras en su web.
También existe el Sistema de Información Nacional de Aguas de Consumo, de acceso público, donde se puede consultar el dato por municipio.
Y si prefieres comprobarlo tú mismo, en ferreterías y supermercados venden tiras reactivas muy baratas: se mojan un segundo bajo el grifo y, según el color que adquieren, indican el nivel de dureza en la escala habitual.
Es el mismo tipo de prueba que conviene hacer antes de decidir si merece la pena usar sal específica además del abrillantador, porque la respuesta depende directamente de ese dato.
De ese dato al ajuste H1-H6 del lavavajillas Samsung
Una vez que tienes el número, trasladarlo al lavavajillas es cuestión de un minuto.
En la mayoría de los modelos Samsung, se accede manteniendo pulsado el botón de Programa o Prelavado durante unos cinco segundos, hasta que la pantalla entra en el modo de ajuste. Ahí se muestra el nivel actual (de fábrica, H3 o H4) y basta con volver a pulsar el mismo botón para ir subiendo la escala hasta encontrar el nivel que corresponde a tu zona.
Cuanto más bajo el número, menos sal necesita el aparato en cada ciclo (en H1 prácticamente no gasta nada), y cuanto más alto, más cal hay que neutralizar y más sal consume.
Esto es habitual en localidades del Mediterráneo o del interior peninsular, mientras que en buena parte de Galicia o el norte el agua es mucho más blanda y con H1 o H2 suele bastar.
Dejarlo en el valor de fábrica cuando el agua real es mucho más dura es, casi siempre, lo que hay detrás de esos vasos con marcas: el aparato añade menos sal de la que necesitaría, y la cal sobrante termina posándose sobre el cristal.
Es un ajuste que se hace una sola vez y que no vuelve a pedir atención, salvo que cambies de vivienda o de suministrador de agua. Y a diferencia de probar pastillas distintas o cambiar de programa, este sí suele notarse desde el primer lavado.
Imágenes | Samsung con edición
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