Abrir la puerta del frigorífico es uno de los gestos más repetidos en verano. Al final, lo pagamos en la factura de la luz

Cada vez que lo haces, la temperatura interior puede subir varios grados en segundos, y el compresor tarda minutos en recuperarlos

Mujer Abriendo Frigorifico
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Manuel Naranjo

Editor

Hace calor, tienes sed, y sin pensarlo demasiado abres la puerta de la nevera para ver qué hay frío. La cierras, vuelves diez minutos después a por otra cosa, la abres otra vez. Es un gesto tan automático que ni siquiera lo notamos como hábito, y sin embargo en estos meses se repite muchas más veces al día que en cualquier otra época del año.

El frigorífico ya es, de largo, uno de los electrodomésticos que más electricidad consume de forma continua en la cocina durante todo el año, y ese gesto tan simple de abrir y cerrar tiene bastante que ver con por qué en verano su consumo se dispara todavía más.

La explicación no tiene ningún misterio, aunque pocas veces nos paramos a pensar en ella. El frigorífico mantiene un aire frío en su interior que, en cuanto se abre la puerta, empieza a escaparse hacia la cocina, mientras que el aire caliente de fuera entra a ocupar ese espacio.

El compresor detecta la subida de temperatura y se pone en marcha para volver a bajarla, y cuanto mayor es la diferencia entre el frío de dentro y el calor de fuera, más le cuesta ese trabajo.

Por qué en verano cuenta el doble

Aquí es donde el calendario se convierte en el problema. En invierno, la cocina puede estar a 18 o 20 grados, así que la diferencia con el interior del frigorífico no es tan brutal. 

En verano, con la cocina rondando los 28 o 30 grados, esa diferencia se amplía bastante, y cada apertura deja entrar un aire mucho más caliente del que el compresor tiene que expulsar de nuevo.

Mujer Abriendo Un Frigorifico

A eso se suma que en verano abrimos la nevera más veces: bebidas frías, hielo, comida que antes se dejaba fuera y ahora hay que refrigerar. El gesto no cambia, pero se repite con más frecuencia y cada repetición cuesta más energía que en cualquier otra estación.

Cuánto puede notarse en la factura

Según recomienda el propio Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía, las aperturas de puerta prolongadas hacen que el frigorífico desperdicie hasta un 7 % de la energía que consume, un efecto que se agrava en los meses de calor porque el compresor necesita un sobreesfuerzo mayor para recuperar el frío perdido.

Y ese frigorífico que nunca se apaga ya representa, de por sí, hasta el 18 % del consumo eléctrico total de una vivienda a lo largo del año, así que ese porcentaje extra que se dispara en verano termina siendo perfectamente visible en la factura de la luz, aunque el aparato en sí no haya cambiado ni un solo ajuste.

Un hábito fácil de corregir sin cambiar de nevera

Lo bueno es que no hace falta ningún electrodoméstico nuevo para reducir el impacto de este gesto. Pensar antes de abrir qué es exactamente lo que se va a coger, en lugar de abrir la puerta y decidir con ella ya abierta, es probablemente el cambio más sencillo de todos.

Agrupar lo que se necesita en una sola apertura, en vez de ir y volver varias veces seguidas, también ayuda bastante. Y si en casa hay niños que abren la nevera por costumbre más que por necesidad, merece la pena explicarles por qué conviene evitarlo, sobre todo en los meses en los que ese gesto sale más caro que el resto del año. 

Repasar cómo se reparte el gasto eléctrico de un frigorífico a lo largo del día ayuda, además, a entender por qué un aparato que nunca se apaga responde de forma tan directa a algo tan cotidiano como abrir y cerrar una puerta.

Al final, ni el tamaño del frigorífico ni su etiqueta energética explican por completo lo que aparece en la factura cada verano. Buena parte de esa cifra depende de algo que hacemos varias veces al día sin darle importancia, y que en los meses de más calor pesa bastante más de lo que parece.

Imágenes | Dall-E con edición

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