Cuando llega el momento de hacer las maletas, en casa siempre nos enfrentamos al mismo dilema: si deberíamos apagar o no el router. Lo cierto es que la teoría y algunos indicios apuntan a que sería la mejor decisión. El problema es que nunca lo hacemos.
Cuando abandonamos la casa durante el verano, no nos gusta dejar el router encendido. Sin embargo, debido a la gran cantidad de aparatos conectados, apagarlo es casi como apagar la casa. Por eso quiero repasar los motivos que me hacen pensar en desconectarlo y por qué, al final, no lo hago.
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Apagar el router cuando no estamos en casa tiene, en teoría, tres grandes beneficios, pero también, al menos en nuestro caso, una gran pega. Y el problema es que a esa pega le damos mucha más importancia.
Más seguridad para el WiFi
Dejar una red inalámbrica emitiendo señal durante semanas en una casa vacía es una tentación enorme. Muchas personas cometen el error de mantener el nombre de red —SSID— y la contraseña que vienen de fábrica. Para un intruso o un vecino con ganas de Internet gratis, esto es una señal clara de que los dueños no han reforzado la seguridad y de que podría ser más fácil acceder.
Como precaución, siempre cambiamos las claves de acceso al router y al WiFi, y desactivamos opciones como el WPS. Sin embargo, pese a estas medidas, la única que de verdad garantiza por completo que nadie podrá engancharse a nuestro router es apagarlo.
Ahorro en la factura eléctrica
El segundo gran motivo es el ahorro. Nuestra rutina prevacacional incluye acabar con el “consumo fantasma” o standby en muchos dispositivos de casa: desenchufamos ordenadores, consolas, televisores y altavoces, y dejamos activos solo electrodomésticos esenciales como la nevera o aquellos enchufes a los que resulta casi imposible acceder.
Es verdad que un router no es el aparato que más gasta de la casa —suelen consumir entre 10 y 20 vatios por hora, lo que se traduce en apenas un par de euros a la semana—. Sin embargo, todo suma.
Un descanso para el router
Por último, también es una cuestión de mantenimiento. Aunque los equipos de red están diseñados para trabajar sin descanso, estar operativos las 24 horas del día acaba desgastando sus componentes internos y puede acortar su vida útil.
A esto hay que sumarle el factor climático. En verano, dejar un aparato electrónico funcionando constantemente en una casa cerrada, acumulando calor y sin corriente de aire, aumenta el riesgo de sobrecalentamiento. Apagarlo durante esas semanas es, literalmente, darle unas merecidas vacaciones al propio router.
Y sin embargo no lo hacemos
Imagen | Iván Linares
El motivo por el que al final decidimos no apagar el router es que en casa dejamos alguna cámara conectada, además de la mirilla digital de la puerta. Apagar el router supondría inutilizar todos estos sistemas de protección del hogar.
Por lo tanto, pese al consumo energético —que, por otra parte, es mínimo— y teniendo en cuenta que el riesgo de dejar la red siempre conectada es asumible, los beneficios que obtenemos son mayores.
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