
Una habitación orientada al oeste puede alcanzar 40-42 °C en una fachada sin protección si no hay sombra
Cuando llega el momento de combatir el calor y las altas temperaturas del verano, lo habitual es tirar de aire acondicionado. Sin embargo, aunque parezca mentira, hay vida más allá de este aparato. El arquitecto Juan Pacheco desvela cómo se puede aprovechar la propia estructura de la casa para evitar que se dispare la factura de la luz.
Con unas temperaturas que van subiendo poco a poco y a la espera de un verano que se prevé bastante duro, el aire acondicionado es un gran aliado, pero no tenemos por qué depender únicamente de él para evitar pasar calor en casa. La estructura de nuestra vivienda, combinada con métodos tradicionales bien aplicados, puede convertirse en el mejor recurso para lograr un ambiente confortable sin que se dispare el consumo eléctrico.
Este arquitecto, integrante de Pacheco y Asociados Arquitectos tiene una cuenta en Instagram, @pacheco_arquitectos en la que detalla sus proyectos. Tal y como cuenta en las declaraciones que recogen los compañeros de Arquitectura y diseño, están acostumbrados a trabajar “con clientes de presupuesto ajustado y sí, se puede lograr fresco real sin aire acondicionado si entendemos cómo nos invade el calor: por radiación, conducción y convección”.
Porque se puede aprovechar el diseño y la estructura de la vivienda para refrescar la casa lo máximo posible sin tener que usar el aire acondicionado o, al menos, sin abusar de él. En este sentido, un elemento básico que se puede aprovechar son los techos altos. Aquí la física no miente: el aire caliente tiende a subir y, por lo tanto, en una estancia con techos elevados, la zona inferior, donde hacemos nuestra vida diaria, se mantiene notablemente más fresca.
Además, recomienda apostar por espacios diáfanos y abiertos, eliminando barreras y favoreciendo así que el aire circule libremente. De esta forma se crea la situación perfecta para lograr una buena ventilación cruzada.
Otro aspecto que conviene tener en cuenta son los muros gruesos. Quizás los hayas visto en casas antiguas —algo muy habitual en los pueblos— y su uso tiene una gran ventaja, también apoyada en la física: la inercia térmica: “Muros de cerramiento con ladrillo macizo o bloques de hormigón tardan en calentarse y también en enfriarse. Eso es inercia térmica”. Una pared gruesa de piedra o ladrillo macizo actúa como un escudo: absorbe el calor muy lentamente durante el día y retrasa su entrada al interior de la casa, liberándolo cuando las temperaturas ya han bajado.
Para mejorar la climatización natural de la vivienda, un aspecto esencial, según este experto, es crear corrientes de aire y entender cómo se mueve el calor. Una fórmula que funciona muy bien para rebajar la temperatura ambiental es aprovechar el llamado efecto chimenea: consiste en abrir una ventana baja en la fachada norte —la zona más fresca— y otra alta en la fachada sur. De este modo, el aire caliente escapa por arriba, “succionando” el aire fresco que entra por abajo.
Además, hay que tener en cuenta algo de lo que ya hemos hablado a la hora de ventilar: durante la noche y la madrugada conviene abrir la casa de par en par para enfriar las paredes, mientras que durante el día es recomendable cerrar bien las ventanas y bajar las persianas para bloquear la entrada de calor.
“La fachada norte es la más fresca en verano, pero también la más fría y oscura en invierno. La fachada sur, bien protegida con toldos o aleros, ofrece el mejor equilibrio anual. La fachada oeste es la más problemática: su sol bajo y vespertino esquiva la mayoría de protecciones horizontales. Allí necesitarás pantallas verticales (lamas, vegetación o estanterías separadas)”.
Otro aspecto básico para gestionar mejor el calor en casa es tener en cuenta la orientación. Hay viviendas con estancias orientadas en distintas direcciones y no todas reciben el mismo impacto del sol. Por eso, distribuir los espacios de forma inteligente puede marcar una gran diferencia. Si tienes la oportunidad de elegir o modificar el uso de las habitaciones, esta es la distribución más eficiente:
- Sur: es la ideal para zonas de día, como el salón, siempre y cuando cuente con toldos o aleros.
- Norte: la zona más térmicamente estable, perfecta para los dormitorios.
- Este: una gran opción para cocinas o comedores, ya que reciben un sol muy suave por la mañana.
- Oeste: es la orientación más castigada en las tardes de verano. Lo mejor es ubicar aquí cuartos de baño, pasillos o trasteros.
Toldos, pérgolas, aleros...
Para combatir las altas temperaturas y no tener que abusar del aire acondicionado, se pueden aprovechar elementos estáticos que impiden que el sol impacta directamente en nuestro hogar.
“Si se puede, inserta un alero permanente o en forma de toldo, pérgola, etc., bien dimensionado, no sería un capricho estético. Su geometría responde al ángulo de incidencia solar, que varía con la latitud y la estación”.
Instalar un alero, una pérgola o un buen toldo no es solo una cuestión estética. Estos elementos están diseñados para bloquear el sol de verano, que incide de forma mucho más vertical. En cambio, durante el invierno, cuando el sol está más bajo en el horizonte, permiten que los rayos entren y ayuden a calentar la estancia. Un alero bien diseñado puede llegar a rebajar notablemente la temperatura interior, simplemente al bloquear la radiación solar directa.
Qué hacer si tu casa ya está construida
Si no puedes hacer grandes reformas ni cambiar la orientación de tu vivienda, existen varias estrategias prácticas y económicas para combatir el calor. Una de ellas consiste en crear las llamadas “zonas tapón”, ideales para reducir el calor acumulado.
Si una habitación está orientada hacia el lugar dónde se pone el sol, puede convertirse en un auténtico horno durante las tardes de verano. Para evitarlo, lo más recomendable es reservarla para la noche y, durante las horas centrales del día, hacer vida en las habitaciones orientadas al norte o al este.
El salón orientado al oeste puede alcanzar 40-42 °C en una fachada sin protección si no hay sombra. Pero el calor no traspasa instantáneamente el muro: el desfase térmico de un ladrillo macizo de 30 cm es de 6-8 horas. Eso significa que el pico de calor interior ocurre al anochecer, justo cuando ya no necesitas estar ahí
Otra forma de frenar la entrada de calor en la vivienda consiste en crear barreras interiores. Un buen método puede ser colocar estanterías altas de madera maciza junto a los muros más expuestos. La madera es un material con buenas propiedades aislantes y puede actuar como una barrera física, ayudando a reducir la transferencia de calor sin necesidad de hacer obras.
“Si el muro oeste se calienta por radiación, puedes frenar el calor sin obras. Coloca estanterías altas de madera maciza pegadas a la pared. La estantería interrumpe la transmisión por convección y radiación secundaria. Además, la madera tiene baja conductividad térmica (≈0,13 W/m·K) frente al ladrillo (≈0,8 W/m·K)”.
También puedes aprovechar algunos muebles como “pilas de frío”. Si no tienes paredes de piedra, los suelos de baldosa o incluso los muebles pesados y macizos pueden cumplir una función similar: almacenan parte del frescor generado durante la ventilación nocturna y ayudan a mantener la temperatura más estable durante el día. Junto a todos estos pequeños trucos, también puedes tener en cuenta
Así por ejemplo puedes optar por colores claros y materiales frescos y aislantes en elementos como cortinas, alfombras o tapices ayuda a mantener los espacios más frescos y confortables.
También pintar cubiertas o azoteas con pintura blanca reflectante para reducir el calentamiento del techo. También sellar puertas y ventanas con burletes para evitar entradas de aire caliente y pérdidas de frescor.
Es fundamental reducir el uso de aparatos que generen calor, especialmente durante las horas más calurosas del día. Evita utilizar el horno, la vitrocerámica o la plancha en esos momentos, ya que elevan innecesariamente la temperatura interior.
Utiliza toldos, cortinas o estores o instala láminas solares en los cristales, que reducen la entrada de calor sin sacrificar la luminosidad natural.
Si te gustan las plantas, puedes aprovechar su potencial decorativo y funcional. Puedes usar jardines verticales y plantas en fachadas que actúan como una barrera natural que proporciona sombra y reduce la cantidad de calor que entra en la vivienda.
Si cuentas con ventiladores, ya sean de techo o de pie, puedes utilizarlos como apoyo para mejorar la distribución del aire frío generado por el aire acondicionado. Esto permite refrescar el ambiente de forma más uniforme sin necesidad de reducir en exceso la temperatura del equipo.
Vía | Arquitectura y diseño
En Xataka SmartHome | Encender el aire acondicionado justo cuando tienes más calor no es la mejor idea. Estos son los principales motivos
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