Cuando llega el calor, la lista de remedios contra los mosquitos se hace interminable: velas de citronela, pastillas eléctricas, plantas repelentes, mosquiteras. Y sin embargo, muchas casas ya tienen colgado del techo o apoyado en una esquina el aparato que mejor funciona contra ellos, sin que nadie caiga en la cuenta de que sirve para eso.
Se trata del ventilador de toda la vida, el mismo que se enciende para refrescar el dormitorio en las noches de verano. Su eficacia no depende de ningún aditivo ni de encender nada extra: basta con la corriente de aire que ya genera por sí solo, siempre que se coloque en el sitio correcto.
Colocarlo mal, de hecho, es la razón por la que a mucha gente le sigue picando el mosquito tigre pese a tener el ventilador encendido toda la noche.
Por qué el aire desorienta al mosquito
Los mosquitos localizan a las personas sobre todo por el dióxido de carbono que exhalamos al respirar y por ciertas sustancias que desprende la piel, como el ácido láctico. Cuando el ventilador está en marcha, esa corriente de aire dispersa el rastro de CO₂ antes de que el insecto pueda seguirlo, así que en la práctica pierde la pista de hacia dónde dirigirse.
Pero hay un segundo motivo, todavía más determinante: el mosquito necesita que el aire a su alrededor esté prácticamente en calma para poder posarse.
Con una velocidad de viento de apenas 1,5 metros por segundo (unos 5,4 km/h), ya le resulta imposible mantener un vuelo estable lo bastante controlado como para aterrizar sobre la piel. Esto afecta especialmente a especies pequeñas como el mosquito tigre, mucho más sensible a la corriente de aire que otros insectos de mayor tamaño.
Cómo colocarlo para que funcione de verdad
Si en casa hay ventilador de techo, es la opción más recomendable: su potencia suele bastar para cubrir toda la habitación de forma uniforme, y al no apuntar directamente a ninguna zona concreta del cuerpo, resulta también más seguro para dormir sin despertarse con la garganta reseca. Conviene además dejar despejado el espacio bajo las aspas, sin muebles ni objetos grandes que corten el flujo de aire y reduzcan su alcance.
Si en cambio solo se dispone de un ventilador de pie o de sobremesa, lo ideal es mantenerlo alejado de la cara y activar el modo oscilante, de forma que el aire circule por toda la estancia sin incidir de manera constante y directa sobre una sola zona del cuerpo.
Apuntarlo fijo y a máxima potencia durante toda la noche puede acabar provocando resfriados, dolor de garganta o molestias musculares, así que conviene buscar un punto intermedio entre eficacia y comodidad.
Un remedio sin química que ya está demostrado
Un análisis de Consumer Reports situó la reducción de picaduras gracias a este método entre el 45 % y el 60 %, una cifra nada desdeñable teniendo en cuenta que no implica gasto en repelentes ni exposición a insecticidas dentro de casa.
El coste tampoco supone un problema: la mayoría de los ventiladores domésticos consume entre 40 y 100 vatios, así que mantenerlo encendido toda la noche apenas se nota en la factura de la luz.
No sustituye a otras medidas como vaciar el agua estancada de macetas o cubos, donde el mosquito tigre pone sus huevos, pero como solución de interior, sin olor y compatible con cualquier otro método, es de las más sencillas de aplicar esta misma noche sin comprar nada nuevo.
Imágenes | Dall-E con edición, Xataka
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