Cuando la puerta del garaje empieza a chirriar, a moverse a trompicones o a costar más de la cuenta al abrirse, lo primero que suele hacer casi cualquiera es coger el bote de spray multiusos que hay en la estantería. Parece la solución lógica: es un lubricante, está a mano y funciona para casi todo en casa. El problema es que ese "casi todo" no incluye, en realidad, las piezas móviles de una puerta de garaje.
Ese tipo de spray es más un disolvente que un lubricante propiamente dicho. Limpia y desplaza la humedad, pero no deja una película duradera que proteja el metal.
El resultado, con el uso, es el contrario al que se busca: al no quedar una capa protectora estable, la suciedad se pega con más facilidad, el lubricante original desaparece antes y las piezas acaban desgastándose más rápido, lo que se traduce en más ruido y más fricción con el paso de las semanas.
Qué lubricante usar en cada pieza
Para las bisagras, los raíles y los rodillos, lo más adecuado son los lubricantes de base silicona pensados específicamente para puertas y mecanismos de garaje. Este tipo de producto llega bien a huecos pequeños y zonas de difícil acceso, protege el metal frente al óxido y la corrosión, y no atrae tanta suciedad como un spray genérico.
En las cadenas o correas de tracción del motor, conviene un lubricante con agentes de alta presión que se adhiera bien al metal y aguante más tiempo sin necesidad de repetir la aplicación cada pocas semanas.
Antes de aplicar cualquier producto, merece la pena limpiar con un paño la grasa vieja y los restos acumulados, sobre todo en las juntas y las bisagras. De esa forma el lubricante nuevo se agarra mejor y dura más.
En este punto conviene recordar algo que también aplica a otras puertas de casa: el pequeño agujero que suelen tener las bisagras no está ahí de adorno, sino para facilitar precisamente esta tarea de engrase sin tener que desmontar nada.
Los raíles, mejor sin grasa
Hay una excepción importante dentro de todo este proceso: los raíles por los que se desliza la puerta no deben engrasarse. Puede parecer contraintuitivo, porque son la parte que más roza, pero aplicar lubricante ahí solo consigue que se acumule polvo y suciedad, lo que termina dificultando el movimiento en lugar de facilitarlo. Los raíles se mantienen simplemente limpiándolos con un paño húmedo cuando acumulan polvo.
Tampoco es buena idea excederse con la cantidad de producto en el resto de piezas. Aplicar demasiado lubricante no hace que la puerta se mueva mejor; solo consigue que se pegue más mugre a las piezas móviles, que con el tiempo se van obstruyendo hasta afectar de nuevo al movimiento de la puerta.
Como mantenimiento básico, dos o tres veces al año suele ser suficiente para que las piezas móviles no lleguen a resentirse. Pero si la puerta empieza a chirriar, a moverse con tirones o a costar más de lo habitual al abrirse, esa es la señal de que necesita atención antes de la próxima revisión programada.
Dejarlo pasar, esperando a que el ruido se vaya solo, suele salir más caro a medio plazo que dedicarle diez minutos con el producto adecuado.
Imágenes | Xataka con edición
En Xataka SmartHome | Quiero un cargador eléctrico para el coche en mi garaje: lo que nadie te cuenta antes de instalarlo
En Xataka SmartHome | Cerraron su plaza de garaje sin pedir permiso y acabaron denunciados por los vecinos: así aclara la LPH cuándo puede hacerse y cuándo no
Ver 0 comentarios