A la hora de reproducir contenido descargado de Internet, lo habitual es encontrarse con distintos tipos de archivo según la extensión que utilizan. MP4, M4V, VOB, MOV, AVI o MKV son algunos de los formatos más conocidos y, en general, pueden reproducirse sin demasiados problemas en muchos dispositivos actuales.
Sin embargo, cuando hablamos de vídeo moderno, especialmente del que circula por la red, los protagonistas son sobre todo MP4 y MKV, y en menor medida WebM, según el entorno. En cuanto a los códecs, los nombres que más pesan hoy son H.264, H.265/HEVC, VP9 o AV1 (y cuidado que AV2 ya aparece en el horizonte).
Y aquí conviene hacer una aclaración importante: MP4, MKV o AVI no son códecs, sino contenedores. Es decir, son como una “caja” en la que pueden ir dentro el vídeo, el audio, los subtítulos y otros datos. El códec, en cambio, es el sistema que comprime y descomprime ese vídeo o ese audio.
A simple vista, todos estos archivos pueden parecer similares, pero esconden diferencias importantes que conviene conocer para evitar problemas de compatibilidad o reproducción.
¿Y qué pasa con AVI? Pues en 2026 ya no puede presentarse como uno de los formatos principales del vídeo actual. Sigue existiendo y todavía aparece en archivos antiguos, cámaras veteranas o colecciones descargadas hace años, pero ha quedado bastante desplazado frente a contenedores más modernos como MP4 o MKV.
AVI fue desarrollado por Microsoft a principios de los años noventa, mientras que MKV llegó bastante más tarde, en 2002, con una filosofía más moderna y flexible.
Formato AVI
Las siglas AVI proceden de Audio Video Interleave. Se trata de un contenedor desarrollado originalmente por Microsoft para su uso dentro del entorno Windows. De hecho, empezó a utilizarse poco después del lanzamiento de Windows 3.1.
AVI nació a partir del formato de archivo RIFF y su rendimiento puede variar mucho según el tipo de compresión empleado. Cuanta más compresión se aplique, menor será el tamaño del archivo, pero también puede reducirse la calidad de imagen y sonido. En cualquier caso, no es AVI por sí solo lo que determina el tamaño o la calidad, sino el códec utilizado dentro del archivo.
Un archivo AVI está formado por varias partes, explicado de una forma llana. La primera es una cabecera, donde se incluye información sobre el tamaño del archivo, el número de fotogramas y el sistema de compresión utilizado. La segunda contiene los datos principales, es decir, la secuencia de vídeo y sonido. Por último, aparece una parte dedicada al índice, que permite localizar la información dentro del propio archivo.
Una de sus particularidades es que admite distintos tipos de compresión. Y ahí es donde pueden aparecer los problemas: dependiendo del códec utilizado, algunos dispositivos o reproductores modernos pueden tener dificultades para abrirlo correctamente. Entre las variantes más habituales encontramos:
- AVI sin pérdidas o con compresión antigua. Puede generar archivos muy pesados, pero suele ser sencillo de reproducir si el reproductor reconoce el formato empleado.
- AVI con DivX o Xvid. Fue muy popular durante años para comprimir vídeo usando tecnologías basadas en MPEG-4. En este caso, es necesario que el reproductor sea compatible con DivX o Xvid.
- AVI DV. DV, o vídeo digital, fue muy utilizado en cámaras y procesos de edición. Destaca por facilitar el trabajo con el archivo, aunque genera vídeos de gran tamaño frente a opciones más modernas.
En resumen, AVI es un formato veterano, muy extendido durante años, pero hoy queda más asociado a archivos antiguos que a contenido actual.
Formato MP4
El segundo de los formatos que entran en esta lista es MP4. De hecho, se trata del más popular por ser entre otras cosas, el que más compatibilidad ofrece con un mayor número de dispositivos: está presente, envidias para móviles, televisores, navegadores, cámaras, consolas, redes sociales... MP4 es la opción más universal cuando se busca que el vídeo se reproduzca sin complicaciones.
Lo normal es encontrar archivos MP4 con vídeo en H.264 o H.265/HEVC, especialmente en contenido 4K o grabaciones hechas con móviles modernos. En audio, lo más frecuente es AAC.
Su punto débil es que no suele ser tan flexible como MKV (del que ahora hablaremos) para manejar muchas pistas de audio, subtítulos complejos o formatos de sonido avanzados. Por eso, MP4 es el formato todoterreno: no siempre el más completo, pero sí el que menos problemas suele dar.
Formato MKV
MKV son las siglas de Matroska Video. En este caso hablamos de un contenedor multimedia mucho más moderno, pensado para almacenar diferentes tipos de contenido en un mismo archivo. Frente a AVI, MKV ofrece mucha más flexibilidad.
MKV es muy popular para archivos locales, copias de seguridad, ripeos y bibliotecas multimedia, aunque MP4 sigue siendo más universal en móviles, navegadores, redes sociales, cámaras y plataformas online.
Esa flexibilidad ha convertido a Matroska en uno de los contenedores más habituales para quienes manejan contenido de alta calidad. Además, a diferencia de AVI, ligado a Microsoft, Matroska es un formato abierto y libre.
En cuanto al vídeo, es habitual encontrar archivos MKV codificados en H.264 o H.265/HEVC. En 2026, H.265 ya no puede considerarse “el futuro”, sino una opción plenamente consolidada, especialmente en vídeos 4K y HDR. El formato que encaja mejor como apuesta de futuro es AV1, que se ha ido extendiendo en streaming por su eficiencia, junto a VP9 en el entorno web.
Para el audio, un archivo MKV puede incluir pistas en formatos como DTS, AC3, AAC, Dolby TrueHD u otros. Además, Matroska no se limita a la extensión MKV: también existen variantes como MKA para audio, MKS para subtítulos o MK3D para vídeo en 3D.
Una de sus grandes ventajas es que permite incluir varios flujos de datos dentro de un mismo archivo. Esto significa que un único vídeo puede contener varias pistas de audio, diferentes idiomas, subtítulos e incluso menús similares a los de un DVD, sin necesidad de archivos externos.
También puede reproducirse a través de Internet o redes locales, algo que lo hace muy útil en servidores multimedia, reproductores domésticos, NAS y aplicaciones como Kodi, Plex o Jellyfin.
Su estructura es parecida a la de otros contenedores como MP4 o AVI, pero permite almacenar una mayor variedad de información dentro del mismo archivo. Durante un tiempo, su principal problema fue la compatibilidad, ya que no todos los televisores, reproductores o programas eran capaces de abrir archivos MKV. Hoy ese obstáculo es mucho menor, aunque todavía puede aparecer en dispositivos antiguos o limitados.
El problema son la piezas que lo forman. De hecho, el problema actual no suele estar tanto en que el archivo sea MKV, sino en lo que lleva dentro. Un televisor puede aceptar MKV, pero no ser compatible con el códec de vídeo, con una pista de audio concreta o con determinados subtítulos. Por eso a veces un archivo se abre, pero no se oye; o se reproduce el vídeo, pero no aparecen los subtítulos.
Además, MKV es compatible con una mayor variedad de códecs de vídeo y audio. Por eso, en un mismo contenedor se pueden combinar más formatos y pistas que en AVI, lo que lo convierte en una opción más completa para contenidos actuales.
En resumen, AVI es un formato veterano y cada vez más residual, mientras que MKV es más moderno, flexible y preparado para archivos complejos y vídeos de mayor calidad.
Eso sí, si hablamos de compatibilidad universal, MP4 sigue teniendo ventaja. Por eso, para contenido actual, lo habitual es encontrarse con MP4 cuando se busca máxima compatibilidad y con MKV cuando se prioriza flexibilidad, varias pistas de audio, subtítulos y calidad de imagen.
Imagen portada | Paco Rodríguez
En Xataka Smart Home | AV1, el formato de vídeo de alta calidad llamado a reemplazar a VP9 y HEVC, ya es una realidad
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