El precio de la RAM afectará a más que PCs y smartphones. Samsung avisa de que las Smart TVs también van a subir

Una consultora del sector ya sitúa que la DRAM para televisores se ha duplicado frente al primer semestre del año anterior

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Manuel Naranjo

Editor

Cuando ya estás en el proceso de cambiar la tele del salón, puede ser que te preguntes por qué el modelo que tenías fichado “ya no baja de precio como antes”. Para los próximos meses, no va a tener que ver con el panel, ni con si el HDR es más espectacular, ni con la última función de IA, (de hecho, puede que la tele que quieres ya lleve unos meses en el mercado). En este caso, la tensión viene de algo mucho “más básico” y, precisamente por eso, más incómodo: la memoria RAM.

La memoria está en todas partes. En tu móvil, en tu tablet, en el router, en el electrodoméstico conectado… y también en una Smart TV. No la ves, pero es la que permite que el sistema arranque rápido, que las apps no vayan a trompicones y que el televisor gestione tareas cada vez más pesadas. Y cuando el precio de esa memoria sube deprisa, la onda llega a casa aunque no te interese el mercado de semiconductores.

En un escenario así, los fabricantes no hablan de subir precios por gusto. Hablan de márgenes que se estrechan, de costes que ya no se pueden absorber y de una decisión que acaba aterrizando donde siempre: en el ticket final.

Una tele también depende de la RAM, aunque no sea un PC o un móvil

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La tentación es pensar que una tele “solo muestra imagen” y que la memoria no debería importar demasiado. Pero una Smart TV actual hace bastante más: mantiene un sistema operativo, carga apps, gestiona streaming, procesa imagen en tiempo real y empieza a añadir funciones inteligentes que necesitan recursos. Todo eso requiere RAM y también almacenamiento.

Lo curioso es que, aunque los televisores no usan la memoria más potente del mercado, entran en el mismo ciclo de oferta y demanda. Si la industria se aprieta por la explosión de la IA y el consumo masivo de memoria en centros de datos, el efecto termina salpicando a productos de consumo. Y ahí no hay escapatoria: si el componente sube, el coste sube.

El aviso desde Las Vegas: trasladar el coste al consumidor ya no es opcional

Durante el CES 2026, Wonjin Lee, presidente y responsable de marketing global de Samsung, ha reconocido que el contexto actual del mercado es cada vez más complejo. “Va a haber problemas en el suministro de semiconductores y eso va a afectar a todo el mundo”, aseguró en una entrevista, subrayando que la tensión en la cadena de suministro ya es una realidad para toda la industria.

Según explica, la presión sobre los costes no es algo futuro, sino presente. “Los precios están subiendo incluso mientras hablamos. Evidentemente, no queremos trasladar esa carga a los consumidores, pero llegará un punto en el que tendremos que plantearnos una revisión de los precios de nuestros productos”, admite, dejando claro que Samsung intenta contener el impacto, aunque no descarta ajustes si la situación se prolonga.

Esto es lo importante para ti: cuando una marca lo dice en alto, ya no es un runrún de mercado. Es una señal de que el ajuste está cerca, porque nadie se mete en ese jardín si no siente que la presión es real.

Cuánto puede notarse y por qué las gamas medias lo van a sufrir más

Hay una referencia especialmente reveladora: una consultora del sector sitúa que los precios de la DRAM para televisores se han duplicado frente al primer semestre del año anterior.

Ahora bien, una tele no se encarece solo por la RAM. El panel sigue siendo el componente más caro. El problema es que los televisores, sobre todo en gamas baja y media, se venden con márgenes muy ajustados. Eso significa que una subida pequeña en costes puede obligar a retocar el PVP, porque no hay colchón para repercutirla.

En gamas altas suele haber más margen para amortiguar el golpe, así que el impacto se reparte de forma desigual: los modelos económicos y medios son los que más lo notan cuando cada euro cuenta.

También hay un matiz que conviene tener claro: los grandes fabricantes suelen trabajar con acuerdos de suministro a largo plazo, lo que frena una subida inmediata en los modelos ya fabricados o en los que están a punto de salir.

El cambio se nota cuando toca renegociar contratos y cuando aterrizan nuevas gamas, especialmente las que vienen con más funciones “inteligentes” y más carga de procesamiento. Si el coste base de los componentes se ha encarecido, la gama nueva nace ya con ese peso.

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